Álvaro Uribe es profeta en su tierra. Si nos atenemos a las encuestas, uno de esos excesos de la democracia, Uribe pasará a la historia como gloria y frustración para la mayoría de los colombianos.
Gloria porque en cada medición fue calificado como el mejor por su liderazgo local, nacional e internacional; sus logros en su férrea política de seguridad democrática, el excelente nivel en el que deja la economía y a Colombia como un seguro protagonista en el Continente.
Frustración, también para la mayoría de sus conciudadanos, porque la decisión de un tribunal condenó al mejor proyecto presidencial de los últimos dos siglos a no tener una tercera oportunidad sobre la tierra.
Uribe quedará como el gran ganador en las elecciones pasadas. La gente votó por el candidato de Uribe. Es decir, votó por él. Los más humildes, en los rincones más alejados y oprimidos del país, le agradecen a Uribe que les haya devuelto el derecho a conservar a sus hijos. La 'vacuna' del campesino pobre era la entrega de uno de sus hijos a la guerrilla. También lo recordarán los privilegiados con las grandes oportunidades sociales por devolverles lo que habían ganado en sus vidas.
Antioquia tiene razones de sobra para decir Gracias Uribe. Hoy, al unísono, 260 de sus mejores músicos le cantarán lo que él más ama: los aires de su tierra.
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