Nuestra frontera colombo-venezolana se comporta como tierra de nadie desde hace algún tiempo. (...)
La bendición para Colombia es que al este de su geografía está situada Venezuela, quien ha representado un amortiguador a gran escala, para ese golpe de sangre sufrido por los colombianos; sobre todo por los más desposeídos, por los campesinos, por los marginales de sus urbes, por sus analfabetas, por sus olvidados, por los insignificantes o sea por los pobres. (...)
El desafío venezolano es de alto perfil, y los colombianos todos, están obligados por las circunstancias a aportar su cuota con responsabilidad, apresto y vocación humana, en esta construcción. No es fácil para los habitantes de estas fronteras vivir la vida tal y como se conciben hoy estos lugares de los dos países. Para los venezolanos es urgente mantener el bienestar que aún queda y que con gusto se comparte con los colombianos llegados. Para los colombianos es inaplazable mirar a sus paisanos abandonados por el estado en los límites fronterizos, lejos de dios, de la justicia y de la buenaventura.
(...) La construcción no será de un muro, ni barricadas, ni bases militares. Será la ampliación de la esperanza para los dos pueblos, se construirá la convivencia llena de paz, con justicia, con respeto, dentro de la legalidad y la solidaridad, donde el bien común prevalezca como la prioridad de vida. Esta construcción pasa por la transformación humana, con nuevos paradigmas sociales y políticos, con nueva visión económica, que se vea a la frontera como la convergencia de dos pueblos que son unidos por su historia, por sus tierras, por la patria grande, por sus héroes de libertad, por su humanidad.
Regístrate al newsletter