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“Los padres de familia pueden devastar la salud mental de los jóvenes”: Presidenta electa de la Sociedad Española de Psiquiatría

Entrevista con Marina Díaz Marsá, un referente de la psiquiatría española sobre el panorama actual de la salud mental, además de los retos que enfrentamos como sociedad en materia de enfermedades y trastornos mentales que aún cargan con estigmas.

  • Marina Díaz Marsá es una figura relevante en materia de salud mental a nivel internacional. Visitará a Medellín para hablar en el décimo Congreso Internacional de Medicina y Salud Mental de las Mujeres en la Universidad CES, que se llevará a cabo entre el 30, 31 de mayo y 1 de junio. Foto: Cortesía
    Marina Díaz Marsá es una figura relevante en materia de salud mental a nivel internacional. Visitará a Medellín para hablar en el décimo Congreso Internacional de Medicina y Salud Mental de las Mujeres en la Universidad CES, que se llevará a cabo entre el 30, 31 de mayo y 1 de junio. Foto: Cortesía
25 de mayo de 2024
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Recientemente, conocí un proyecto de cómics sobre salud mental llamado Mental Cómics en el que ilustran paisajes de vivencias cotidianas en los que están presentes ciertas enfermedades mentales. Una de sus creaciones, de las que más llamó mi atención, habla de esa creencia errónea de que la depresión es una “moda” comparándola con unas botas de plomo, que uno mismo decide ponerse, y que imposibilitan levantarse de la cama.

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Son aproximadamente 300 millones de personas diagnosticadas con depresión a nivel mundial, y 450 millones del mundo que padecen un trastorno mental, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Todos ellos todavía cargan algún estigma generando problemáticas alrededor de cada uno.

Es por eso que hablar de salud mental es tan importante, y ahora, los investigadores evalúan los efectos de la pandemia y el aislamiento social. Durante esta semana, la psiquiatra Marina Díaz Marsá, presidenta electa de la Sociedad Española de Psiquiatría, visitará a Medellín para participar del décimo Congreso Internacional de Medicina y Salud Mental de las Mujeres en la Universidad CES, que se llevará a cabo entre el 30, 31 de mayo y 1 de junio.

Marina Díaz Marsá es una figura relevante en materia de salud mental en España, y a nivel mundial. Actualmente, además de ser presidenta electa de la Sociedad Española de Psiquiatría, es también jefa de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria en el Hospital Clínico San Carlos, docente de la Universidad Autónoma de Madrid y profesora honorífica del CES.

Díaz Marsá conversó con EL COLOMBIANO acerca del panorama actual en salud mental a nivel mundial y cuáles son los retos mayores a los que se enfrenta la sociedad en materia de trastornos y enfermedades mentales. Por ejemplo, uno de cada siete jóvenes entre 10 a 19 años padece algún trastorno en salud mental y esto es preocupante, es algo de lo que hay que hablar.

¿De qué se encarga usted como presidenta electa de la Sociedad Española de Psiquiatría?

“Actualmente formo parte de la Junta de la Sociedad Española de Psiquiatría, soy vicepresidenta y pasaré en octubre a ser presidenta. Nosotros tenemos reuniones para tratar los temas que competen a la sociedad española, atiendo peticiones de prensa y colaboro en los ámbitos social, político o médico para planificar actividades como el Congreso Nacional de Psiquiatría aquí en mi país. Es súper importante mi relacionamiento y compromiso con los medios de comunicación y los periodistas, aprender a comunicar los temas más relevantes en salud mental para luchar contra el estigma de los trastornos y las enfermedades mentales”.

Menciona algo que llama mi atención y es el estigma de las enfermedades mentales...

“Aquí en España a raíz de la pandemia salieron todos los temas de salud mental que había debajo de la mesa. Ahora se habla de salud mental y de trastornos mentales, o quizás de lo más ‘leve’, pero todavía hay trastornos a los que se les tiene mucho estigma. Por ejemplo, se habla mal o con pudor, miedo o rechazo sobre la esquizofrenia, una enfermedad que ahora tiene un tratamiento eficaz, permitiendo que la persona tenga una vida normal.

Tampoco se habla lo suficiente de los trastornos de conducta alimentaria y solo se piensa que es algo que tiene que ver con el peso. También muchas veces la depresión se relaciona con debilidad o pereza, así que en mi opinión hay muchos retos todavía en materia de estos trastornos; ahora se tiende a hablar más del malestar psíquico con recetas fáciles para salir de esa angustia o malestar que de los verdaderos trastornos o enfermedades mentales”.

Ya que menciona la pandemia, han pasado cuatro años desde el aislamiento social, ¿qué impactos en la salud mental dejó todo lo que ocurrió en 2020?

“La pandemia tuvo mucha repercusión en la salud mental a causa de la falta de vínculos con los familiares y allegados, sumado al estrés y a la incertidumbre del futuro. Esto produjo que apareciera una mayor probabilidad de trastornos mentales fundamentalmente en jóvenes, en mujeres y en adultos mayores. Por ejemplo para los jóvenes fue muy difícil el aislamiento de sus pares y eso tiene repercusiones en su adolescencia y en sus relaciones interpersonales, en la manera en la que socializan con otros.

