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¿Por qué se pierde tanto tiempo en el fútbol colombiano?

Los entrenadores colombianos argumentan que ellos no le pedirían a un jugador que salga a quemar tiempo, a su vez que insisten en el trabajo desde la base.

  • El poco tiempo que se repone les da licencia a quienes simulan para “quemar” minutos. En caso de que el jugador retarde el juego adrede puede recibir amarilla y si reincide podría ser expulsado. FOTO Julio César Herrera
    El poco tiempo que se repone les da licencia a quienes simulan para “quemar” minutos. En caso de que el jugador retarde el juego adrede puede recibir amarilla y si reincide podría ser expulsado. FOTO Julio César Herrera
01 de marzo de 2023
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Ahí se va a quedar tirado en el piso quemando tiempo”, cuestionan los hinchas que están en el estadio o al frente del televisor cuando observan que un jugador del equipo rival, que está obteniendo un resultado favorable, cae sobre el césped y se retuerce con muestras de dolor.

Sin embargo, cuando el protagonista de la pantomima es un integrante del club de sus amores la celebran e, incluso, vociferan incitándolo a quedarse tendido en el campo.

Precisamente, la doble moral que se evidencia en estos casos es una de las razones por las que en la Liga colombiana y en la mayoría de las del continente, se hace tan común que los clubes le apuesten a “quemar tiempo” si esto les ayuda a obtener un resultado favorable.

Si bien en Europa esta práctica es menos evidente que en Suramérica, ni siquiera allá se escapan a esta situación.

Muestra de ello es que la International Football Asociation Board, entidad adscrita a la Fifa que se encarga del reglamento, analiza desde hace más de un lustro la opción de que los partidos tengan dos periodos de 30 minutos, pero de tiempo efectivo.

Y es que en la mayoría de los juegos, ni en las principales ligas de Europa, donde se cree se exhibe el mejor fútbol, se logran jugar 60 minutos de tiempo real.

Pero es innegable que los suramericanos desperdician más tiempo. Según un estudio publicado a finales del 2022, en las principales ligas del Viejo Continente (Inglaterra, España, Italia y Alemania) tienen un promedio de juego mayor a 54:48, al cual, en el nuestro, solo logra acercársele Brasil (51:14).

Al torneo del país del “juego bonito”, le siguen en el ranking de mayor tiempo efectivo de juego por partido las ligas de Chile (52:13), Ecuador (51:27) y Perú (51:12). Tras el torneo inca aparece la Liga Betplay colombiana (50:26) que, aunque muchos no lo crean, no es la peor en este escalafón, en el que están por detrás el campeonato de Argentina (50:19) y el de Bolivia 49:39).

Aunque estos registros no van de la mano con los del informe que presentó en marzo del 2022 el Observatorio del Fútbol CIES, sobre el tiempo perdido por faltas durante los partidos, en el que tuvo en cuenta 38 ligas del mundo. En este, Colombia apareció segundo con un promedio 25.2 faltas por partido y un tiempo perdido de 38.3 segundos por falta. En ese análisis solo fue superado por la Liga de México, con 26.3 y 37,5, respectivamente.

Para evitar la pérdida de tiempo en la MLS hicieron un experimento, que consistía en que si un jugador se quedaba tirado por más de 15 segundos era retirado en camilla y debía permanecer fuera del campo tres minutos., salvo que fuera por lesiones en la cabeza, problemas cardíacos u otros eventos médicos graves.

Aunque el año anterior la Dimayor hizo públicas durante varias jornadas las estadísticas de tiempo efectivo, finalmente estos registros volvieron a ser de carácter privado.

Hay que trabajar desde la base

Para el experimentado entrenador Jaime de la Pava, múltiple campeón de la liga local con el América, para evitar esta clase de prácticas del tiempo desperdiciado hay que hacer un trabajo desde la base.

“Se necesita mucha responsabilidad en el trabajo con los niños, esto también viene de la estructura familiar. Debemos cambiar el pensamiento sobre eso que observamos permanentemente. En los equipos que dirijo lucho en ese sentido. Eso puede pasar porque son aspectos culturales individuales de los muchachos. Eso viene de la formación que no está exenta de lo que es la sociedad de nosotros”, manifestó el estratega vallecaucano.

Insistió en la importancia de trabajar con los niños en valores, para llegar a alcanzar la cultura que se hace evidente en países como Inglaterra. “También tenemos que ponernos de acuerdo los entrenadores, los padres de familia y la sociedad en general”, agregó.

Por su parte, Néstor Otero cree que es “responsabilidad de árbitros y jugadores dado que los jueces no saben interpretar la norma de ventaja y a veces la mejor norma es pitar la falta. Y los jugadores porque quieren fingir y engañar al juez”.

Al ser indagado por este medio de si también hay una responsabilidad de los entrenadores, argumentó que no es así: “No creo, porque ningún entrenador manda a los jugadores a tirarse para hacer tiempo, esa es una decisión de ellos y además es como un instinto de supervivencia cuando van consiguiendo un resultado a su favor. Porque esa es la cultura en nuestro país. Siempre estamos con miedo de perder o que nos vayan a robar algo en cualquier actividad”

El entrenador Norberto Peluffo subrayó que no se puede pensar que este es un mal solo del fútbol colombiano. “Este martes vi la final de la Recopa Sudamericana entre Flamengo e Independiente del Valle y percibía que tras el mínimo toque el jugador se caía, daba varias vueltas y después él mismo, como si nada, se paraba y estaba en óptimas condiciones para cobrar la falta”, comentó. El exfutbolista santandereano coincide con Jaime de la Pava en que se debe hacer un trabajo desde la base, pero además los árbitros deben ser más rigurosos y adoptar herramientas como el VAR para castigar a quienes simulan, en pos de que haya más justicia en el juego. Para él, eso también contribuirá a que el jugador lo piense dos veces antes de fingir una falta”.

Para el analista arbitral, Óscar Rincón, también es necesario que los jueces tengan criterio y hagan valer el reglamento.

Así las cosas, es evidente que lo que se ve en el campo, no es más que el reflejo de nuestra sociedad, en la que la ley del vivo impera .

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