El profesor colombiano Diego López Patiño sintió que le sonó el celular mientras estaba esperando para alquilar un carro en la isla japonesa de Okinawa, ubicada en el mar de China. Era la mañana del miércoles 3 de abril de 2024 y pocas horas antes había aterrizado desde Taiwán, donde reside, para resolver algunos asuntos laborales y luego realizar turismo.
Aunque sentía un poco de mareo, estaba tranquilo. Sin embargo, el sonido insistente de su teléfono, que no se detuvo hasta que él lo tuvo en sus manos, lo llevó a percatarse de que algo no estaba bien. Sacó el móvil del bolsillo y vio en la pantalla el aviso de que había riesgo de tsunami en la zona que estaba.
Pocos minutos antes un terremoto de 7.4 grados de magnitud en la escala de Richter, con epicentro en el condado de Hualien, situado en la costa Este de Taiwán, cerca del Océano Pacífico, había sacudido la isla que hasta mediados del siglo pasado estuvo dominada por China, pero que ahora es un país independiente.
Aunque López Patiño estaba a unos 600 kilómetros de distancia (cerca de dos horas en avión) del epicentro, sintió con fuerza el movimiento telúrico, que llevó a que se encendieran las alarmas de un tsunami en algunas islas de Japón, Taiwán y las Filipinas.
“La gente no se alarmó de inmediato. Pero, después de un par de minutos todo se convirtió en caos. Había gente corriendo y alarmas de tsunami sonando por todas partes. Varios helicópteros empezaron a sobrevolar los cielos y la gente empezó a correr”, le dijo el profesor colombiano al diario El Tiempo desde territorio chino.
En medio del desespero la gente empezó a buscar la manera de salir de sus casas. López vio cómo personas bajaban de los edificios más altos y luego corrían a buscar refugio porque estaban a la espera de que ocurriera un inminente tusnami.
Mientras en territorio japonés buscaban la manera de huirle a un desastre natural que dejara graves consecuencias, en varias ciudades de Taiwán, que está ubicada a lo largo del “Anillo de Fuego” del Pacífico, uno de los lugares con mayor cantidad de fallas sísmicas en el mundo, algunos edificios se ladeaban de manera peligrosa.
Un par de esas edificaciones se cayeron. Sin embargo, debido a la alta calidad antisísimica que tienen las construcciones en la Isla, no hubo una destrucción masiva en la infraestructura de Taiwán, donde hasta el momento se conoce que murieron nueve personas y hay más de 800 heridos como consecuencia del sismo.
Un par de horas después de que ocurrió el movimiento telúrico en Taiwan, y al ver que las olas del mar no superaron los 30 centímetros de altura, se levantó la alerta de Tsunami en Okinawa, la isla japonesa en la que estaba el profesor colombiano Diego López Patiño, quien aunque no se encontraba en su lugar de residencia, sintió de cerca el caos que generó el segundo sismo más fuerte de la historia taiwanena en los últimos 25 años.
El movimiento telúrico más grave que ha ocurrido en la isla fue el de septiembre de 1999, cuando un temblor de 7,6 grados sacudió Taiwan y dejó un saldo de 2.400 personas muertas, además de varios heridos. De momento, el sismo del 3 de abril de 2024 no ha sido menos mortífero.