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Temblores políticos para 2012

  • David E. Santos Gómez | David E. Santos Gómez
    David E. Santos Gómez | David E. Santos Gómez
26 de diciembre de 2011
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Pocos años recientes han tenido el vértigo y el peso informativo de decenas de hechos noticiosos internacionales sucediéndose uno tras otro como este 2011 que termina. Acontecimientos de peso, trascendentales y transformadores, aparecieron para cambiar la cara de buena parte del mundo en medio de profundas crisis económicas y protestas callejeras.

El 2012 no promete menos.

El descontento ciudadano en Asia y África que dio forma a la Primavera Árabe, la caída de dictadores que oprimieron por décadas como Hosni Mubarak y Muammar Gaddafi, los gritos de los indignados con una economía injusta que se escucharon desde Madrid hasta Nueva York y los intentos desesperados de Europa por salvar su Unión, formaron 12 meses de un torbellino informativo geopolítico de consecuencias impensables.

El inicio de la segunda década de este nuevo milenio demostró que el orden mundial que hemos conocido relativamente invariable desde el final de la Guerra Fría se reacomoda para iniciar una nueva era.

Una en la que las potencias tradicionales se debilitan por sus abusos y en la que los países emergentes y los ciudadanos de a pie toman cada vez más relevancia para desafiar una autoridad sin moral para dictar normas.

El pueblo reclama su poder cada vez más, característica típica de una ola de cambio. Impulsa su deseo de transformación en las calles de la Plaza Tahrir en El Cairo o en las urnas de las primarias republicanas en Estados Unidos.

El 2012 nos espera con posibilidades de nuevas y profundas renovaciones políticas. Sin reconocer divisiones temporales, las novedades no se detienen y seguirán sucediendo impulsadas por el efecto dominó del inconformismo.

Algunas vendrán en la misma forma de protestas callejeras para tumbar dictadores, mientras que otras en Occidente seguirán el rumbo de las elecciones democráticas.

De este segundo tipo, el del cambio mediante el voto, hay dos citas apasionantes para este año y sus resultados impactarán directamente en Colombia. Estados Unidos y Venezuela asistirán a las urnas para decidir su futuro político y ambas jornadas prometen ser electrizantes.

Los dos países más importantes para nuestras relaciones internacionales escogerán presidente en medio de profundas crisis internas y durante un periodo de agitación económica global y social que no les es ajeno.

El 7 de octubre es la cita democrática venezolana. Hugo Chávez se enfrenta por primera vez a la posibilidad de ser derrotado en las presidenciales por una oposición que ha aprendido la lección y se unió como una sola fuerza. La lucha, aunque dispareja por el desproporcionado poder del comandante de izquierda, se pronostica intensa.

De caer Chávez tras 13 años en Miraflores, el remezón político se sentirá con fuerza en toda Latinoamérica.

La otra llamada está anunciada para el 6 de noviembre en Estados Unidos.

Barack Obama encarará a un republicano todavía desconocido que criticará con fuerza las debilidades económicas y de empleo de un mandato que se quedó estancado en las promesas y la ilusión.

Si el demócrata pierde su reelección las consecuencias tendrán eco en cada parte del planeta y la derecha recalcitrante volverá a tomar las riendas de Washington. Una dirigencia estadounidense que regrese a las amenazas por prevención y a su gusto por el belicismo podría ir en contravía de la misma nación norteamericana y dar el golpe final de su influencia como súper potencia.

Se acerca un año movido y los colombianos estamos en primera fila. No existe un solo hecho internacional que no repercuta en nuestra política interna, pero de antemano sabemos que dos elecciones modificarán nuestro comportamiento internacional.

En épocas de cambios y de resultados imposibles, no nos debe parecer extraño que América, movida por sus ciudadanos inconformes, también experimente la entrada a una nueva era en la que sus dirigentes más representativos deban ser renovados.

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