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Editoriales | PUBLICADO EL 14 marzo 2022

A cuidar la joya de la corona

Los resultados históricos de Ecopetrol demuestran una vez más la importancia de la compañía para el progreso del país. No se puede poner en entredicho su futuro con propuestas populistas.

Ecopetrol, la mayor empresa colombiana y la cuarta petrolera de América Latina, presentó resultados sobresalientes en 2021: las utilidades llegaron a $ 16,7 billones y sus ingresos a $ 91,7 billones, las mejores cifras en siete décadas de historia, que demuestran el buen momento de la compañía.

Estos resultados deben alegrar a todos los colombianos que de una u otra manera tienen que ver con la petrolera, bien sea porque trabajan en ella, son contratistas, compran gasolina o gas, reciben dividendos por las acciones o viven en regiones productoras que se benefician con los millonarios recursos de sus regalías.

Hablar de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol) es hablar de una compañía con setenta y un años de historia, que nació en agosto de 1951, cuando la Concesión de Mares revirtió al Estado colombiano. A partir de ese momento la exploración y producción de crudo, que había sido manejada por una compañía de Estados Unidos (Tropical Oil Company), queda en manos nacionales, iniciando una nueva era en el sector. Ecopetrol comienza un proceso de crecimiento e incursiona en nuevos negocios al adquirir la refinería de Barrancabermeja y, posteriormente, la de Cartagena.

En 1983 se parte en dos la historia petrolera del país con el más importante descubrimiento: el campo Caño Limón, en Arauca, con reservas de 1.250 millones de barriles, con lo cual Colombia dejó de importar crudo y volvió a ser exportador. En la década de los noventa se producen otros dos grandes hallazgos, Cusiana y Cupiagua, en el piedemonte llanero.

El otro gran paso fue el proceso de democratización de un porcentaje de sus acciones. Fue una de las operaciones más exitosas en el mercado bursátil. La petrolera cuenta actualmente con 254.000 accionistas directos y millones indirectos a través de los fondos privados de pensiones.

Hoy Ecopetrol es un grupo empresarial que traspasó fronteras, con presencia en Estados Unidos, México, Brasil y exportaciones que llegan a los países de Asia. Para dar una dimensión de su tamaño e importancia hay que señalar que en los últimos diez años le transfirió a la nación $ 254 billones en dividendos, regalías e impuestos, una cifra equivalente a más de quince reformas tributarias. Emplea a 17.000 trabajadores directos y a cerca de 56.000 de manera indirecta y es el principal contratista de bienes y servicios con $ 17 billones el año pasado.

Es, sin lugar a duda, la joya de la corona. Además de la exploración y producción de petróleo y gas, parafinas, disolventes y derivados del crudo, con la adquisición de Interconexión Eléctrica S. A. (ISA) dio otro gran salto, al sumar a su portafolio los negocios de transmisión de energía eléctrica, construcción de vías y energías renovables no convencionales, posicionándose como uno de los principales grupos energéticos en América Latina.

Por eso es trascendental para su futuro que tenga un buen manejo administrativo, un gobierno corporativo sólido, un equipo directivo y trabajadores de primera línea, que siga operando de manera competitiva, sin injerencias políticas y que no se convierta en la caja menor o mayor del gobierno de turno.

Hay que cuidar a Ecopetrol para que siga apalancando el desarrollo de la nación. Por eso no se entiende que un candidato como Gustavo Petro insista en suspender la exploración petrolera, atacando el corazón de la compañía, menos cuando el precio del petróleo ronda los 120 dólares por barril.

No nos puede pasar lo mismo que sucedió en Venezuela con Pdvsa, una de las principales petroleras de América Latina, que en sus mejores momentos llegó a producir más de 3,4 millones de barriles de petróleo al día, antes de que el socialismo del siglo XXI llegara al poder. Hoy apenas produce 800.000 barriles debido al desastroso manejo de Chávez y Maduro.

Ahora, cuando Maduro habla de que va a hacer todo lo posible por aumentar su nivel de producción a por lo menos dos millones de barriles, en Colombia el candidato del Pacto Histórico quiere hacer lo contrario. Quiere reemplazar los más de 12.000 millones de dólares que dejan las exportaciones de petróleo al año por la llegada de turistas.

Hay que ser serios en las propuestas. Si bien el mundo camina hacia una transición energética, en Colombia no podemos matar de la noche a la mañana la gallina de los huevos de oro. La crisis energética y los problemas de los países europeos para abastecerse de gas y petróleo deben ser una alerta. El país no puede pasar de ser un exportador a importador de crudo porque eso sí sería dramático para los colombianos. En este tema no nos podemos llamar a engaño 

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