De un tiempo para acá, se hizo la más popular. La invitan a todas las fiestas. Artistas famosos le dedican canciones. Blessd la menciona, Peso Pluma también, y Arcángel no se queda atrás. Tiene muchos nombres, pero la mayoría la conoce como “tusi”, y su huella ya está por todas partes en Medellín.
Pequeñas bolsitas ziploc con stickers de Homero Simpson, de Bugs Bunny, de signos de pesos en oro, de perfumes de lujo como Calvin Klein o Coco Chanel. Se han contabilizado hasta cuarenta y tres marcas distintas repartidas por barrios y plazas de vicio de la ciudad que, para muchos, es su cuna. Pero en 2026, la popularísima tusi ya no es solo noticia de fiesta. Es una alerta médica nacional.
En lo que va del año, la Secretaría de Salud de Medellín ha reportado 18 casos de daño vascular severo y al menos una amputación vinculados a su consumo. La Asociación Colombiana de Medicina Vascular emitió un comunicado de alerta dirigido a todos los médicos del país. Y el Ministerio de Justicia advirtió que una sola dosis puede contener hasta 9 sustancias distintas y solicitó mantener vigilancia epidemiológica. La ciudad que la vio crecer enfrenta ahora las consecuencias de décadas de una droga que nadie regula y que pocos entienden.
De fiestas de ‘pupis’ a plazas
Cuando llegó a Medellín, a mediados de los 2000, era un lujo. Se ofrecía en fincas de Llanogrande y El Poblado, en fiestas que podían durar días, y el gramo podía costar hasta 150.000 pesos. En ese momento, cuando la receta solo la tenían quienes podían viajar a países europeos, se empezaron a consolidar los llamados ‘pupy narcos’: jóvenes de clase alta y media alta que aprovecharon su estatus y redes sociales para crear un mercado propio, paralelo al de las bandas del microtráfico.
Dos bandas tuvieron el monopolio al inicio: Los Chatas y Caicedo, que hacían respetar su derecho con violencia. El 2 de diciembre de 2013, en el barrio Conquistadores, apareció en el baúl de un carro el cadáver de un expendedor apodado “Picacho”, con una bolsa en la cabeza y un letrero: “vendedor de 12-B”. Era el castigo de La Oficina por vender sin permiso.
Desde 2017, la hegemonía se fracturó. Grupos como La Terraza y el Clan del Golfo entraron al mercado, expandieron su distribución y hundieron los precios. Hoy, un “punto” se consigue desde 10.000 pesos en cualquier esquina. Llegó a los estadios, a los buses, a los parches de todo tipo.
El negocio que hay detrás es colosal: las bandas criminales pueden ganar más de 5.000 millones de pesos mensuales con ella. Su mayor golpe de marketing fue teñirla de rosado.
Ese color eliminó la rudeza del polvo blanco tradicional y le dio un aspecto casi de diseño, casi de moda. Según InSight Crime, el tusi funciona hoy más como una marca de droga —la Coca-Cola de los estupefacientes— que como una fórmula química constante, pues su composición depende enteramente del cocinero o del dealer.
Cada una de las marcas mencionadas es una receta diferente. La Calvin Klein, por ejemplo, es una mezcla de cocaína y ketamina, conocida también como la “segadora de la muerte”. El Coco Chanel se distingue por ser un tusi blanco con olor a coco.
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Esa última marca fue la que, según el diario El País, pudo estar detrás del asesinato del DJ colombiano Jorge Luis Herrera Lemos y del cantante Bayron Sánchez Salazar, desaparecidos en México en septiembre de 2025 y encontrados desmembrados, presuntamente víctimas de una retaliación de carteles mexicanos por intentar distribuirla.
Su molécula desapareció
Ella tiene historia, aunque ya casi nadie la recuerde. En 1970, el bioquímico Alexander Shulgin sintetizó la molécula 2C-B, una feniletilamina psicodélica. De los laboratorios pasó a los raves de tecno en Alemania y Holanda, y llegó a Colombia alrededor de 2006. El nombre se latinizó: de 2C-B a “tusi”. En 2007 se registraron los primeros tres pacientes intoxicados con la molécula real en el Hospital San Vicente Fundación de Medellín, con alucinaciones severas.
Pero eso fue hace casi dos décadas. Según Échele Cabeza, organización que desde 2012 analiza sustancias en contextos de fiesta en Colombia, entre 2012 y 2015 algunas muestras tenían cerca del 5% de 2C-B. Hoy su presencia es prácticamente nula. Lo único que queda de la molécula original es el nombre. Lo que circula es otra cosa. Y es importante no confundir las dos: el 2C-B es una molécula específica con efectos predecibles; el tusi es un cóctel que cambia cada vez que alguien lo cocina.
