Aunque repite eso de que vive en Colombia, pero la cama la tiene en España, se le cuelan dos besos al saludo, al estilo español, y a él, el que lo ve, lo va saludando. Daniel reparte besos dobles, todo el tiempo, y pequeñas conversaciones, cuando no hay tiempo para las largas. Por estos días conversa de Jota, caballo y rey, su nueva novela.
El epígrafe es de Vargas Llosa, "la literatura cuenta la historia que la historia que escriben los historiadores no puede contar", ¿eso es lo que usted hace, también, en este libro?
“Yo creo que en toda realidad hay una circunstancia que es lo que fue y una adicional que es lo que pudo ser. Nunca conocemos la verdad de la historia. La muerte de John F. Kennedy lleva 50 años y todavía estamos averiguando. No sabemos todavía quién mató a Gaitán. Hay miles de cosas que no se saben en la historia, entonces en ese espacio vacío que queda y que muchas veces no está vacío sino lleno de una falsedad, que es peor, es donde entra el novelista a aportar un pudo ser, a veces poético, a veces especulativo, a veces simplemente divertido o a veces llenándolo con el material humano, con lo que somos, alegría, tristeza, engaño y nobleza. Es lo que yo hice con esta historia. A mí no me interesa volver a contar la historia de Colombia. Ya la volví a contar en un libro muy bueno que se llama Histerias de Colombia. No, me interesaba era contar una historia y situarla en una escena histórica interesante. Es ficción, como es ficción casi todo lo que nos han enseñado”.
Porque lo que tenemos son versiones, de todas maneras...
“A cada rato se revalúan cosas. Este es un país donde la gente no se quema y reaparece. Fíjate que, para referirme a la historia que yo cuento, en el año 53, sale Laureano Gómez de manera ignominiosa, lo derroca un golpe militar y se va y algunos de sus ministros se quedan con su nuevo gobierno y tres años después ese monstruo horrible, que lo era, lo van a buscar los mismos que lo tumbaron para que les ayude a tumbar al que lo tumbó. Entonces Laureano se une, también Alberto Lleras, que había ayudado a tumbarlo, para tumbar a Rojas, es decir, esa es la historia de Colombia. Quizá es la historia de los pueblos. El traidor de hoy es el prócer de mañana y el prócer de ayer es el traidor de hoy”.
Una historia cíclica, que también pasa ahora
"Claro, Santos era la mano derecha de Uribe y después se volvieron los mayores antagonistas, y llegará el día en que serán amigos, como pasó con Obando y Mosquera, que tenían una rivalidad profunda, que nacía incluso de su cuna, porque Obando era hijo natural, pariente de Mosquera por la vía espuria, digamos, y fueron unos rivales tremendos, pero acabaron sus vidas unidos y si hubiera habido otra vida hubieran peleado otra vez y volverían unirse. Así ha sido todo. También pasa en muchos países, esto no es exclusivo de nosotros, pero sí lo hacemos muy bien”.
¿Eso tendrá que ver con el hecho de que las estructuras se vayan repitiendo?
“El problema es que este es un país manejado por una oligarquía, es decir, por un grupo pequeño de personas. Todo pasa ahí. Esa oligarquía produce el guerrillero, Camilo Torres, quizá el mayor símbolo de la guerrilla colombiana, él le dijo al presidente del Jockey Club de Bogotá, produce al guerrillero y produce al que mata al guerrillero. El comandante de la brigada militar que mata a Camilo Torres era amigo de él, el general Valencia Tovar, produce al candidato de izquierda y al candidato de derecha, produce al traidor y al que es traicionado. Es una oligarquía que produce todo, pero no ha sido capaz de hacer una transformación al país que lo abra y que acabe un poco con la injusticia social en que vivimos y le abra las puertas a otros sectores de la población. Fue difícil, afortunadamente ya eso se acabó, que las mujeres entraran al gabinete. Era excepcional. Esmeralda Arboleda creo que fue la primera ministra, o Josefina Valencia, con Rojas, pero la primera ministra de un país que llevaba 300 años ya. Es un país controlado por una oligarquía que ha sido astuta, para perpetuarse, pero no ha sido noble para repartir”.
Y a la izquierda tampoco le ha ido bien, para acabar con esa oligarquía...
“La izquierda padece un problema grave de cainísmo. La estamos matando permanentemente. Yo he sido siempre un hombre de izquierda y reclamo ese modesto título, pero el cainísmo de la izquierda, estamos matándonos, dividiéndonos, subdividiéndonos, y ahora estamos otra vez divididísimos. Hay tipos muy valiosos en la izquierda, que también los hay en el establecimiento. Yo no estoy diciendo que no los haya, pero están todos divididos. Entonces padecemos el mismo mal. Colombia da una oligarquía y Colombia da una izquierda. No podemos tener una izquierda francesa del siglo XVIII, porque damos lo que tenemos. De vez en cuando un personaje extraordinario, porque es un país muy raro. Tiene cosas fantásticas y tiene cosas horribles. Un país que puede producir a un García Márquez, pero también hay que ver los pájaros que hemos producido, por Dios”.
La novela nació por el recuerdo de Triguero, un caballo de esa época
"Yo estaba en el colegio cuando Triguero fue muy famoso. Uno en el colegio siempre busca ídolos, ciclistas, futbolistas, y cuando ya tiene 13 años, señoritas. Con Ramón Hoyos, que era al mismo tiempo ídolo nacional, competía un caballo. Había futbolistas muy famosos, pero el caballo era más famoso que todos ellos. Yo lo que hago en la novela es exagerar eso un poco y decir cómo la imagen de Rojas empieza a sentir celos de la imagen del Caballo, cómo tratan de equiparla o superarla. Me he encontrado gente, 10 o 12 personas, que conocieron a Triguero. El día que lancé la novela se me acercó un señor y me dijo mire, yo le quiero decir que estoy muy emocionada porque yo le dí panela a Triguero.
