Pico y Placa Medellín
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Debe hallarse una fórmula concertada para sustituir miles de hectáreas de cultivos ilícitos. Esa siembra tocó techo y produce gran daño a la economía y la cultura campesina. Tema prioritario.
Los daños que producen los cultivos ilícitos, y en general el circuito de producción y tráfico de cocaína, marihuana y amapola, no solo desdibujan la imagen del país a nivel internacional sino que son el origen de una ilegalidad que destruye el patrimonio económico, social y cultural de los campesinos y el campo colombianos. Por eso combatir el narcotráfico, enraizado en zonas rurales periféricas, no es solo un reto de seguridad y salud nacional y global, sino que representa una exigencia de “reinvención moral y ética” del país, en especial de la ciudadanía del campo.
Así como en las ciudades la “cultura traqueta” impuso los códigos perversos del dinero fácil, de la justicia por manos propias, de la corrupción y de la extravagancia, en un desdeño permanente por la ley y las normas, al campo también ha llevado la erosión de las mejores costumbres del trabajo y del esfuerzo comunitario.
Basta viajar a alguno de los municipios absorbidos por la economía coquera para ver los síntomas: drogas,...