En el cuadro nacional de la irresponsabilidad, Antioquia aparece en el deshonroso primer lugar de quemados con pólvora. Somos un pueblo polvorero, irresponsable, que, a punta de voladores, bebe, celebra en corralejas, estadios o calles cargadas de público.
Sus víctimas, en su mayoría, son niños y jóvenes mutilados o marcados para siempre con las cicatrices de este juego de la muerte que no parecemos entender. Jugar con pólvora es jugar con la vida propia y también con la de nuestros hermanos, vecinos o la de cualquier ciudadano. No hay pólvora inofensiva. Un bebé puede quedar ciego, perder uno de sus ojos o morir envenenado al manipular la pólvora con la que su padre se "entretiene" mientras deja a su niño en el filo que separa a la vida de la muerte. Nunca más pólvora.
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