En la Ciudad Prohibida, en China, el complejo palaciego de Pekín construido hace 600 años que ahora es uno de los mayores atractivos turísticos para quienes visitan la ciudad, posar para una foto es casi una obligación. Atravesarlo sin detenerse y sonreírle a una cámara es imposible; y cuando allí se habla de cámara, se hace referencia al teléfono inteligente, el que todos llevan en la mano o sostienen en un selfie stick. No necesitan más que el dispositivo para tener un recuerdo de la visita al antiguo lugar.
Pantallas de gran tamaño y alta resolución, colores brillantes y únicos como el greenery –el color del año según Pantone– se ven entre los celulares de la gente que se amontona para lograr captar algo del interior del Salón de la Suprema...