Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Las últimas generaciones de la arruga es bella

  • Rosa Montero | Rosa Montero
    Rosa Montero | Rosa Montero
02 de abril de 2010
bookmark

No es la primera vez que hablo del tema y seguramente tampoco será la última, porque es un asunto que me tiene morbosamente fascinada y que parece adquirir un mayor volumen cada día. Hablo de la pasión por estirarse y remendarse, de la creciente obsesión por la cirugía estética. Y estoy convencida de que este síndrome de monstruo de Frankenstein sólo está en sus comienzos; que, tal y como van las cosas, dentro de relativamente poco tiempo, digamos cincuenta años, en los países desarrollados resultará francamente difícil ver una arruga; que el envejecimiento normal será una anomalía física, algo que sólo lucirán los muy pobres, los antisistema y los raritos, un estigma estrafalario y marginal. Que todo el mundo, en fin, se cortará y coserá los cueros disciplinadamente, porque de no hacerlo quedarás fuera de la convención social y resultarás dolorosamente distinto.

¿Creen que exagero? Perdón, pero ya está pasando. A medida que voy cumpliendo años, y mientras la gravedad derrite mis mejillas, me voy cruzando con mujeres que sé que son de mi edad y que empiezan a estar tan tersas como tambores. La cara-tambor es la segunda fase del proceso. La primera fase suele salirles bien; por lo general se operan aún muy jóvenes y quedan radiantes. Pero, claro, esa piel estirada vuelve a arrugarse, y por desgracia para ellas (y para ellos: también hay algunos hombres) ya no saben parar. Entonces reinciden en tironear y recortar y ahí se les pone ya la tez como el parche de un bombo.

Hoy todavía nos chocan esos semblantes destrozados por el bisturí, pero empieza a haber tanta gente hecha un Cristo que en verdad nos estamos habituando. Por ejemplo, ya nos parece de lo más normal que la presidenta argentina, Cristina Kirchner, luzca ese relleno reventón de gutapercha (me pasma que la gente sea capaz de votar a un político que empieza por falsificar su propia cara). De hecho, creo que mi generación va a ser una de las últimas en sentir desagrado ante los cuerpos plásticos producidos en serie.

De modo que aquí estamos los últimos especímenes de la arruga es bella haciendo nuestra travesía sobre la Tierra. Y, para peor, resulta que los adictos a la cirugía estética desarrollan un problema de autopercepción semejante al de los anoréxicos; y así, no sólo no se ven de verdad como son, sino que además de algún modo olvidan haberse operado y se convencen de que siempre han sido así. Todo esto nos augura, para qué nos vamos a engañar, un futuro muy negro. Tengo una visión estremecedora: la de un mundo lleno de individuos recauchutados que inmediatamente olvidan que son artificiales y que consideran la carne real como una degeneración enfermiza del plástico.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD