<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Antioquia | PUBLICADO EL 04 octubre 2021

El crimen organizado ya no controla a los ladrones en el Valle de Aburrá

  • La Policía Metropolitana anunció más operativos de control en el Valle de Aburrá, pero esto al parecer no ha cambiado la percepción de inseguridad en la ciudadanía. FOTO julio césar herrera
    La Policía Metropolitana anunció más operativos de control en el Valle de Aburrá, pero esto al parecer no ha cambiado la percepción de inseguridad en la ciudadanía. FOTO julio césar herrera
  • La Policía Metropolitana anunció más operativos de control en el Valle de Aburrá, pero esto al parecer no ha cambiado la percepción de inseguridad en la ciudadanía. FOTO julio césar herrera
    La Policía Metropolitana anunció más operativos de control en el Valle de Aburrá, pero esto al parecer no ha cambiado la percepción de inseguridad en la ciudadanía. FOTO julio césar herrera
Por: Nelson Matta Colorado

El Poblado y Laureles son sitios en los que la delincuencia común no se rige por órdenes de la mafia.

69%
de los hurtos perpetrados en Medellín son a personas.

A diferencia de las décadas pasadas, en las que los “reyes” del crimen controlaban todos los niveles de la delincuencia en Medellín, hoy parece que a la mafia no le interesa contener a los ladrones, o que ya perdió esa capacidad.

Este año se han cometido 22.442 hurtos en la ciudad (con corte a septiembre 24), sumando los robos a personas, motos, carros, residencias y al comercio, según el Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia (Sisc) de la Alcaldía. Esto implica que hay 83 casos diarios y 3,5 por hora, en promedio, sin contar el enorme subregistro de víctimas que no denuncian por pereza, miedo o desconfianza en el sistema judicial.

El hurto a personas representa el 69% de todos los hechos, con 15.415 denuncias, 26% más que en el mismo periodo de 2020 (cuando inició la pandemia), y 18% menos que en 2019, para compararlo con un año convencional.

A diario se publican en redes sociales y medios de comunicación atracos en restaurantes, centros comerciales, vías y lugares turísticos, lo cual incrementó la percepción de inseguridad de los ciudadanos, tal cual ha venido registrando EL COLOMBIANO.

Las autoridades locales y la Policía crearon estrategias de choque para mitigar el problema, como el Grupo de Reacción Antifleteo y el Plan Cazadores (con agentes encubiertos en restaurantes); en Itagüí se prohibieron los pasajeros de moto hasta marzo de 2022.

La situación no pasa desapercibida para los analistas de seguridad e investigadores judiciales, varios de los cuales conversaron con este diario.

Hegemonías criminales

Como antecedentes, hay que reseñar que entre 1983 y 1993 hubo una hegemonía criminal del cartel de Medellín y su líder Pablo Escobar, en la que la mayoría de bandas se alinearon a sus directrices. El patrocinio del narcotráfico llenó las arcas de estos grupos, que a punta de sicariato, plazas de vicio y secuestros colmaron las rentas ilícitas que antes lograban robando.

Tras el desmantelamiento del cartel, se disparó la delincuencia común. Las bandas que otrora recibían patrocinio de narcos, tuvieron que buscar su propio sustento y aumentó el hurto, especialmente de vehículos y autopartes.

Como respuesta a ese fenómeno, en 1994 el crimen organizado, de la mano de algunos empresarios afectados, creó el grupo Muerte a Jaladores de Carros (Majaca), al cual se le atribuyeron 50 homicidios en sus primeros siete meses de operaciones, la mayoría contra supuestos reducidores y ladrones de autopartes.

En ese tiempo se consolidó el reinado ilegal de Diego Murillo (“don Berna”), quien con el bloque paramilitar Cacique Nutibara, “la Terraza” y “la Oficina” gobernó el bajo mundo, hasta su extradición en 2008. Durante ese periodo se redujeron los indicadores de inseguridad, en lo que fue conocido como la “donbernabilidad”.