Además, la adicción a las redes sociales aumentó durante el aislamiento y esto también aumenta el riesgo de desarrollar trastornos mentales y, por último, el fallecimiento de personas cercanas, también afectó mucho a la población. Los investigadores sabemos que la pandemia fue la gota que llenó el vaso, de una situación que venía desde mucho tiempo atrás. Nos mostró que somos una sociedad con pocos vínculos familiares y expuesta a las redes sociales, además de una incertidumbre al futuro”.

¿Cuáles son los trastornos mentales más frecuentes en la actualidad?

“Sin duda la depresión y la ansiedad. La depresión es una de las enfermedades más prevalentes y discapacitantes en el mundo. Es la primera causa de discapacidad. Hay otros trastornos que afectan a la población joven como los trastornos de conducta alimentaria, los trastornos de personalidad y la adicción a las drogas que afecta la salud mental de los jóvenes”.

¿Por qué han aumentado y son más frecuentes estos trastornos?

“La sociedad actual no es resiliente y es muy demandante. Vivimos en un mundo con sobrecarga laboral, estrés, multitareas, en el que el trabajo muchas veces no termina en la oficina, sino que ahora trabajan también desde la casa en sus horas libres y atienden los correos y esto indica que no sabemos poner límites entre lo laboral y lo personal, porque estos límites no son claros, y en ese sentido, todo esto acompañado de la sensación de siempre tener que estar bien, aumenta trastornos y enfermedades como la depresión, aunque muchas personas confunden el malestar de la vida cotidiana como estar triste con una depresión y eso no debería ser así”.

Profundicemos en esa última idea...

“Muchas personas confunden la depresión con el malestar natural del ser humano después de que ocurre una situación desagradable. Algunas personas no saben identificar realmente un trastorno mental y esto hace que los hospitales y las listas de espera para abordar los trastornos reales sean muy demoradas”.

Y con eso que dice, ¿cómo diferenciar un malestar natural a un trastorno o enfermedad mental?

“Todo tiene que ver con la intensidad y la disfuncionalidad. Si el malestar persiste en el tiempo y si la tristeza, la apatía, el pesimismo, la falta de sueño y de apetito, tener pensamientos rumiantes y perder el gusto por las actividades que se hacían antes, también —en una intensidad de más de dos semanas que no te permite llevar una vida habitual—, podemos empezar a hablar de un cuadro depresivo. Mientras que, si la tristeza o la irritabilidad dura menos tiempo, y no produce cambios en la funcionalidad del individuo, no sería un trastorno mental, sino bueno, un mal día, ¿no?”.

Ha estudiado la relación de la biología humana y la salud mental, ¿qué diferencias encuentra entre hombres y mujeres?

“La neurobiología forma parte de los trastornos mentales. Digamos, las enfermedades mentales son biopsicosociales, en las que se incluyen factores biológicos, psicológicos y sociales. Lo biológico es igual de potente como lo psicológico y lo social y lo que se ha evidenciado es que la biología influye tanto en la salud mental de hombres y mujeres pero de diferentes formas.

Existen trastornos más prevalentes en mujeres como la ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria e incluso los de personalidad límite; mientras que en hombres son más frecuentes la psicosis y las adicciones a todo tipo de sustancias como el cannabis o el alcohol. Ellos también son más propensos a la conducta violenta y al suicidio consumado”.

Así como la biología influye, ¿qué papel juega la genética familiar?

“Hay muchísimos estudios de que existen varias enfermedades mentales que se heredan, como en el caso del trastorno bipolar, la depresión, la psicosis e incluso los trastornos de conducta alimentaria. Tener antecedentes familiares hace que un individuo sea más vulnerable para padecer un trastorno, eso no quiere decir que sea seguro, pero si los factores ambientales influyen en los biológicos puede aumentar el riesgo de padecer el trastorno mental”.

Ha estudiado y trabajado con los trastornos de conducta alimentaria, ¿cómo se desencadenan estos trastornos?

“Al igual que todos los trastornos mentales, la etiología es biopsicosocial. En lo biológico influyen factores como alteraciones en la cognición social, alteraciones en la neuropsicología, en la modulación de la serotonina, alteraciones en la respuesta del estrés por disfunción del eje hipotálamo-hipófisis o suprarrenal. Todo esto da dimensiones sintomáticas en los trastornos de la conducta alimentaria, que a la final no es otra cosa que un intento por manejar un malestar profundo que no tiene nada que ver con la comida, sino que viene desde otro lugar, pero que el individuo lo intenta paliar o tapar mediante el control y descontrol de la ingesta de alimentos, en la idea de que la delgadez te puede hacer más feliz”.

En este momento recuerdo el trastorno por atracón...

“Este trastorno está quizás a veces más oculto y se da al tener una ingesta emocional reactiva a situaciones de ansiedad como una forma de controlar el estrés y el malestar. La impulsividad lleva a consumir grandes cantidades de comida en poco tiempo con el sentimiento de culpa y la sensación de descontrol. Sobre esto hay que hablar más para que cada persona reciba un tratamiento oportuno porque esto puede desencadenar obesidad, sobrepeso, ansiedad, diabetes, artrosis, insuficiencia cardíaca, entre otras condiciones como baja autoestima y hasta depresión. El atracón puede acortar la vida del individuo que lo padece ”.

