En la sala del emblemático Salón Oval en Washington D.C., el presidente Donald Trump miró a los ojos a su homólogo Gustavo Petro y le preguntó si tuvo miedo de que Estados Unidos lo capturara igual que al dictador Nicolás Maduro, como sucedió hace poco más de un mes. La pregunta dejó a todos los asistentes en silencio y luego sacó sonrisas, como esas bromas que encajan luego de unos segundos. “Me preguntó si me había asustado y qué pensaba de la acción en Caracas. Yo le dije que estaba acostumbrado a la guerra. No profundizamos más en el tema”, dijo luego Petro.
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Este martes, tras una reunión que duró dos horas, ambos mandatarios pasaron de una “guerra” que amenazaba con romper la histórica relación diplomática, política y económica con los gringos, a una especie de luna de miel en el ocaso del mandato del petrismo.
El encuentro fue anunciado luego de que Petro conversó con Trump durante casi una hora por teléfono a principios de enero cuando el gobierno colombiano difundió la teoría de que el líder de la izquierda colombiana podría correr la misma suerte que Maduro; un escenario improbable porque Petro no tiene ni el 5% de acusaciones que tenía el dictador venezolano.
El temor estaba presente, pero también era funcional a la narrativa de confrontación o victimización para elecciones. Sin embargo, la tensión bajó por iniciativa de intermediarios de ambos gobiernos como Daniel García-Peña, embajador de Colombia en Estados Unidos y los senadores republicanos Bernie Moreno —con familia en nuestro país— y Rand Paul.
Más allá de los temas que discutieron este martes, como la lucha contra el narcotráfico, la crisis en Venezuela y la tensión con Ecuador, el encuentro venía cargado por antecedentes inéditos: nunca antes un presidente colombiano había sostenido una relación tan conflictiva con un mandatario estadounidense y además en tan poco tiempo, apenas un año desde que el magnate republicano volvió a un segundo periodo presidencial.
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Petro intentó llamar la atención de Trump de todas las maneras posibles y llegó al punto de decir con megáfono en mano, luego de la Asamblea de Naciones Unidas, en una calle cualquiera en Nueva York, que los soldados norteamericanos debían desobedecer a su comandante en jefe por el conflicto en la Franja de Gaza.
A ese acto provocador, por decir lo menos, le antecedía la decisión de la administración republicana de descertificar a Colombia en la lucha contra el narcotráfico y poner el foco de responsabilidad en el presidente. Pero no se quedó ahí, porque luego la Casa Blanca decidió incluir a Petro y su círculo —Verónica Alcocer, Nicolás Petro Burgos y Armando Benedetti— en la temida Lista Clinton, que les ha traído sanciones económicas y líos de todo tipo.
La lista de peleas podría seguir, pero basta con decir que Trump consideraba que Petro era “un enfermo” que lideraba “fábricas de drogas” y el colombiano le respondía, como suele hacer, con ataques al insistir que el magnate estaba “del lado de la muerte” y que incluso era nazi.
Pues todo eso, tras lo que pasó ayer, quedó en el pasado. Y así fue como se cocinó.
Regalos y hasta dedicatorias
EL COLOMBIANO conoció detalles, por fuentes del Gobierno, de la previa al encuentro y la estrategia liderada por el embajador García-Peña, quien también contó con el respaldo de funcionarios del Departamento de Estado al mando de Marco Rubio —otrora crítico feroz de Petro—.
Algunos asesores del mandatario colombiano le reiteraron la importancia del encuentro para “aclarar”, según ellos, mentiras instaladas en el corazón de Washington. Por eso, acudieron a una cantidad de símbolos para intentar llamar la atención de sus interlocutores. Según fuentes, hubo dos grandes líneas.
Primero, el contenido de la reunión, cuya línea fue trazada por García-Peña con ayuda del general (r) Pedro Sánchez, ministro de Defensa. Para eso, le pidieron a varios funcionarios que organizaran carpetas con diseños atractivos —imprimieron fotos gigantes de cultivadores de hoja de coca, por ejemplo— sobre los resultados del Gobierno en la lucha contra el narcotráfico y contra los grupos criminales, un tema determinante para EE. UU. y sus intereses.
A eso le pusieron una portada titulada en inglés “Colombia first in the fight against terrorism” (Colombia primero en la lucha contra el terrorismo). Y en esa línea también aceleraron la extradición del narco Andrés Felipe Marín alias Pipe Tuluá, que se produjo temprano este mismo martes. Días antes, Colombia retomó y aumentó los vuelos con repatriados desde Estados Unidos, el primer gran punto de disputa entre Petro y Trump hace un año.