Quien robaba sin permiso, o la comunidad lo señalaba de ser ladrón, era erradicado por la llamada “limpieza social”, que aún hoy se practica, pero en algunos sitios puntuales, con alto arraigo de la criminalidad entre la gente.

Después de “Berna”, la mafia se atomizó, debido a disputas internas y operaciones estructurales de la Fuerza Pública. “De capos con influencia en todo el Valle de Aburrá, la criminalidad mutó a cabecillas con un control focalizado en ciertas comunas y menor capacidad financiera, lo que impulsó a las bandas a buscar más ingresos con los hurtos”, señaló uno de los investigadores consultados.

“El descontrol en el crimen organizado favorece el auge de los fenómenos de delincuencia común. En medio del despelote de los grandes grupos ilegales, los chiquitos se agrandan”, añadió otro.

Zonas de “despensa”

Claudia Carrasquilla, exdirectora de Crimen Organizado de la Fiscalía, opinó que “hay un fenómeno nacional, no solo en el Valle de Aburrá, en el que se incrementó la dinámica del hurto. Las bandas más grandes ya tienen repartido el mercado de la droga y de la extorsión, y de eso viven, pero no hay nadie que regule el de los robos”.

Otra hipótesis es que las cuarentenas por covid-19 perjudicaron las finanzas del crimen organizado, al restringir las interacciones sociales, por lo que el hurto pasó de ser una actividad menor, a una fuente de ingreso más necesaria.

“A esto se suma la pobreza resultante de la pandemia, y la migración venezolana, que impactaron los fenómenos de delincuencia común”, expresó uno de los agentes.

Un aspecto a considerar es que, para el caso de Medellín, la mayoría de robos se concentra en comunas “despensa”, es decir, en las que todos acuden a hurtar, pero ninguno de los 350 grupos criminales las “domina”. En La Candelaria van 4.279 casos, 1.987 en El Poblado y 1.620 en Laureles.

Otros puntos críticos son el barrio Las Cabañas, en Bello, y las inmediaciones de los parques principales de Sabaneta, Envigado e Itagüí.

Lo que sucede con los hurtos no implica que el crimen organizado haya perdido por completo su control social, pues para los analistas es claro que sigue teniendo una incidencia determinante en el índice de homicidios. Hoy en día no hay conflictos activos entre combos del Aburrá, lo que históricamente ha sido el principal motivo de los asesinatos en la subregión.

“En ocasiones, la necesidad de mantener algún tipo de influencia sobre los integrantes de las estructuras y la falta de recursos, origina ciertas libertades, como permitir que sus integrantes devenguen ingresos de los robos”, comentó Boris Castaño, analista de seguridad de la corporación Innova Idea Estrategia (I2E).

Añadió que cuando el crimen organizado está en época de confrontación con otros, aumenta desmesuradamente su número de integrantes (más sicarios, vigilantes e informantes), pero en tiempos de paz, “estas facciones se reducen a su estructura básica, y los demás contratistas rasos quedan a la deriva, como trabajadores informales, que suelen volcarse al hurto”.

Estas “ruedas sueltas” tiene prohibido robar en los vecindarios controlados por las bandas, pero en los que no, encuentran un camino despejado para atracar sin rendirle cuentas a nadie.

Contexto de la Noticia

Paréntesis estrategias para analizar la criminalidad

Para analizar fenómenos como el hurto, la Alcaldía de Medellín anunció la creación del Nodo de Innovación de Seguridad, en el cual participarán la Empresa de Seguridad Urbana (ESU), la Policía y Ruta N, con apoyo de la academia, los comerciantes y la comunidad.

“Este es un nodo en el que vamos a definir estrategias innovadoras para enfrentar delitos y asegurar sectores de la ciudad. Ahí cualquier ciudadano podrá llevar ideas. Medellín cuenta con uno de los sistemas de seguridad más avanzados en Colombia, pero sabemos que la criminalidad se transforma y por eso nosotros también tenemos que transformarnos”, dijo el alcalde Daniel Quintero.

Egresado de la U.P.B. Periodista del Área de Investigaciones, especializado en temas de seguridad, crimen organizado y delincuencia local y transnacional.

.