Pico y Placa Medellín
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Así preparan los tradicionales moritos y rollos en Medellín.
En 1930, cuando el suizo Enrique Baer abrió el primer Salón de Té Astor de Medellín, en la Avenida Junín, quiso reflejar algo de su tierra natal en los productos de repostería que ofrecía.
Se le ocurrió hacer una rana de bizcocho, pues este anfibio habita en la región de Eurasia donde queda su país natal. Era muy simple para sus empleados paisas: solo un morrito de bizcocho. “Eso, un ‘morito’”, pudo decir don Enrique con su acento extranjero.
Más tarde, empleados y clientes coincidieron al pensar que este bizcocho tenía más cara de sapo que de rana y empezaron a decirle morito de sapo. Luego, solo sapito.
Eduardo Escobar, poeta que fue parte de los nadaístas que hicieron de Junín su oficina, dice que “a veces, cuando voy por allá, me como alguna delicia y les traigo a los amigos esos panecillos que venden allá, con frutas secas entre la masa”.
Hoy, en el Astor se fabrican, por lo menos, 20 mil moritos al mes, entre figuras de elefantes, gatos, gallinas, micos y por supuesto los tradicionales...