Lucas Gámez es uno de los cientos de niños que murieron sepultados tras los terremotos que sacudieron a Venezuela hace dos semanas. Sin embargo, su historia cobró notoriedad porque sus padres acudieron a las redes sociales para pedir ayuda, convencidos de que el niño seguía con vida bajo los escombros.
Fue así como hasta el edificio en ruinas donde quedó atrapado Lucas llegaron decenas de voluntarios para apoyar las labores de rescate. La esperanza nunca se apagó. Todos los días, su mamá publicaba un video con el mismo mensaje: “Hoy sí rescataremos a Lucas”.
En redes sociales, la fe se hacía cada vez más fuerte. Miles de personas, convencidas de que aún era posible un milagro, siguieron minuto a minuto las operaciones de búsqueda. Pero este martes, 14 días después de la tragedia, los rescatistas encontraron el cuerpo de Lucas junto al de sus tíos, poniendo fin a una historia que mantuvo en vilo a miles de personas.
La información fue confirmada por Guillermo Arana Leyton, jefe del operativo a cargo de las labores. “Hace unos 40 minutos sacamos sin vida a Lucas. Muy doloroso”.
Lucas no vivía en La Guaira, la zona que terminó siendo el epicentro del trágico doble sismo que hasta ahora ha dejado 3.685 muertos, más de 16.000 heridos y decenas de miles de desaparecidos.
Estaba ese día de visita donde sus tíos porque era día festivo. Tampoco era de Venezuela. Era argentino. Había llegado a ese país en enero pasado, cinco meses atrás.
Bianca Martínez, venezolana, y Marcos Gámez, argentino, padres de Lucas, dejaron aquel 24 de junio al niño para que disfrutara un día de playa con sus tíos. Apenas 30 minutos después, cuando ya estaban lejos, comenzó el terremoto.
Se devolvieron corriendo hasta el lugar donde minutos antes habían dejado a su hijo, pero cuando llegaron se encontraron con el edificio completamente en ruinas.
De Lucas supieron después; un vecino que logró sobrevivir les aseguró que el niño había entrado al ascensor junto a uno de sus tíos apenas unos minutos antes de que comenzara el terremoto. Como el ascensor no llegaba al segundo piso, ambos tuvieron que bajar en el tercero y continuar por las escaleras. Desde ese momento, sus padres creyeron que el niño había alcanzado a llegar al apartamento o que había quedado atrapado en el pasillo cuando el edificio empezó a colapsar.
“Necesitamos más gente que ayude, mano de obra masculina, maquinaria... Hay que traspasar unos muros. (...) Escuchamos sonidos, escuchamos quejidos de Lucas y también escuchamos los sonidos de un bebé de un año y medio que se llama Santiago”, decía su mamá en sus videos.
La esperanza de sus padres se mantuvo hasta el último momento. Los rescatistas habían detectado rastros de calor corporal y señales del celular de Lucas en la zona donde quedó sepultado el edificio, indicios que alimentaban la posibilidad de encontrarlo con vida.
El caso tomó dimensión internacional cuando el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, informó que rescatistas de su país se habían unido a la búsqueda. Al mismo tiempo, en Argentina, cientos de familias seguían minuto a minuto las labores de rescate, aferradas a la esperanza de que uno de sus niños apareciera con vida.
El lunes 6 de julio, mientras la búsqueda continuaba, Lucas habría cumplido 9 años. Sus padres, que permanecieron durante dos semanas en la zona del desastre sin perder la esperanza, llevaron una torta y una vela para cantarle cumpleaños junto a quienes los acompañaban en el rescate. Creían que ese día podría celebrar un segundo nacimiento. No fue así. La búsqueda llegó a su fin. Lo que sigue será, quizá, el momento más duro para la familia, aprender a despedir a un niño que nunca debió irse primero.
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