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Editoriales | PUBLICADO EL 08 marzo 2022

Duque no estaba loco

Las preocupaciones del presidente Duque con respecto a Rusia han resultado justificadas. Ojalá el próximo gobierno no actúe con ingenuidad en este punto.

Cada que el presidente Iván Duque ha llamado la atención sobre posibles movimientos de Rusia con respecto a Colombia le llueven toda clase de epítetos: algunos lo tildan de loco, unos más le dicen que deje de jugar a la gran potencia y otros, que mejor se ocupe de los asuntos del país.

Pero tal vez sea hora de revisar con otra mirada esa serie de declaraciones del presidente, teniendo en cuenta la brutal invasión a Ucrania ordenada por Vladímir Putin, que claramente muestra el verdadero rostro del gobierno ruso y de su presidente.

Es un secreto a voces que la preocupación del gobierno colombiano con respecto a Rusia viene creciendo desde hace más de un año. Recordemos que, en medio de las violentas protestas del paro nacional, hubo actividades anómalas en el ciberespacio que preocuparon al gobierno colombiano. Dichas actividades iban desde ataques cibernéticos a las fuerzas militares y a entidades del gobierno hasta campañas de desprestigio en las redes sociales dirigidas contra la Policía, las Fuerzas Armadas y el gobierno de Duque. En ese entonces correspondió al ministro de Defensa Diego Molano expresar las preocupaciones del gobierno, y estas apuntaban a Rusia.

Por supuesto, los críticos del gobierno salieron a decir que era paranoia y fantasía, pese a que, para ese momento, el gobierno ruso tenía ya antecedentes de intervención en la política interna de otros países, precisamente mediante estos mecanismos. No pueden olvidarse el hackeo de los correos del Partido Demócrata estadounidense en la campaña de 2016 y la manipulación de redes sociales en esa misma campaña. Y en 2018 quedó plenamente probado que detrás de páginas de Facebook como Black Elevation, que parecían ser organizaciones dedicadas a combatir el racismo, lo que de verdad había era una campaña orquestada para sembrar división entre los estadounidenses antes de elecciones, según dijo el mismo Facebook, que tumbó treinta y dos páginas, como esta, que pagaban pauta para ganar mayor alcance de usuarios, convocaban a eventos reales y hacían virales videos en las redes sociales.

Esta técnica de la manipulación vía redes sociales, por cierto, parece ser la favorita del gobierno Putin. Y la complementan con información difundida a través de lo que aparenta ser servicios periodísticos, pero que, en realidad, son canales de manipulación y propaganda. Tanto así que Twitter ha empezado a ponerles una etiqueta que indica su afiliación con el gobierno ruso.

Volviendo a Colombia y a las alertas de Duque, no era este el primer motivo de alarma: unos meses antes, en diciembre de 2020, el gobierno colombiano tomó la decisión de expulsar del país a dos diplomáticos rusos, a quienes se señaló de estar involucrados en actividades de espionaje. Dijeron los críticos del gobierno que esto era una arbitrariedad y un abuso, pese a que se trata de un procedimiento claramente contemplado en las normas que rigen las relaciones diplomáticas internacionales. De hecho, la arbitrariedad y el abuso es de quienes se aprovechan de su condición diplomática para espiar, violando, como decía el comunicado de Colombia, lo previsto en la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas.

Meses después, empezó a crecer en el gobierno colombiano la preocupación por el aumento de la presencia y la actividad militar rusa en Venezuela. Esa presencia no es nueva ni se limita a Venezuela, pues existe también en otras dictaduras de izquierda, como la de Nicaragua: recordemos que en noviembre de 2013 el gobierno de Juan Manuel Santos protestó formalmente ante Rusia por el sobrevuelo de aviones militares rusos sobre el espacio aéreo colombiano. De modo que el tema no es nuevo, ni es capricho de Duque.

Esa presencia militar en Venezuela es y debería ser una preocupación regional. Más ahora cuando sabemos, por cuenta de la tragedia que ha tenido que vivir Ucrania, que Putin está dispuesto a usar la fuerza y a usarla sin contemplaciones en pos de un juego geopolítico.

¿Y qué decir del armamento que Rusia brinda a Venezuela? En la más reciente de estas situaciones, el gobierno ruso entregó a Colombia una garantía según la cual el material bélico que provee a la dictadura venezolana no será usado contra Colombia. Lo hizo después de que Colombia manifestó su preocupación. Eso, por supuesto, es un saludo a la bandera. Nada puede impedir que en el futuro esas armas sean usadas en acciones contra Colombia o que terminen algunas de ellas en manos de los grupos terroristas colombianos que se albergan en Venezuela.

Las preocupaciones del presidente Duque, por lo tanto, han resultado justificadas. Ojalá el próximo gobierno no actúe con ingenuidad en este punto, so pretexto de mantener unas buenas relaciones diplomáticas. La diplomacia es compatible con una sana dosis de precaución 

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