El sedentarismo y la obesidad están presentes en el contexto actual, pero también hay un discurso de bienestar que se dirige a los que todos los días madrugan a las 5:00 de la mañana, comen todos los días bien, hacen ejercicio, son muy productivos...

“Una frase que me gusta mucho es que todo lo perfecto es enemigo de lo bueno. Hacer una vida saludable es bueno, pero obsesionarse con una vida saludable no lo es. Y además estas personas pueden tener una desregulación emocional que apenas una falta de control te puede llevar al descontrol total, porque uno puede vivir a dieta y con restricciones, pero esto va más allá. Se trata de construir hábitos de vida saludables, ¿pero es igual de saludable comer una dieta mediterránea a una pizza con los amigos? Por supuesto. Eso también es salud mental y hay que hacer un equilibrio entre la salud física y la mental. Hay que comprender que a veces lo que es saludable para lo físico no lo es para la mente y viceversa, por lo que lo mejor es el equilibrio.

Pienso además que reunirnos alrededor de la comida forma parte de una cultura muy arraigada a la comida, hay una relación interpersonal con ella y esto puede crear ciertas dificultades, porque si te aíslas de estos encuentros donde las personas comen lo que les gusta, se pueden deteriorar los vínculos afectivos”.

Pienso en los jóvenes inseguros con baja autoestima que pueden caer en una posible tendencia a un trastorno de conducta alimentaria u otra enfermedad, ¿en qué estamos fallando como sociedad?

“Las redes sociales nos han sobreexpuesto a unos cuerpos que muchas veces no tienen que ver con la realidad. Hay una sobreexigencia acerca de los cuerpos que no corresponden a los fenotipos europeos. El ejemplo son los latinos que no tienen fenotipos de otras culturas y a mí me parece peligroso que lo que se ve en redes sociales influye en lo que piensan de ellos mismos, las chicas se exponen a cuerpos que son inalcanzables y comienzan a jugar con los filtros, que no son reales, y crean una frustración que genera poca calidad de vida.

Otro aspecto en el que fallamos es en la ausencia de familia, las mujeres cada vez trabajan más y yo celebro esto, pero la incorporación de la mujer al trabajo va de la mano con la difícil conciliación laboral y familiar. Varios jóvenes están solos en casa y la falta de apego y de comunicación asociado a una cultura exigente en cuanto a expectativas está haciendo que nuestros jóvenes fracasen o tengan una mala salud mental”.

La misma presión de algunos padres de familia también influye...

“La intervención familiar en casi todos los trastornos mentales es fundamental. Porque los padres a veces sin querer pueden devastar, y digo la palabra devastar, la salud mental de los jóvenes. La exigencia desmedida, el narcisismo de los padres, las expectativas sobre los hijos, el no dejar que tengan su propia identidad, el intentar que repitan lo que hemos sido como padres; todo esto es un error que crea fracasos y sufrimiento en los jóvenes”.

Ha estudiado los trastornos impulsivos, ¿cuáles son estos y qué factores vuelven a una persona impulsiva como lo son la crianza, la personalidad, las drogas?

“La impulsividad tiene una determinación neurobiológica que tiene que ver con la disfunción enérgica y con la alteración del manejo del estrés y también con la desregulación emocional y sobre esa predisposición biológica pueden actuar factores como los aspectos traumáticos o el consumo de sustancias que pueden incrementar esta impulsividad. Es importante el manejo y el abordaje de la impulsividad porque condicionan las conductas del individuo, y por tanto, las relaciones interpersonales.

Las personas impulsivas actúan sin tener en cuenta las consecuencias que van a tener sus conductas y eso les lleva a tener importantes problemáticas con los otros. Esta impulsividad no se da en un trastorno mental sino que aparece en diferentes trastornos mentales como la conducta suicida, la bulimia nerviosa, el trastorno de atracón, el trastorno límite de la personalidad o los trastornos o drogadicción de sustancias”.

Su relación con Colombia es estrecha, ¿Cómo fue ese acercamiento con el país?

“Estoy muy orgullosa de tener una relación cercana con Colombia, y en concreto con Medellín, por la amistad que me une con la doctora Silvia Gaviria, ya hace años que acudo y participo con orgullo y satisfacción a este congreso y para mí es importante conectarnos como hispanohablantes, entender las problemáticas en salud mental y saber que tenemos las mismas preocupaciones.

Nos une un objetivo común de trabajar por la salud mental en equipo, desde formar grupos y desde la esperanza de que las cosas bien hechas tienen un resultado. Esta vez mi ponencia en Medellín será sobre endogenotipos no alimentarios en los trastornos de conducta alimentaria, es decir, todo aquello que hay debajo de las conductas de restricción o atracón que no se ve y que realmente es lo que hay que abordar, y también sobre los rasgos límites en la adolescencia que de alguna manera hacen prever que la persona puede desarrollar un trastorno límite de la personalidad”.

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