Con la simpleza de las frutas y el sabor contundente del vino nace la sangría por una sola razón: calmar la sed durante los meses de fuerte calor.
Cualquier tipo de vino le queda bien a las sangrías. Se recomienda no usar uno muy fino pues la combinación con los demás ingredientes no permitirá apreciar sus propiedades. ILUSTRACIÓN: CATALINA D’AMATO
Refrescante. Este es el sello de una preparación cuyo principal ingrediente es el vino, en general tinto, que impregna la jarra de ese color rojizo, antojador. De origen mediterráneo —aunque algunos también se lo atribuyen a los ingleses— esta bebida nace cuando al vino se le añaden los cítricos. “En verano era peligroso tomar agua de los pozos, así que para calmar la sed lo que se hacía era mezclar el vino con limón o naranja. De allí el origen de la sangría. El hecho de sumarle alcohol sucedió posteriormente en la región de Castilla de la Mancha, al sur de Madrid, en donde empezaron a añadirle diferentes aguardientes a la fruta. En aquella época se llamó zurra pero luego se le dio el nombre de sangría, por su color rojo parecido al de la sangre”,...