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VENEZUELA BAJO LLAVE

  • VENEZUELA BAJO LLAVE
09 de junio de 2014
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El país vecino está cerrando sus puertas y Nicolás Maduro tiene la intención de esconder la llave. Mes tras mes, en un proceso escandaloso pero poco publicitado, el gobierno bolivariano estrecha el cerco sobre una nación acosada por deudas externas y carencias locales, y con decisiones que parecen rutinarias, eleva unos barrotes insalvables para la mayoría de los ciudadanos. Cada vez son más los que quieren salir y cada vez menos los interesados en entrar.

Salir de Venezuela es un trámite eterno. A los ya conocidos controles monetarios, que impiden la libre disposición del dinero propio en el exterior, se le suma una burocracia, típica del modelo socialista, que derrota al viajero mediante el truco de la espera interminable. Siempre hay otro sello necesario, un documento al que le hace falta una firma, un nuevo control que requiere algunos días para una cita.

En las últimas semanas se ha puesto en evidencia una nueva traba: obtener un pasaporte parece asunto de lotería. Una diligencia rutinaria en cualquier otro país suramericano, en Venezuela puede tardar entre tres y cuatro meses, siempre y cuando el solicitante cuente con suerte y su pequeño librito de salidas no se refunda entre las oficinas del vapuleado Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime). Las citas son eternas y llegado el momento de cumplirlas, es frecuente su incumplimiento por parte de los funcionarios.

Entrar al país de Bolívar tampoco parece una opción sencilla. Es frecuente el retiro de aerolíneas extranjeras que, ante la inmensa deuda del gobierno, y la falta de pasajeros, prefieren irse con sus aviones a otra parte. Ya abandonaron (o están en proceso de hacerlo) AirCanada, Luftansa y Alitalia. Según Globovisión, el gobierno venezolano tiene una deuda cercana a los 4.000 millones de dólares con las empresas de aviación.

En el gobierno de camisas rojas poca atención le merecen estos signos de alarma. El ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, aseguró que las aerolíneas se van, no por las deudas, sino por el Mundial de Fútbol. Y es que en el gobierno de la mediocridad y las excusas lo explican todo. Nunca existe un mea culpa. El error siempre es del otro, del vecino, del diferente, del imperio.

Y al que no le guste, que se vaya. Si es que puede.

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