Los carros eléctricos llevan años enfrentando críticas sobre su costo, autonomía y verdadero impacto ambiental. Sin embargo, un nuevo estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) concluye que buena parte de esas percepciones no reflejan la realidad actual del mercado.
El estudio, que analizó miles de escenarios de conducción, encontró que los vehículos eléctricos de batería (BEV) pueden reducir entre 40% y 60% las emisiones de gases de efecto invernadero frente a los vehículos de combustión interna, aunque el beneficio varía según factores como la región, la fuente de energía utilizada para cargarlos y los hábitos de conducción de cada persona.
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El conductor influye tanto como la ciudad donde vive
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que el comportamiento del conductor puede ser tan determinante como la ubicación geográfica para definir los beneficios ambientales y económicos de un vehículo eléctrico.
Según los investigadores, la cantidad de kilómetros recorridos al año, el tipo de trayectos y la forma de conducir generan diferencias tan importantes como la composición de la red eléctrica local.
“Los patrones de conducción individuales pueden provocar tanta variabilidad en el ahorro de emisiones y los costes de los vehículos eléctricos como todos los factores regionales combinados”, señala el informe.
Esto significa que dos personas con el mismo vehículo eléctrico podrían obtener resultados muy distintos dependiendo de cómo y cuánto lo utilicen.
El bolsillo también está cambiando de opinión
Más allá del debate ambiental, el estudio del MIT encontró que los vehículos eléctricos están alcanzando un punto de inflexión en materia de costos. En gran parte de Estados Unidos, los carros eléctricos de batería (BEV) ya son competitivos frente a modelos equivalentes de gasolina sin necesidad de subsidios adicionales, gracias a la reducción en gastos de combustible y mantenimiento.
Los investigadores concluyeron que el costo de la electricidad es hoy el principal factor que determina la rentabilidad de estos vehículos, seguido por el precio de la gasolina y los impuestos o tarifas estatales. Aun así, los resultados muestran que para muchos conductores los eléctricos ya representan una alternativa financieramente viable.
“En muchas partes del país, el vehículo eléctrico promedio es competitivo en costes con los vehículos de combustión interna comparables sin necesidad de subsidios adicionales”, señala el informe.
El ahorro es especialmente evidente entre quienes recorren largas distancias cada año. Al tener menos piezas mecánicas, los vehículos eléctricos eliminan gastos asociados a cambios de aceite, mantenimiento de motores de combustión y parte del desgaste de los sistemas de frenado, lo que reduce significativamente los costos operativos a lo largo de la vida útil del vehículo.
No obstante, el estudio también advierte que existen diferencias importantes entre regiones. Las tarifas de electricidad, impuestos y costos de registro pueden modificar considerablemente la ecuación económica. De hecho, los investigadores encontraron variaciones de hasta US$500 anuales en cargos asociados a la propiedad del vehículo dependiendo del estado donde se utilice.
Para los expertos, estos resultados evidencian que el debate ya no gira únicamente en torno a las emisiones, sino también a la capacidad de los vehículos eléctricos para competir en costos frente a las tecnologías tradicionales, una brecha que se ha reducido de manera acelerada durante los últimos años.
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El mito del frío no es tan grave como parece
Uno de los argumentos más repetidos contra los carros eléctricos es la pérdida de autonomía en climas fríos. Aunque el estudio reconoce que las bajas temperaturas afectan el rendimiento de las baterías, concluye que el impacto anual suele ser mucho menor de lo que sugieren muchos análisis difundidos en redes sociales y medios especializados.
Los investigadores explican que gran parte de las comparaciones se basan en episodios extremos y no en el uso promedio de un vehículo durante todo el año.
Además, destacan que los modelos más recientes incorporan tecnologías como bombas de calor, sistemas avanzados de gestión térmica y mecanismos de precalentamiento que reducen significativamente las pérdidas de eficiencia.
El informe también recuerda que los vehículos de gasolina tampoco son inmunes al frío, ya que sus motores registran una menor eficiencia durante el invierno.
Ya son competitivos en costos
Otro de los hallazgos que más llama la atención tiene que ver con el bolsillo de los consumidores.
De acuerdo con el MIT, en muchas regiones de Estados Unidos los vehículos eléctricos ya alcanzaron costos totales de propiedad similares o incluso inferiores a los de automóviles equivalentes de gasolina, aun sin considerar subsidios o incentivos gubernamentales.
“En muchas partes del país, el vehículo eléctrico promedio es competitivo en costes con los vehículos de combustión interna comparables sin necesidad de subsidios adicionales”, concluye la investigación.
Los expertos atribuyen esta situación al menor costo por kilómetro recorrido, la reducción en gastos de mantenimiento, la ausencia de cambios de aceite y el menor desgaste de componentes como los frenos gracias a la frenada regenerativa.
El estudio encontró que las ventajas económicas son particularmente visibles entre conductores que recorren largas distancias cada año, pues los ahorros operativos se acumulan con mayor rapidez.
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La electricidad sigue siendo el factor decisivo
Aunque los vehículos eléctricos reducen emisiones, el beneficio ambiental no es igual en todas partes.
La investigación concluye que el factor regional más importante es la forma en que se produce la electricidad utilizada para cargar los vehículos.
Un automóvil conectado a una red alimentada por energía solar, eólica o hidráulica puede reducir considerablemente más emisiones que uno cargado en sistemas eléctricos dependientes del carbón o el gas natural.
Aun así, los investigadores destacan que la transición energética juega a favor de los eléctricos. A medida que los países incorporan más energías renovables a sus redes, los vehículos eléctricos reducen automáticamente su huella de carbono sin necesidad de cambiar de tecnología.
No todo está resuelto
El MIT también advierte que la movilidad eléctrica enfrenta desafíos importantes.
La extracción de minerales críticos como litio, níquel y cobalto, la fabricación de baterías y la necesidad de desarrollar sistemas de reciclaje masivo continúan siendo algunos de los principales retos para la industria.
Sin embargo, Europa, China y Estados Unidos ya están impulsando inversiones y regulaciones orientadas a fortalecer el reciclaje de baterías, reducir la dependencia de materias primas críticas y construir cadenas de suministro más sostenibles.
Quizá el mensaje más importante del estudio es que el impacto de un carro eléctrico depende de múltiples variables y no puede evaluarse con afirmaciones generales.
Los investigadores encontraron casos en los que las reducciones de emisiones fueron cercanas a cero y otros en los que alcanzaron hasta 82%, una diferencia enorme que depende del lugar donde se vive, la fuente de energía utilizada y los hábitos de conducción.
En otras palabras, la pregunta ya no es si los vehículos eléctricos son mejores o peores que los de gasolina. El tema es que, según el MIT, depende de quién los conduce, dónde se cargan y cómo se utilizan.