Desde que Donald Trump ingresó al Capitolio, el lunes 20 de enero de 2025, para juramentar por segunda vez como el presidente de Estados Unidos, se sentía en el ambiente que su segundo periodo presidencial estaría lejos de parecerse al primero.
Prueba de ello fue, a simple vista, el lugar en el que juramentó, el interior del Capitolio, en este caso no porque quisiera, sino por las bajas temperaturas que hacían afuera como para realizar la ceremonia a las afueras, justo frente del icónico recinto de la política norteamericana.
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Ese encierro, aunque obligado, aplica muy bien para la analogía de la política con la que Trump volvía a la Casa Blanca: la de América para los americanos bajo su eslogan de “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, al precio que sea y a costa de quien fuera. 365 días después es lo que ha demostrado.
Su política interna ha estado enmarcada en decisiones nacionalistas, proteccionistas, de supremacismo racial y criminalización de la inmigración, pasando por encima de los controles interinstitucionales y la separación de poderes. Su enfoque, por si queda alguna duda, ha sido autoritario y de actuar en solitario.
Y la política externa no dista mucho de lo que está haciendo adentro. Maneja la diplomacia a través del chantaje y guiado por sus caprichos. Panamá, Canadá, México, Groenlandia, Irán, Ucrania, Gaza, Israel, Venezuela y Colombia, por mencionar algunos, han sido naciones que han sentido el rigor de sus decisiones no solo económicas, sino políticas y humanitarias, y eso que la mayoría son sus aliadas.
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Con Colombia las tensiones, en este primer año de mandato, han estado a la orden del día. En Gustavo Petro ha encontrado una especie de sparring a la medida: es su antítesis política, por eso, cada vez que uno se refiere al otro, hay críticas y hasta insultos de por medio.
Para Gustavo Soto Marín, docente de la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia, la relación actual entre los dos países, otrora grandes aliados, podría considerarse “tirante”.
“Esto porque quien es la persona encargada del Gobierno para las relaciones diplomáticas es Marco Rubio y él, por llamarlo de alguna manera, tiene cierta animadversión o recelo con ciertos gobiernos en América Latina que tienen determinada posición política o ideológica”, sostiene el docente.
Pero en lo que concierne directamente a Trump y Petro, el docente también considera que hay posiciones que los distancian y que seguirán marcando su ya desgastada relación, recordando las orillas en las que ambos se encuentran en temas como Palestina y el narcotráfico.
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De hecho, el docente de la UdeA se aventura a advertir que el Gobierno norteamericano prepara su injerencia en las elecciones presidenciales venideras, tal y como ya lo hizo semanas atrás en Honduras, donde Trump respaldó ampliamente al candidato Nasry ‘Tito’ Asfura, quien finalmente fue el ganador.
“Es, en definitiva, su versión de la “Doctrina Monroe”, de cómo mantener a América Latina, su ‘patio trasero’ controlado y sin que otras potencias incidan”, agregó el docente.
El próximo 3 de febrero, Trump y Petro se verán en Washington, un encuentro que podría marcar un nuevo tono en la relación diplomática durante los meses que le quedan al presidente colombiano en el cargo. Sin embargo, el antecedente de críticas, desaires y sanciones no es un punto de partida alentador.
Este es un recuento de la desgastada relación diplomática entre Estados Unidos y Colombia durante el primer año de gobierno de Trump.
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El impasse por los vuelos con migrantes colombianos
Colombia fue el primer país con el que el gobierno Trump 2.0 tuvo un impasse diplomático. A días de su investidura, el presidente republicano ordenó el envío de migrantes colombianos en vuelos que no fueron aceptados por el mandatario colombiano debido a las condiciones en los que viajaban los connacionales. El rifirrafe tuvo amenazas de imposición de aranceles de hasta un 25 % a las exportaciones colombianas y también detuvo por unos días los servicios en la Embajada de Estados Unidos en Bogotá.
La diplomacia colombiana, finalmente solucionó la crisis diplomática que Petro desató con varios trinos en X publicados de madrugada. Pero para Estados Unidos, Colombia terminó siendo el ejemplo para el resto de países que se opusieran a sus nuevas condiciones.
“Los acontecimientos de hoy dejan claro al mundo que Estados Unidos vuelve a ser respetado”, indicó Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, en un comunicado. “El presidente Trump seguirá protegiendo ferozmente la soberanía de nuestra nación y espera que todas las demás naciones del mundo cooperen plenamente para aceptar la deportación de sus ciudadanos que se encuentran ilegalmente en Estados Unidos”.
