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Esta semana, los españoles recuerdan el inicio de un conflicto que dejó cismas en su sociedad y les enseñó a tolerar la diferencia.
Ochenta años después de su estallido, muchas de las heridas dejadas por la Guerra Civil Española siguen abiertas. Tal como los pueblos fantasma que nunca fueron reconstruidos, y que permanecieron como un monumento implacable a la tragedia de un pueblo. Tres años antes de que la barbarie se tomara a Europa por la lucha entre ideologías, España ya era marcada a sangre y fuego por esas fuerzas mundiales, aunque las causas de ese conflicto hayan surgido desde las entrañas de la sociedad nacional.
De un lado, para los vencedores se trató de una cruzada contra una revolución atea que pretendía destruir sus valores más preciados. Para los vencidos, un combate en defensa de una República que liberó al pueblo de quienes lo oprimían.
Desde fuera, con todo el mundo observando lo que ocurría en España, se vio la Guerra Civil como el primer conflicto entre democracia —o comunismo, según como se viera— y fascismo. Por esto tal vez se trató de la contienda interna más internacional del Siglo XX.
Esta semana...