¿Qué tiene el tusi?
Un análisis cromatográfico realizado en Colombia reveló los componentes más frecuentes del tusi actual: cafeína (96%), ketamina (96%), MDMA (88%), paracetamol (72%) y cocaína (52%). Lo único constante es el color rosado, logrado con colorante. El resto cambia de lote en lote, sin ningún control.
La base principal es la ketamina, un anestésico disociativo con efectos alucinógenos. Aunque tiene usos médicos, su abuso genera adicción, daño cerebral y una afección destructiva en la vejiga conocida como cistitis por ketamina: la inflamación progresiva puede derivar en la extirpación del órgano.
En el Reino Unido, donde ya representa un problema de salud pública, estudios clínicos indican que hasta el 26,6% de los usuarios regulares experimentan síntomas urinarios severos. Échale Cabeza lo había advertido desde agosto de 2025 en su plataforma: “Vejiga de ketamina”, un síndrome que en Colombia empieza a aparecer pero que todavía no se cuenta.
Pero la ketamina no trabaja sola. Mientras deprime el sistema nervioso, el tusi también lo estimula con MDMA, cafeína y cocaína: efectos simultáneos y contradictorios que el cuerpo no sabe cómo procesar. El MDMA, en particular, actúa sobre los receptores de serotonina en las paredes de las arterias, generando vasoconstricción, lo que impide el paso de la sangre. La cocaína hace lo mismo.
Y a eso se suman los adulterantes más recientes y más peligrosos. Desde 2023 se registraron los primeros casos de sobredosis por fentanilo en Medellín vinculados al tusi. Una dosis de apenas 2 miligramos —el equivalente a un grano de arroz— es letal para la mayoría de las personas. En Estados Unidos más de un millón de personas han muerto por esa sustancia desde el año 2000.
A eso hay que sumar el levamisol, un antiparasitario veterinario retirado del mercado humano desde los años 2000 que se usa para rendir y potenciar la cocaína. Estudios en Colombia han encontrado levamisol en entre el 30% y el 70% de las muestras de cocaína según la región. En 2015, investigadores de la Universidad CES reportaron tres casos de vasculitis asociada a cocaína adulterada con esa sustancia. Y como la cocaína está presente en más de la mitad de las muestras de tusi, el levamisol llega también.
Alerta médica
La alerta estalló cuando un médico publicó en X: “Están mezclando el 2C (tusi) con algo que está causando isquemia en miembros inferiores. Algunos pacientes han sido amputados en Medellín.” El trino se viralizó. Otros especialistas respondieron que estaban viendo lo mismo. EL COLOMBIANO contactó a varios de ellos.
Julián Camilo Vargas Roa, especialista en medicina de urgencias de Medellín, confirmó que desde mediados de abril de 2026 ha atendido al menos cuatro casos de jóvenes de entre 28 y 35 años sin antecedentes médicos con isquemia aguda en extremidades superiores tras consumir tusi.
“Es un fenómeno extremadamente raro. Para que se produzca una isquemia aguda se requieren normalmente placas de grasa que afectan la circulación, algo frecuente en ancianos, hipertensos y diabéticos. Pero estos muchachos lo que tenían era vasoespasmo, un cierre importante de las arterias por vasoconstricción”, explicó. “Todos los urgenciólogos estamos muy pensativos frente al tema”, advirtió.
En Bogotá ya se reportan seis casos similares. Luis Felipe Cabrera, cirujano vascular y endovascular de la Fundación Santa Fe de Bogotá y docente de la Universidad de los Andes, publicó el primero: un paciente de 22 años con ambas piernas completamente isquémicas, al borde de una doble amputación por encima de la rodilla. “Sus arterias estaban sanas.
El problema era que el paciente estaba teniendo una vasoconstricción severa debido al estímulo de esta sustancia psicoactiva”, explicó. Fue tratado durante 21 días con prostaciclina, un vasodilatador potente, y conservó sus piernas. Desde entonces, ese mismo hospital registró seis casos más.
Los riesgos documentados van de la cabeza a los pies. En lo cardíaco, un estudio de abril de 2026 en la revista CASE de la Sociedad Americana de Ecocardiografía documentó cuatro jóvenes colombianos —de 26 a 41 años, sin enfermedades previas en común— que desarrollaron daño grave en sus válvulas cardíacas tras consumir tusi regularmente. Los investigadores nombraron el fenómeno con una palabra nueva: “tusiválvulas”. Los cuatro requirieron cirugía de reemplazo valvular.
