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Weimar le da pista y vida a la pintura

Una afición que puede llegar a ser profesión lo acompaña. Arte y otros oficios en el deporte. Serie EL COLOMBIANO.

  • Weimar le da pista y vida a la pintura | Este es el estudio de Weimar Roldán Ortiz cuando deja de lado el ciclismo y se concentra en la pintura. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    Weimar le da pista y vida a la pintura | Este es el estudio de Weimar Roldán Ortiz cuando deja de lado el ciclismo y se concentra en la pintura. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
02 de abril de 2012
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La encendida pasión por los caballos se plasma desde el mismo ingreso a El Edén.

Los jamelgos parecen de verdad, aunque estén pintados en una pared aledaña a una pequeña caballeriza, que tiene enseguida a la típica fonda La Chambonada, uno de los símbolos de la vivienda enclavada en la montaña.

El aire que se respira allí, a seis kilómetros de Girardota, es puro. Ambiente ideal para vivir, entrenar y pintar, esa alegría que lleva consigo el pedalista Weimar Roldán (GW-Shimano), quien irá a los Olímpicos de Londres, a tratar de plasmar, no en un lienzo ni sobre el papel, sino en la pista, el sueño de estar entre los mejores de la persecución por equipos del mundo.

Su amor por el dibujo lo tiene desde niño, y gracias a su mamá Janeth Patricia Ortiz - quien lo llevó de niño a semilleros de pintura-, tuvo los suficientes elementos con qué desarrollar lo que hoy es todo un arte para él.

Razón tenía uno de sus profesores de colegio, al decirle al hoy ciclista, que le hiciera fuerza al dibujo, como si se tratara de un entrenamiento de fondo y largo aliento. Lo que antes fue una afición, se convierte casi que en una posibilidad de trabajo en los años por venir.

Weimar, quien no tiene explicación clara para el origen de su nombre, es la cuota artística de ese pequeño conglomerado del pedal, que vive pendiente de sus obras y manifestaciones artísticas.

En esa finca, a la que se llega por una carretera estrecha, llena de vegetación, con mucho parecido a la que da ingreso al municipio de Génova, en el Quindío, es un regalo a los ojos, pero una prueba de esfuerzo para quienes mueven las bielas como le sucede a diario al ciclista-pintor.

Al cabo de tres kilómetros de remate en dura escalada, está la finca El Edén, donde en medio de caballos, gatos, perros y un panorama que alegra los sentidos, Weimar toma alientos de inspiración para detallar líneas con el carboncillo, al óleo y al pastel.

"Mi fuerte son los retratos al carboncillo. Me gustan mucho las figuras humanas y los caballos", relata mientras tira algunos trazos sobre el papel, en una mesa instalada en un segundo piso, desde donde se ve lejana la carretera que da ingreso al Valle de Aburrá, no sin antes darle un vistazo a Tango, el caballo preferido, que incluso cuelga pintado de una pared; Yayita, la perra que es su fiel guardiana, además de Negra, Leopoldo, Lupe, Gato y Gata, los felinos que andan sueltos por ese sinigual lugar con olor a campo.

Weimar cuenta, en medio de ese regalo de la vida que tienen, desde hace doce años, los Roldán Ortiz, que su mejor obra aún no está calificada, pero lo que sí anda como registro, es la alegría de los amigos de la familia de tener retratos hechos por él.

"Los compañeros me encargan cuadros. Juanes Arango está en la lista de los pendientes lo mismo que Arles Castro y su esposa", cuenta el campeón de las metas volantes de la Vuelta a México y medalla de oro en la Americana de la Copa Mundo del año pasado, en Cali.

Ciclista, caballista -pero no de los que toman trago o trasnochan-, pintor amigo de la naturaleza, especialmente de los animales, esos que lo rodean y que le sirven de fuente de inspiración, para plasmar en sus obras, caballos que parecen de verdad y las figuras humanas que trabaja con ahinco desde pequeño.

Ese es el entretenimiento y la otra pasión del pistero, uno de los mejores exponentes de la Americana en el mundo del pedal, quien en las altas montañas de Girardota toma fuerzas para lo que viene que será duro, porque su meta es la de subir al podio en Londres.

Por el momento, su máximo sitial está en las satisfacciones del ciclismo y la pintura, en los que Tango y Milonga parecen tomar vida.

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