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“Le mostré los nombres propios y sus alias de los capos que dominan los campos en Colombia y que viven en el extranjero y en Estados Unidos y le pedí el favor para que cree una fuerza para perseguir sus capitales”, dijo el colombiano en su balance.
La segunda estrategia tenía que ver con lo simbólico traducido en regalos. El Gobierno, desde varias dependencias, armó una especie de “ancheta” con productos colombianos como café, chocolate y artesanías que le entregaron a Trump y Rubio, pero también al vicepresidente J.D Vance y al senador republicano Bernie Moreno, quien inicialmente no iba a participar del encuentro, pero terminó sentado mirando de frente a los acompañantes de Petro: la canciller Rosa Villavicencio, el embajador García-Peña y el ministro Sánchez.
Entre los regalos, como reveló este diario, estuvo una pieza precolombina de oro macizo que estaría avaluada en $700 millones de pesos. También le llevaron al republicano un figura pequeña de un jaguar en colores.
El embajador colombiano, un politólogo veterano de izquierda que vivió en ese país y estudió su política, llevaba un regalo adicional con el fin adular a Trump: un ejemplar del bestseller Trump: the art of the deal (el arte de negociar), que luego el magnate le firmó a Petro con la dedicatoria “you are great” (eres genial). A lo que Petro comentó publicando la foto: “¿Qué me quiso decir Trump en esta dedicatoria? No entiendo mucho el inglés”.
Trump también firmó una hoja que quedó en una carpeta junto a una foto de ambos dándose la mano. El papel, escrito en inglés originalmente, decía: “Gustavo, un gran honor. Amo a Colombia”. El gran recuerdo de la luna de miel.
A la suma de regalos mutuos, la Casa Blanca le regaló a todos los invitados unos souvenirs como si se tratara de la visita a un parque de diversiones: la gorra roja firmada con las letras bordadas que decían Make America Great Again, el movimiento de Trump.
En las fotos, a la salida del Despacho Oval, se ve a la comitiva colombiana riendo a carcajadas con esos obsequios. Minutos después del encuentro, Petro publicó un mensaje en X en el que decía que le propuso a Trump “un cambio en la moda: ponerle una ‘S’ a América. Parece que le gustó. Américas”.
Sanciones, Venezuela y otros temas de la reunión
Según dijo la Cancillería y el propio Petro después en la rueda de prensa desde la embajada de Colombia en Washington, además del narcotráfico la reunión incluyó otros temas que involucran a nuestros vecinos, Venezuela y Ecuador.
En este último caso, tras tensiones recientes entre Daniel Noboa y Petro, Trump se ofreció como mediador y que llamaría al mandatario ecuatoriano para intentar arreglar la relación de la “triple alianza”, un grupo militar para atacar problemas en la frontera entre Colombia y Ecuador con ayuda de Estados Unidos.
Sobre el tema venezolano, Petro dijo que Trump le preguntó sobre Delcy Rodríguez y dijo que mantiene una relación de diálogo con ella y el régimen chavista. Frente a Venezuela, precisamente, tocaron el tema de las sanciones al petróleo de ese país y que incluso el jefe de Estado colombiano dijo que si se levantaban, Ecopetrol podría tener acciones en la estatal petrolera PDVSA. Ricardo Roa, cuestionado presidente de la petrolera, también estuvo en la Casa Blanca, pero no entró al Salón Oval.
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Precisamente, sobre las sanciones, Petro dijo que no habló sobre su inclusión o eventual exclusión de la Lista Clinton, pero que “es un tema del futuro. “(Trump) me dijo: ‘no me gustan las sanciones’. Le dije: ‘a mí tampoco’. Ese es un problema del futuro”.
“La lista no es efectiva contra el narcotráfico si no es complementada por una persecución de capitales a nivel mundial. Lo demás es simbólico, produce daños personales, pero no acaba el narcotráfico”, agregó.
Petro también volvió a cuestionar las cifras de la ONU y de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) sobre la lucha contra las drogas. Para él, esos datos son cuestionables y por eso invitó a Donald Trump a visitar Colombia. En ese sentido, dijo que la lucha de su Gobierno contra el narcotráfico va por buen camino y espera que se levanten las sanciones. “No hablé con Marco Rubio, hablé con Trump. Él no cree que en las sanciones, un camino de sanciones”.