El personaje de Juancho está inspirado en Lucho Garzón. Lo que pasa es que Lucho es posterior a todo esto. No lo cepilló ni lo lavó ni le dio zanahorias. Lucho cuenta que quería ser jinete, como Juancho, y se encontró con un obstáculo, crecía y crecía y sigue creciendo. Lucho cada vez está más alto y más gordo, y así no se puede ser jinete. Jinete es para gente bajita y que pese poco. Entonces se metía a saunas horas enteras a ver si perdía peso, pero perdía dos kilos y ganaba tres comiendo sancocho. En él está inspirado la parte del hipódromo. De ahí en adelante no tiene nada que ver con Lucho, es decir, las aventuras de Juancho fuera del hipódromo son invento mío”.
¿Por qué eligió para el libro el primer año de Rojas Pinilla, en el que aún no se ve tan dictador?
"“Es que no todos nacen dictadores, sino que se hacen o los hacen. El caso de Rojas Pinilla fue muy especial y aunque en la novela galopó siempre la imagen de Triguero, coincidía con la sensación que yo tuve cuando niño, yo nací en el 45, tenía 9 cuando lo de Rojas Pinilla, pero yo oía lo que comentaba mi familia, lo que comentaban los amigos de mis papás, en el sentido de que habíamos salido de una noche oscura y había la posibilidad de un pequeño amanecer. Algunos signos. En el golpe de estado participó el partido Liberal fuertemente y el más grande jurista liberal del siglo XX, Darío Echandía, dijo que eso no era un golpe de estado, sino de opinión. A Rojas lo tumbaba la opinión, con eso validaba lo que había ocurrido. Lo segundo es que se decreta muy pronto una amnistía y los guerrilleros liberales de los Llanos y de otros sitios, inclusive de Antioquia, entregan las armas. Muy rápidamente, sin tanta complicación como en La Habana, y están las fotos reincorporándose a la vida civil. Luego mataron a muchos de ellos. La policía que era un factor de violencia terrible, porque era local, entregada al servicio de los gamonales, la nacionaliza Rojas Pinilla. Ahí ya no es solo que el gamonal nombra al policía para que lo proteja a él y joda a los campesinos y les quite las tierras. Todavía le quitan las tierras a los campesinos, pero ya no es de esa manera. Siempre inventamos una manera de joder a los demás. Entonces esa policía se nacionaliza, se levanta la censura de prensa. Los periódicos estaban no solo censurados, a El Tiempo y a El Espectador los quemaron. Entonces hay visos de un nuevo amanecer y Rojas promete hacer elecciones muy pronto, dice que por ahora tiene que terminar gobernando con los Conservadores que fueron los que habían ganado las elecciones. El partido Liberal no se presenta a las elecciones de Laureano Gómez. Dice que él termina eso, pero que va a incorporar también al Liberal, que va a hacer un gobierno multicolor. Resulta que a Rojas lo acompañan unos tipos tenebrosos que vienen del gobierno anterior y le empieza a decir, qué, liberales no, ni qué nada. Viene primero la ruptura con el partido Liberal, primero, y eso que este trata de mantener unas buenas relaciones. Un año después, menos cinco días, el 8 de junio del 54, mueren unos estudiantes que estaban en una protesta pacífica. Iban a presentar sus puntos de vista, porque habían asesinado a un amigo la víspera, y en vez de atenderlos, los dejan esperando en la calle y en un momento dado, unos soldados que no estaban capacitados para manejar situaciones civiles, les disparan y los matan. Ahí termina el paraíso, esa vislumbre de luz que tuvimos, termina ahí. Luego empiezan tres años de decadencia, hay otra vez violencia y una corrupción, yo creo que había un sector corrupto que se desmadró. Yo tengo una imagen mejor de Rojas que de su propio gobierno. Creo que el primer año es de un dictablando, no de un dictador, y se acerca más a lo grotesco que a lo cruel y lo terrible. Ha habido dictaduras terribles y crueles en América Latina. Rojas era otra cosa, y aunque después se degeneró mucho la dictadura, ese primer año fue diferente. Ese es el primer año en el que transcurre la historia”.
Su última novela fue en 2003, hace 10 años. ¿Se demoró tanto, por ponerse a investigar?
“No tiene que ver solo con eso. Yo hago muchas cosas y no tengo mucho tiempo, pero yo tenía esas imágenes. Triguero, un año de Rojas que me parecía, por lo que yo recordaba de niño, yo me acuerdo perfectamente lo que me pasó hasta los 20 años, de ahí en adelante se me complica la cosa y ahora no sé ni cómo se llama mi mujer, pero lo que yo recordaba era sensaciones, no análisis, porque un niño de 9 años no analiza, y luego la investigación confirmó mis investigaciones. Me puse a investigar con ayuda de una muchacha estudiante de antropología, Natalia Santa, por ejemplo yo dije, hay que conseguir alguna imagen en movimiento de Triguero, en esa época no había videos, ni esas cosas, pero se consiguió un noticiero viejo, en que me vendían un trozo en el que aparece Triguero, lo compré, a precios escandalosos, pero valiosísimo para mí. Yo me metía en la colección de El Tiempo, horas y horas, fascinado, no solo para buscar a Triguero, sino para buscar la época. Yo quería mentir en lo que necesitaba mentir, pero ser muy preciso en lo que no, para que me crean, para dar el engaño de que eso es verdad. Quería un reloj, necesitaba la marca exacta. En fin, fue una investigación muy interesante y un año tardé escribiéndolo. Tardé más armándolo que escribiéndolo”.
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