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Atención: Murió el reconocido escritor y periodista Plinio Apuleyo Mendoza

Apuleyo Mendoza falleció a los 94 años y fue una de las personas más cercanas a Gabriel García Márquez durante su extensa carrera política y periodística.

  • FOTO: Colprensa
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hace 60 minutos
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En la tarde de este martes 28 de julio se confirmó la muerte del reconocido escritor y periodista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza a los 94 años, quien era una de las personas más cercanas a Gabriel García Márquez, dejando tras de sí un legado invaluable en el periodismo narrativo, la novela y el ensayo político.

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La cultura y las letras en Colombia perdieron a uno de sus observadores más lúcidos e incansables, pues para muchos de la opinión pública, Apuleyo Mendoza era “la voz indispensable de las letras, el periodismo y el pensamiento político colombiano”.

La noticia del fallecimiento, cuya confirmación fue conocida por EL COLOMBIANO, trascendió inicialmente a través de las redes sociales por un mensaje publicado por el periodista Gustavo Gómez, sumado a los pronunciamientos de diversas figuras de la vida pública nacional.

Asimismo, sus allegados le confirmaron la lamentable pérdida a El Tiempo, casa editorial para la cual trabajó Apuleyo Mendoza durante varios periodos de su trayectoria laboral. Hasta el momento, las causas de su deceso no han sido divulgadas.

Uno de los primeros líderes políticos en manifestar sus condolencias fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien rindió tributo al autor con un sentido mensaje publicado en su cuenta de X.

“Murió Plinio Apuleyo Mendoza, un ser excepcional, el periodista, el escritor, el humanista, el liberal, el crítico, el soldado de la democracia, el defensor de los soldados. Soy deudor de su apoyo de tantas horas. Patricia, hermanas, familia estimada, siempre gracias”, expresó el exmandatario.

El origen de una mirada aguda: la vida de Plinio Apuleyo Mendoza

Plinio Apuleyo Mendoza nació en Tunja el 1 de enero de 1932, en un entorno familiar profundamente conectado con el ejercicio de la abogacía, la política y la cultura. Su nombre de pila constituyó un homenaje directo a dos referentes literarios de la antigua Roma: Plinio el Joven y Apuleyo.

Su juventud quedó atravesada por uno de los acontecimientos más traumáticos del siglo XX en Colombia: el 9 de abril de 1948, su padre, el abogado Plinio Mendoza Neira, caminaba del brazo del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá al momento de su asesinato.

Aquella tragedia que desencadenó el “Bogotazo” moldeó tempranamente su visión de la violencia política, experiencia que posteriormente plasmaría en sus textos autobiográficos. Buscando horizontes de formación académica, Mendoza se trasladó a Francia para cursar Ciencias Políticas en la prestigiosa Universidad de La Sorbona en París.

Durante su permanencia en el viejo continente asumió funciones diplomáticas como primer secretario de la Embajada de Colombia y dio sus primeros pasos en la prensa escrita, publicando crónicas y notas en diarios latinoamericanos y europeos.

El entrañable “compadre” de Plinio, Gabriel García Márquez

El vínculo personal y literario con el Premio Nobel Gabriel García Márquez constituye una de las páginas más fascinantes de la biografía de Apuleyo Mendoza. Sus comienzos, sin embargo, no anticipaban una amistad tan estrecha.

En una entrevista concedida a La Gaceta de Argentina, Mendoza evocó aquel primer choque cultural: “El Gabo de entonces era para mí un típico costeño, ruidoso, borracho, mal estudiante, vestido con un descuidado traje tropical que le hacía vulgares propuestas a la camarera, mientras yo era lo contrario: un cachaco nacido en el frío altiplano, tímido, cortés y respetuoso”.

El verdadero acercamiento ocurrió hacia 1955 en el Barrio Latino de París. García Márquez se encontraba allí enviado como corresponsal por El Espectador, mientras Mendoza escribía colaboraciones periódicas para El Tiempo a la par que terminaba sus estudios universitarios.

Vecinos de habitación en modestos hoteles del sector establecieron un diálogo diario centrado en el oficio de escribir. Mendoza no solo respaldó económicamente a García Márquez en sus momentos de mayor apuro financiero, sino que leyó con paciencia sus manuscritos iniciales y le facilitó contactos para encargos periodísticos.

La complicidad alcanzó un matiz familiar cuando el autor caturano lo eligió como padrino de su primer hijo, Rodrigo. “Mi amistad con Gabo duró hasta su muerte. Éramos como hermanos”, atestiguó Mendoza años más tarde.

De esa intimidad compartida entre ambos nació El olor de la guayaba (1982), obra conversacional escrita conjuntamente donde García Márquez desveló aspectos centrales de su genio creador, entre ellos el origen de Cien años de soledad durante un viaje a Acapulco.

Mendoza complementó esta labor testimonial en títulos como La llama y el hielo (1984) y Aquellos tiempos con Gabo (2000), recopilación ampliada en entregas posteriores como Un García Márquez desconocido (2009) y Gabo: cartas y recuerdos (2013).

A pesar del paulatino distanciamiento doctrinario entre ambos —García Márquez mantuvo siempre una estrecha sintonía con Fidel Castro, mientras Mendoza se convirtió en un férreo crítico del régimen cubano—, el afecto entre “compadres” nunca se extinguió.

Mendoza fue uno de los amigos que acompañó al Nobel en Bogotá cuando este ya padecía lapsos de alzhéimer, oportunidad en la que registró: “Logré recordarle cosas que había olvidado”.

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