En la víspera al encuentro, Petro habló con John McNamara, el encargado de negocios de Estados Unidos en Colombia, y hablaron elecciones. Le manifestó al diplomático que “si gana alguien de mi línea política las reglas no deben cambiar. La gente es libre de elegir su camino”. Sin embargo, en la reunión en el Despacho Oval no habló de ese tema, a pesar de la presencia del senador Moreno y del secretario Rubio que su origen latino tiene buenas relaciones con sectores de la derecha colombiana.
“Me pareció fantástico”: Trump
Trump fue interrogado por periodistas sobre su balance del encuentro con el líder colombiano. Dijo que “no éramos exactamente los mejores amigos, pero no me sentí ofendido porque nunca lo había conocido. No lo conocía en absoluto (...) también estamos trabajando en otras cosas incluidas sanciones. Y tuvimos una reunión muy buena”. Además señaló que “me pareció que estuvo fantástico, ya sabes, estuvo muy bien. Nos llevamos de maravilla”.
Luego le volvieron a preguntar por el trabajo de ambos países contra los grupos criminales en la frontera con Venezuela y apenas dijo que “bueno, eso es lo que quieren que hagamos y lo haremos”.
La relación entre Bogotá y Washington entra así en una nueva fase, marcada no por la coincidencia ideológica, sino por una apuesta pragmática por la cooperación, tras meses de enfrentamientos verbales, decisiones unilaterales y tensiones diplomáticas sin precedentes recientes.
Analistas consultados coinciden en que Petro va de salida y que Estados Unidos, como suele hacer con otros países bajo la doctrina de Trump, los lleva casi a límite y luego entra a negociar y hacerlos sentir “relevantes” en tanto sean funcionales a sus intereses.
¿Qué sigue para Colombia?
El factor elecciones, sin duda, es un tema clave para analizar y que parece desinflarse tras el encuentro “fantástico” que tuvieron ambos mandatarios. El profesor de la Universidad del Rosario, Yann Basset, opina que “a Petro le sirve porque unas malas relaciones con la Casa Blanca habrían sido un argumento de campaña de la derecha para decir que su balance era malo. Se les quita ese argumento y así las elecciones se pueden organizar con más calma, centrándose en los problemas colombianos”.
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El profesor dice que “Petro había logrado subir en la opinión pública con esos choques con Trump, pero desde la intervención de EE. UU. en Venezuela la situación es a otro precio y es un juego más peligroso para Colombia (...) es positivo para todos que se calme este frente de la relación con EE. UU. aunque no se resuelvan todos los problemas de la noche a la mañana”.
Por otro lado, el politólogo Alejandro Chala le dijo a este periódico que “ambos presidentes ganan en espectros distintos. Petro gana en el plano discursivo y simbólico, porque logra expresarle abiertamente a Trump su política de drogas, que era su principal objetivo, y demostrarle que ha tenido avances y triunfos, y cuestiona la metodología de la ONU”.
“Trump, por su parte, gana en la gestión del riesgo. Contiene una crisis con un país que ha sido un aliado tradicional y esto lo hace en un ambiente político enrarecido en EE. UU. en el que vienen las elecciones de medio término y contiene y desactiva las críticas que se estaban haciendo a la manera en que se estaba llevando la relación con Colombia desde el Partido Demócrata”, agrega.
Finalmente, Rubén Erazo, especialista en marketing político y estrategias de campaña de la Universidad Externado, subraya que aunque el recibimiento de Trump a Petro marcó una distancia protocolaria clara, el clima del cara a cara fue descrito como “bastante amigable”, lejos del escenario de confrontación que algunos sectores opositores anticipaban.
Según su análisis, Petro llegó con un giro discursivo notable: su retórica “antiimperialista” se moduló hacia un tono más diplomático.
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Para Erazo, no hay dudas que Washington ya mira la baraja del sucesor de Petro: “se percibe mayor afinidad con Roy Barreras frente a Iván Cepeda, mientras figuras como Juan Carlos Pinzón y Abelardo de la Espriella han movido fichas en EE. UU. con estrategias de visibilidad y diplomacia silenciosa”.
En resumen, Petro salió feliz pensando que Trump lo considera como una especie de líder mundial, que es con lo que ha soñado siempre. Pero en la práctica, para decirlo en sus términos, el magnate se entiende en lenguaje de los business (negocios). Como aquella frase del exsecretario de Estado Henry Kissinger, “Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos permanentes, solo intereses”. Y así quedó demostrado.
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