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Don Joaquín: el guardián del tiempo en la Catedral Primada, testigo de la historia del país

El escritor Pablo Navarrete narra en un libro la vida de su bisabuelo, quien entre 1920 y 1950 cuidó del reloj francés del principal templo de Colombia.

  • A la izquierda la Catedral Primada de Colombia. A la derecha, Joaquín Rodríguez, quien durante 30 años fue el relojero del principal templo del país. Fotos: Catedral Primada y cortesía
    A la izquierda la Catedral Primada de Colombia. A la derecha, Joaquín Rodríguez, quien durante 30 años fue el relojero del principal templo del país. Fotos: Catedral Primada y cortesía
  • Portada del libro que cuenta la historia de Joaquín, relojero de la Catedral Primada por 30 años. Publica Mediapluma Editorial. Foto: cortesía.
    Portada del libro que cuenta la historia de Joaquín, relojero de la Catedral Primada por 30 años. Publica Mediapluma Editorial. Foto: cortesía.

El tiempo es el hilo conductor de El relojero de la Catedral, la novela del escritor Pablo Navarrete que reconstruye la historia de su familia a lo largo de varias generaciones y la conecta con episodios clave de Bogotá y del país. La obra parte de un hecho concreto: durante décadas, su bisabuelo Joaquín Rodríguez fue el encargado de dar cuerda al reloj de la torre de la Catedral Primada de Colombia, continuando un oficio iniciado por su padre, Elías Rodríguez.

El templo donde transcurre esta historia no es un escenario menor. La catedral ha sido un punto central desde la fundación misma de la ciudad: en 1538, tras la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada, allí se ofició la primera misa por parte de Fray Domingo de las Casas.

Siglos después, durante el Grito de Independencia de Colombia, la catedral y la actual Plaza de Bolívar se convirtieron en el epicentro de la revuelta contra el dominio español.

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En el Siglo XIX fue testigo de los disturbios del El Bogotazo (9 de abril de 1948) tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, y también de la violencia durante la toma y retoma del Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985.

Además, ha recibido visitas de papas como Pablo VI, Juan Pablo II y Francisco, y funciona como panteón nacional, al albergar los restos de figuras como Antonio Nariño y el propio Jiménez de Quesada.

En ese espacio, donde convergen historia política, religiosa y social, se inscribe también la historia íntima de la familia Rodríguez.

“Siempre hubo una deuda con esta historia”, explica el autor en diálogo con EL COLOMBIANO, quien creció escuchando relatos familiares de su tío Juan Manuel, pieza clave en la reconstrucción del caso, y de su abuela Mercedes sobre la vida de Joaquín y sobre una Bogotá marcada por dificultades y pérdidas.

Esos recuerdos estaban atravesados por el dolor: “Siempre que escuchaba la historia, me llevaba a sentir el dolor de mi abuela, de mi padre, de mis tíos”.

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Esa motivación se volvió más urgente cuando decidió entrevistar a su abuela para reconstruir el pasado familiar. “Cuando acabo las entrevistas con mi abuela, a la semana fallece sorpresivamente”, relata. A partir de ese momento, el proyecto adquirió otro sentido: “Contarla es saldar una deuda que la familia tiene con la vida de Joaquín Rodríguez”.

Portada del libro que cuenta la historia de Joaquín, relojero de la Catedral Primada por 30 años. Publica Mediapluma Editorial. Foto: cortesía.
Portada del libro que cuenta la historia de Joaquín, relojero de la Catedral Primada por 30 años. Publica Mediapluma Editorial. Foto: cortesía.

El “diestro relojero”

En el centro del relato está Mercedes Rodríguez, “Mechitas”, quien se convierte en el eje emocional del libro. Su historia no se presenta de manera idealizada. Es un personaje complejo, con comportamientos contradictorios. El propio autor retoma una definición que resume esa ambigüedad: una mujer de “pasmosos contrastes: cariñosa y cruel, víctima y victimaria”.

Esa caracterización es reforzada por Daniel Coronell, quien presenta la obra y subraya en el texto la riqueza de sus personajes. Sobre Joaquín destaca una dimensión menos visible: “Además de diestro relojero, era músico virtuoso. Tocaba con destreza varios instrumentos, podía interpretar desde Tchaikovski hasta los bambucos de Garzón y Collazos”.

La observación muestra a un hombre que, pese a su condición de trabajador empírico, tenía una sensibilidad artística amplia. Coronell también profundiza en la figura de Mercedes: “la abuela enredadora y cruel pero también dulce y comprensiva; despectiva y cariñosa; víctima y victimaria”.

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Y concluye con una lectura sobre la intención del autor: Navarrete escribe con la esperanza de que “alguien encuentre, entre el cúmulo de letras, el corazón de quien escribe”.

Hace diez años, Navarrete se dedica plenamente a la escritura y a la creación de libros. Comenzó trabajando sobre la memoria del conflicto armado con cuatro libros en coautoría con Olga Behar y su hija Carolina Ardila.

Los tres más recientes los ha publicado en solitario, incluyendo Plegarias del Pueblo Muerto, sobre la masacre del Aro.

Ahora, de la mano de Mediapluma Editorial, llega con la historia de Joaquín Rodríguez, quien trabajó entre 1920 y 1950 como relojero de la catedral, en un oficio empírico y poco reconocido. Su bisabuelo era un trabajador contratado por la Iglesia.

“Mi familia paterna es lo menos católica posible... religiosos jamás”, afirma el autor. Joaquín era, en cambio, un liberal convencido: “No porque fuera partidista, sino porque con su trabajo defendía ciertos valores”. Además de su labor en la catedral, enseñaba música a niños del barrio y participaba en actividades comunitarias.

La investigación del libro tomó seis años e incluyó entrevistas, archivos familiares y documentos antiguos, como los recibos de pago de Joaquín por su trabajo como relojero.

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