La Casa Blanca de Débora Arango es una maravilla: en cada una de sus estancias se percibe la biografía de una de las pintoras colombianas más importantes del siglo XX. Ese fue el escenario escogido por Braulio Espinosa Márquez, alcalde de Envigado, para conversar con EL COLOMBIANO sobre algunos de los temas que ha despertado el visible deterioro de los muros exteriores del inmueble comprado por el municipio a la familia de la artista. Rodeado de las cabezas de las secretarías de Cultura, Planeación y Obras Públicas de Envigado, Espinosa Márquez sostuvo con vehemencia que en el proceso de reparación de la casa la “pelota está en el campo del ministerio de cultura”. El plan de la actual administración de Envigado es el de reparar la casa y entregarla para su operación a un tercero con la experiencia requerida. Y espera hacerlo antes del fin de 2023.
EL COLOMBIANO se comunicó con la oficina de prensa del Ministerio de Cultura para conocer las opiniones de los funcionarios encargados respecto al tema. Sin embargo, por cuestiones de agenda, no se pudo realizar la entrevista.
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Comencemos hablando de la preocupación ciudadana que hay por el museo Casa Blanca. ¿Por qué se originó esta preocupación?
“Hay dos preocupaciones de la comunidad. Uno, el deterioro de la casa museo. Y dos, la no apertura del espacio. En el primer caso falta mucho conocimiento de los trámites que nosotros hemos hecho. Y en el segundo caso hay desinformación porque en realidad la casa museo ha estado abierta, solo que no ha estado operada por un tercero. Ha estado operada por nosotros de manera controlada y con visitas guiadas porque para poder entregarla a un tercero hay que hacer las reparaciones necesarias.
En el gobierno anterior se hizo la compra de la casa, pero esto no incluyó todo el mobiliario de Débora Arango. Ahí se inició un proceso de donación de la familia y la administración municipal. Para hacer ese proceso legal de donación se debe hacer un inventario completo de las piezas porque no se puede recibir una donación que no tenga un inventario. En todo ese trámite sucede lo que todo mundo conoce con la administración anterior. Se enreda el trámite de donación. Cuando comienza mi administración me encuentro con la casa museo adquirida, pero sin finiquitar el proceso de donación de los bienes muebles. Y justo cuando íbamos a empezar ese proceso nos llega la pandemia. Cuando me reúno con los herederos de Débora les explico que no puedo abrir la casa porque las piezas no son nuestras. Necesito hacer el proceso legal de esto para poder abrir el museo. En medio del diálogo comienzan a decir esas piezas pueden valer una cantidad de plata y yo les digo, no tengo plata. En ese diálogo tardamos meses. Eso se finiquita en diciembre de 2021 y en enero se hace el protocolo de la escritura pública de la donación”.
¿Ese proceso lo acompañó algún historiador o algún experto en la obra de Débora Arango?
“No, porque nosotros de acá no sacamos nada. La casa estaba cerrada y lo que pretendíamos era que nos donara todo. En el avalúo de las piezas se hizo un inventario detallado con la ayuda de un experto”.