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La historia del periodista que guardó 30 años una entrevista con García Márquez y ahora la publica

El periodista y poeta Rafael Dario Jiménez Padilla nació en Aracataca, el pueblo natal de Gabriel García Márquez. Ahora publica un libro con una entrevista inédita con el autor de La hojarasca.

  • Rafael Darío Jiménez Padilla es un gestor cultural del Magdalena. FOTO Cortesía.
    Rafael Darío Jiménez Padilla es un gestor cultural del Magdalena. FOTO Cortesía.
13 de abril de 2026
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En 1993, el periodista Rafael Dario Jiménez Padilla recibió una invitación de Gabriel García Márquez a conversar con él en Cartagena. El autor de Cien años de soledad se había enterado por boca de un colega que Rafael Darío escribía por entonces una novela inspirada en el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, el abuelo del genio de Macondo. Bien visto, no era extraño que ambos se conocieran: los primeros años de García Márquez y de Rafael Darío transcurrieron en la avenida Monseñor Espejo, una calle de Aracataca, Magdalena.

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Rafael Ricardo grabó unos pasajes del encuentro que comenzó a las cuatro de la tarde y se extendió hasta las ocho de la noche. En otras partes del diálogo tomó apuntes, siguiendo las instrucciones de García Márquez, un reportero de la vieja escuela. Luego, ese material durmió el sueño de los justos hasta que hace unos meses unas complicaciones de salud hicieron que Rafael Ricardo cayera en la cuenta que con ese archivo podía hacer un libro. Así fue. Rafael Ricardo dice que está asombrado de la acogida que mereció Atando Cabos, conversaciones con Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha Pardo. “Publiqué en redes sociales el anuncio de que iba a vender el libro por encargo, cada ejemplar a cincuenta mil pesos. Alcancé a reunir cinco millones de pesos para imprimir los libros y comprarme unas medicinas”, dice el autor.

El periodista Daniel Samper Pizano conoció el trabajo de Rafael Ricardo durante un evento en conmemoración del centenario de nacimiento de Álvaro Cepeda Samudio y escribió una columna en Cambio. “Desde entonces no he dejado de recibir mensajes y llamadas”, dice Rafael Ricardo. EL COLOMBIANO conversó con él sobre su trabajo en Aracataca, el legado del genio de Macondo y las intimidades de una charla que ahora lo pone en la mira de los medios noticiosos nacionales.

Hablemos de su trabajo en Aracataca, el pueblo natal de García Márquez...

“Me he dedicado siempre al campo literario. Últimamente, por asunto de la edad, me he dedicado profundamente al turismo, sobre todo para resaltar a Aracataca, al que le llegó como un regalo del cielo esto de Gabo. Allá también nació el fotógrafo Leo Matiz. Tenemos una gran riqueza, lamentablemente los gobiernos centrales no miran los municipios. Entonces me he dedicado a impulsar esa parte, lo hice con la Casa Museo García Márquez. Ahora la comunidad sigue, pero yo arranqué el proyecto. Vivo de la literatura, doy conferencias, soy especialista en García Márquez”.

¿La mayoría de los turistas que llegan a Aracataca son extranjeros?

“Sí, la mayoría es extranjera porque viene vinculada a agencias. Yo tengo la agencia Macondo Travel, Allá me envían intérpretes, en inglés, italiano o francés. Los argentinos dejaron de venir por la caída de la moneda, lo mismo chilenos y brasileños. Los españoles se retiraron cuando cayó el euro. Últimamente son más los turistas mexicanos y de República Dominicana. Las agencias más organizadas son las de Italia. Recibo tres o cuatro agencias al año. Les gusta la manera como explico y también hay una conexión cultural, porque hay mucha influencia italiana en nuestra costa”.

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¿En qué época comenzaron a llegar los turistas?

“Esto empezó con la novela Cien años de soledad, en 1967. Llegaron muchos argentinos. En ese tiempo, en el pueblo no sabían bien quién era García Márquez. Nos llamó la atención que llegara gente preguntando por él y nadie sabía”.

¿Qué hicieron entonces?

“Como yo era estudiante que llegaba en vacaciones, me puse de acuerdo con otros estudiantes y dijimos que para la siguiente vez teníamos que haber leído Cien años de soledad o los cuentos. Cuando nos reunimos hicimos un taller entre nosotros y, con lo que contaban los abuelos, nos volvimos guías espontáneos”.

¿Por qué se interesó por el coronel Nicolás Márquez?

“Me di cuenta de que las personas hablaban de los personajes de García Márquez, de sus padres, de sus hermanos, pero nadie hablaba del abuelo. Entonces decidí investigarlo. Hablé con muchos ancianos, reconstruí la memoria del pueblo. Identifiqué cómo estaban organizadas las calles: familias guajiras, venezolanas, italianas, cachacas. Así mismo lo hizo Gabo para crear Macondo”.

¿Cuántas veces vio en persona a García Márquez?

“Yo lo vi unas 10 o 12 veces. La primera fue cuando, un año después del Nobel, él llegó a Aracataca a presentar el premio al pueblo. Luego lo volví a ver en el Festival de Cine de Cartagena. Ya me identificó porque yo sacaba una revista cultural. Después, cuando él estaba trabajando en sus memorias, le dijeron que yo había investigado a su abuelo y quiso hablar conmigo”.

Hablemos de esa entrevista...

“Fue en 1993, en Cartagena. Yo fui porque él me mandó a llamar. Hablamos más de tres horas. Estábamos él, su esposa Mercedes y yo. Desde las 4:00 p. m. hasta las 7:30 de la noche. Hablamos del abuelo, de Aracataca, del periodismo, de la literatura. Él me permitió grabar algunas partes y otras no. Yo no iba con la intención de hacer una entrevista formal, sino una conversación”.

¿Qué momentos recuerda de esa conversación?

“Recuerdo que le pedí permiso para ponerle su nombre a mi hijo. Él pensó que yo le iba a pedir dinero. Cuando le dije que era para el nombre, le dijo a Mercedes. ‘¿Qué tal la idea?’ Ella se mostró muy conmovida. Recuerdo que Mercedes era la que manejaba las cosas prácticas, él le hacía caso, casi como un niño. También hubo momentos tensos. Por ejemplo le corregí datos sobre su abuelo, fechas de nacimiento y muerte. En un momento, me golpeó el pecho con el dedo indice y me dijo: ‘¿Tú crees que sabes más que mi mamá?’. Pero era una forma de diálogo muy caribe, de respeto entre mayores y jóvenes”.

¿Qué pasó después con ese material?

“Él me dijo que publicara eso, que lo vendiera, que me rebuscara. Yo no lo hice durante años. Solo una vez intenté venderlo cuando él falleció, pero no se dio. Ahora, después de una operación grave que tuve, decidí publicarlo”.

¿Por qué decidió publicarlo ahora?

“Porque estuve enfermo. Tuve una operación gástrica, me quitaron gran parte del estómago. Me salvaron. No tengo pensión, a pesar de haber trabajado con instituciones. Entonces decidí publicar el libro. Hice una preventa a 50.000 pesos y la comunidad respondió. Recogí cinco millones de pesos en tres meses. Con eso mandé a imprimir el libro. Parte de ese dinero lo uso para medicamentos, que son costosos”.

Para terminar, ¿su hijo se llamó Gabriel?

“Sí, se llama Gabriel José. Nació el 19 de marzo. Cuando se lo dije a Gabo, él se sorprendió porque es el día de San José. Me dijo que entonces era más Gabriel José que él mismo. Hablamos de eso, de los nombres, de su familia”.

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