Del cierre de Usaid a la imposición de aranceles
Otra de las medidas del gobierno norteamericano que no fue directamente contra Colombia pero si la afectó en gran medida fue el cierre de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid, que dejó desfinanciados proyectos de cooperación internacional de ese país en naciones como el nuestro.
Y la justificación para cerrarlo sí tuvo como ejemplo un proyecto en Colombia. De nuevo fue la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt la que mencionó al país para criticar el uso de fondos en programas de “diversidad de género, reproducción y derechos LGTBIQ+” de Usaid, argumentando que la entidad ha destinado millones de dólares a proyectos “absurdos” en el extranjero.
“Estas son algunas de las locas prioridades en las que esa organización ha estado gastando dinero (...) 47.000 dólares para una ópera transgénero en Colombia, 32.000 para un cómic transgénero en Perú”, aseguró Leavitt en su intervención.
El proyecto colombiano fue As One, una ópera estrenada el 16 de marzo de 2022 en el Teatro Libre de Chapinero, en Bogotá, que narraba el viaje interior y el proceso de autodescubrimiento de su protagonista y contó con el respaldo de la Alcaldía de Bogotá, la Universidad de los Andes –que recibió los fondos de Usaid para su financiación– y la Embajada de Estados Unidos.
En julio, Usaid cerró oficialmente y sus recursos pasaron al Departamento de Estado. Desde entonces, los recursos de la extinta agencia solo se desembolsan si los proyectos se alinean con los intereses de Washington. “Deben estar en consonancia con la política exterior de Estados Unidos primero”, dijo el secretario de Estado, Marco Rubio.
Después de la polémica con Usaid, llegó el “Día de la Liberación” en el que Trump anunció que impondría aranceles a todos los países del mundo que comercian con EE. UU. Aunque fue una medida más directa para atacar a rivales comerciales como China, países como Colombia recibieron aranceles del 10 % a los ya establecidos por esa nación en tratados comerciales. Esas medidas se fueron cayendo a medida que se fueron cumpliendo los plazos de 90 días para su ejecución.
Trump, entonces, usó esto como moneda de cambio para alcanzar acuerdos comerciales con los países que se verían más afectados.
Sus diferencias por la desertificación, ataques a narcolanchas y Palestina
La tensión entre Trump y Petro no menguó, siguió hirviendo, sobre todo por el anuncio de la desertificación de Colombia en la lucha antidrogas y las críticas del mandatario colombiano a los bombardeos de Estados Unidos a presuntas narcolanchas en el Caribe. Petro las sigue calificando de ejecuciones extrajudiciales mientras el Gobierno norteamericano las defiende como medida para contener el ingreso de toneladas de droga a su territorio.
Otro episodio que debilitó aún más las relaciones entre ambos países fue el llamado de Petro, en plenas calles de Nueva York, a que las Fuerzas Militares de EE. UU. se revelaran ante lo que Trump estaba haciendo en la Franja de Gaza. Ese cuestionado momento dejó al presidente colombiano y varios de sus funcionarios sin visa para entrar a territorio estadounidense.
La lista Clinton
Pero lo que acabó de tensar las relaciones diplomáticas fue el ingreso del presidente Petro en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, conocida como lista Clinton, junto a Verónica Alcocer, su hijo mayor Nicolás Petro Burgos, y Armando Benedetti, ministro del Interior, en octubre del año pasado.
Lo que vino después fueron descréditos de un lado a otro, y más recientemente, por la postura de Petro en contra de Trump para capturar y extraer al depuesto líder del régimen venezolano, Nicolás Maduro.
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Fue tanto que Trump advirtió que hasta estaba considerando realizar una operación similar en Colombia. “Colombia está enferma; está gobernada por un enfermo, pero no seguirá haciéndolo por mucho tiempo”, dijo Trump a bordo del Air Force One tras la operación contra Maduro en Caracas.
Las acciones en Venezuela y las nuevas declaraciones contra Petro recordaron el episodio de la carpeta que aparecía en una foto publicada por la Casa Blanca en la que se leía un documento titulado “La Doctrina Trump” en la que aparecían fotos de Maduro y Petro generadas con Inteligencia Artificial vestidos con el traje naranja que los presos usan en Estados Unidos.