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Sumado a esto, cabe recordar que el tusi también puede generar psicosis agudas, alucinaciones, paranoia y cuadros de despersonalización. Marie Claire Berrouet Mejía, toxicóloga clínica de la Universidad CES, lo resume: “Estas mezclas pueden asociarse con alteraciones severas del comportamiento, síntomas psiquiátricos agudos, depresión respiratoria, complicaciones metabólicas y lesión de órganos como hígado y riñón, además de cuadros de hipertermia y daño muscular.”
Su nueva amiga: la droga zombi
La hipótesis más preocupante detrás del daño vascular es la xilacina, también conocida como ‘tranq’ o la droga zombi.
Este sedante veterinario adormece profundamente, reduce el ritmo cardíaco, la presión arterial y la respiración, y provoca heridas que se infectan y derivan en amputaciones. No existe antídoto para revertir su efecto como el naloxone revierte el fentanilo. Ya representa una alerta médica en Estados Unidos y varios países europeos. En Colombia apareció en el tusi.
Échele Cabeza la detectó en muestras de tusi en el segundo semestre de 2025, hallazgo confirmado por el Ministerio de Justicia. “Aunque la xilacina ha sido encontrada en pocas ocasiones, sabemos que está directamente relacionada con necrosis y amputaciones en Estados Unidos. Este quizás podría ser el detonante que estamos buscando, pero hay que investigar para tener certeza”, señaló Estefanía Sánchez, coordinadora de la acción técnica social de la organización.
El toxicólogo Hugo Gallego advirtió que si la xilacina está llegando masivamente al tusi de Medellín, la situación sería alarmante. “Hay que hacer una alerta a nivel nacional. Hace más de 25 años se distribuyó cocaína pura y se tuvo una crisis por pacientes adulterados”, dijo.
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Antes de esta alerta médica, Gallego consideraba que el levamisol seguía siendo la hipótesis más documentada por ahora. “La xilacina, si está apareciendo, debe ser muy reciente.” Sin embargo, Medicina Legal evaluó 2 muestras de los 18 casos atendidos en Medellín, no se encontró levamisol, sino algunas de las mencionadas: ketamina, cocaína, MDMA, cafeína y procaína.
Lo que no se descarta es que sea la combinación de varias sustancias —y no una sola— la que está cerrando arterias. “Tres de los componentes más encontrados en el tusi pueden derivar en necrosis y amputaciones: la ketamina produce cistitis crónica, el MDMA puede producir vasoconstricción periférica, el levamisol de la cocaína puede derivar en necrosis.
No obstante, es importante evitar conclusiones simplistas o alarmistas, porque de ser así la mayoría de los consumidores de tusi estarían amputados”, señaló Sánchez.
El reto de salud pública, concluyó Sánchez, es identificar si estos eventos están relacionados con una combinación específica de sustancias, con adulterantes particulares, con formas de consumo concretas o incluso con condiciones médicas previas.
Porque pese a que en Colombia podría haber cerca de medio millón de personas consumidoras de tusi de forma ocasional, no se reportan más de diez casos de daño vascular severo a lo largo de toda la historia documentada de la droga en el país. Hasta ahora.
El balance
Una mezcla de hasta 9 sustancias distintas, 18 casos de daño vascular severo, al menos una amputación y 22 intoxicaciones severas, este es el balance que deja el tusi y que generó una alerta médica para todos los médicos del país.
Recientemente, el tusi también fue causa de discordias políticas. Mientras jefes de bandas en la cárcel de Itagüí prometieron dejar de vender tusi en barrios como Caicedo o La Sierra como “gesto de paz” en el marco de los diálogos de Paz Total, el alcalde Federico Gutiérrez los tildó de “asesinos y cínicos”: “Lo que están haciendo es confesando que siguen delinquiendo desde la cárcel. Deberían trasladarlos a otras cárceles y quitarles esa renta ilícita que está matando a nuestros jóvenes.”
Échele Cabeza lo resume: “Fuimos nosotros quienes advertimos al país durante más de una década las principales tendencias, mezclas y daños del tusi. El tusi es el bazuco de la generación de centennials. Y apenas estamos empezando a ver los daños individuales y sociales de esta sustancia.”
La más popular de las fiestas ya no solo deja resaca. Deja camas de UCI, válvulas dañadas y extremidades que deben ser amputadas.