Aunque la Universidad Nacional se prepara para este domingo depositar en un osario los que se consideran son los restos óseos del excura guerrillero Camilo Torres, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas todavía no confirma la plena identidad del sociólogo y exintegrante del ELN.
Esa entidad, que lleva seis años liderando la investigación para identificar el cuerpo de Camilo Torres, comunicó que todavía esperan los resultados finales de laboratorios genéticos en Colombia, entre ellos Medicina Legal, y uno adicional en EE. UU. que tiene muestras forenses desde la primera semana de diciembre de 2025.
“En este momento continuamos a la espera de los resultados de los últimos análisis para que el equipo forense de la Unidad de Búsqueda pueda emitir el informe integral de identificación y el reporte de lo acaecido”, dio a conocer la entidad que nació a partir del Acuerdo de Paz con las Farc.
El 19 de junio de 2024, según la UBPD, se llevó a cabo la recuperación de un cuerpo que, “según indicios asociados y morfológicos como edad, sexo biológico, talla, contextura y signos de trauma violento”, podría corresponder al sacerdote que fue abatido en combate el 15 de febrero de 1965. No obstante, su plena identidad no está confirmada todavía, como también lo ha dicho Medicina Legal.
El Tiempo reveló que todo está preparado para que este domingo, en la capilla de la Universidad Nacional, en un osario por ahora tapado con plástico negro, reposen los restos óseos de Torres, sin una confirmación de identidad plena.
Según dio a conocer ese medio, la construcción de estas paredes de concreto no es una adecuación locativa menor, sino la preparación técnica para recibir una urna que, en teoría, contendría los restos de Torres.
Esta infraestructura física evidencia una carrera institucional por “repatriar” al campus los restos de su docente y capellán más emblemático, incluso antes de que la ciencia dé su última palabra.
La vicerrectora Carolina Jiménez reconoció a El Tiempo que la institución ha pasado de la conmemoración simbólica —marcada por una placa instalada en el lugar— a la intervención física directa.
Jiménez justificó la premura de las obras basándose en la “alta probabilidad” mencionada en medios de comunicación, una decisión que parece ignorar la cautela técnica y forense que aún mantiene la Unidad de Búsqueda.
Para la administración de la universidad, el regreso de Camilo Torres al campus es un principio institucional que trasciende el trámite forense. “El lugar donde deben descansar los restos es en el campus”, sentenció la vicerrectora Jiménez.
Esta determinación plantea un desafío a los protocolos de la UBPD, pues mientras la universidad ya construye el osario de concreto, la autoridad forense insiste en que el informe de identificación es una “condición ineludible” y que la disposición final del cuerpo solo puede ser autorizada por el buscador oficial, no por la voluntad de una institución académica.
Una espera de 60 años
El 15 de febrero de 1965, Camilo Torres y otros cuatro guerrilleros cayeron abatidos en medio de combates entre el ELN y la Fuerza Pública en el corregimiento de El Carmen, zona rural de San Vicente de Chucurí, en Santander, cuando se enfrentaron a una patrulla militar de la Quinta Brigada. Al lado quedó su carabina .30 que portaba ese día.
Camilo Torres en ese momento llevaba cuatro meses vinculado a las filas guerrilleras, que entonces se hacían llamar Fuerzas de Liberación Nacional.
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El día de los hechos, el consejo superior de la Universidad Nacional aprobó una proposición que rezaba: “El consejo superior universitario lamenta la muerte del sacerdote Camilo Torres Restrepo, a quien prestó valiosos servicios a la Universidad Nacional de Colombia, como profesor y capellán, que le valieron el reconocimiento y el aprecio del claustro, y deplora que sus actividades de los últimos meses lo hubieran conducido a tan trágico fin”.
La Unidad de Búsqueda ha dicho que el abordaje “integral del contexto y de las estructuras óseas exhumadas” ha sido desarrollado por un equipo especializado conformado por investigadores humanitarios, médicos forenses, antropólogos, odontólogos y genetistas, quienes vienen practicando distintos estudios y recuperando evidencias, incluidas las muestras biológicas.
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Las evidencias recaudadas han sido minuciosamente correlacionadas con la información aportada por las diversas fuentes de información, entre otras, los documentos, testimonios, investigaciones históricas que, junto con los hallazgos técnico-científicos, han sido relevantes para confirmar diversas hipótesis investigativas.
El padre jesuita Javier Giraldo, su buscador
La entidad dice que su activación de protocolos en el caso Camilo Torres inició en 2019 tras la “solicitud expresa” de su buscador, quien en el 2019 señala: “Las atribuciones de la Unidad de Búsqueda, con rango constitucional, le dan mayores posibilidades de éxito en esta búsqueda que interesa a una franja importante de la población colombiana...”.
Esa persona, según un informe publicado por El País América, es el sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno, quien ha trabajado por más de 30 años con comunidades afectadas por el conflicto armado, con mucho énfasis en trabajo con población en San José de Apartadó.
Se ha desempeñado como director del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP). Además, se ha dedicado a investigar los orígenes y la expansión de los grupos paramilitares en Colombia, analizando sus vínculos con estructuras estatales y sectores del narcotráfico.
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En ese contexto, el rol de Javier Giraldo ha sido clave. Ese mismo medio de comunicación dio a conocer que antes de llegar los supuestos restos óseos de Camilo Torres a un panteón militar en el Cementerio Municipal de Bucaramanga, permanecieron en Patio Cemento, en zona rural de San Vicente de Chucurí, en el departamento de Santander.
El medio cita un informe forense de 2024 que “apunta a que primero estuvieron enterrados bajo tierra, sin ningún tipo de cuidado o custodia, y después fueron trasladados a la bóveda en el panteón militar. El cuerpo de Camilo fue enterrado como el de un militar caído en combate”.
Aunque la Unidad de Búsqueda es cautelosa todavía, El País América ha dado por hecho que ha sido identificado Camilo Torres tras 60 años de la búsqueda de su cuerpo tras el combate con la Fuerza Pública en San Vicente de Chucurí, Santander.
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“La única forma de verificar los restos óseos fue cotejándolos con el ADN de sus padres. En 2016, durante la Administración de Juan Manuel Santos, se llevó a cabo un trabajo diplomático para obtener la autorización del Gobierno de Cuba y exhumar los restos de Isabel Restrepo, la madre de Camilo. Estaba enterrada desde su muerte en 1973 en La Habana, donde pasó los últimos años de su vida en el exilio tras la muerte de su hijo. Lo mismo se gestionó con los restos de Calixto Torres Umaña, su padre, muerto en 1960 y cuyo cuerpo fue exhumado del Cementerio Central de Bogotá. Las muestras genéticas fueron conservadas en neveras durante 10 años, a la espera de algún cuerpo que fuera compatible”, dice el medio de comunicación.