Aun con algunos trámites engorrosos que se fueron depurando con el paso de los gobiernos, el Banco de los Pobres se ha convertido en los últimos 21 años en el único aliado de miles de personas en Medellín para acceder a créditos sin los cuales no hubiera sido posible hacer realidad sus iniciativas como montar una tienda, un local o un taller.
El Banco de los Pobres (que durante la alcaldía de Sergio Fajardo empezó a llamarse también Banco de las Oportunidades), es una entidad del conglomerado público que nació con la premisa de atender a las personas de estratos 1, 2 y 3 que para la banca privada no cumplían los requisitos para acceder a servicios financieros. Con los años, se convirtió en un mecanismo de defensa frente al dominio del gota a gota, asfixiando con su usura la economía popular.
Pues bien, la Alcaldía de Daniel Quintero presentó un proyecto de acuerdo con el que busca modificar el objeto del Banco para permitir que personas de estratos 4, 5 y 6 accedan a servicios financieros, así como pequeñas y medianas empresas.
El secretario de Desarrollo Económico, Mauricio Valencia, niega que pretendan cambiar el objeto y emplea la palabra “modernizar”. Lo que explica es que en todos los estratos hay personas y empresas con vulnerabilidad económica a quienes el Banco puede atender y que, al aumentar su alcance, la entidad, que pasaría a llamarse Banco Distrital de Medellín, puede convertirse en aliada para fortalecer las Mypimes y el ecosistema de emprendimiento de la ciudad.
Pero a juicio del concejal Luis Bernardo Vélez, lo que planea la administración Quintero es un despojo del Banco a los más vulnerables.
Vélez advierte que incluso tras dos décadas de continuidad que ha tenido el Banco por parte de las diferentes administraciones, no ha podido cobijar con inclusión financiera a un gran sector de población bajo vulnerabilidad económica, una de las razones por las que, asevera, el gota a gota ha copado barrios y ha llegado incluso hasta la ruralidad de los corregimientos. Y esto ocurre, insiste, porque la capacidad y presupuesto del Banco es reducido frente a las necesidades de las economías populares de la ciudad.
Raúl Tamayo, quien gracias a un crédito del Banco logró montar un pequeño taller de confecciones en el barrio San Isidro, considera que la prioridad del Banco debe ser facilitar más los requisitos para acceder a créditos y ofrecer un acompañamiento a comerciantes y emprendedores que mejore la viabilidad de sus negocios.