El cuento lo cacarean cada cuatro años y el problema es que es cierto: sin educación ni ciencia no es posible que el país salga adelante.
Pero pasa uno, pasa el segundo, llega el tercero y se va el cuarto año y la educación y la ciencia siguen de cenicientas. No las olvidan. No, eso no: las maltratan.
De la ciencia, pensar que acá se hacen aportes y descubrimientos de talla mundial.
En pocos meses, los astrónomos de la Universidad de Antioquia entraron a las ligas mayores de una disciplina que no sólo es difícil de por sí, sino que ha estado reservada en buena medida a los astrónomos del primer mundo, donde hay telescopios, observatorios espaciales y capacidad computacional.
El Centro Nacional de Secuenciación Genómica que encabeza Juan Fernando Alzate ha estudiado más organismos nuestros en dos años que lo obtenido en los decenios anteriores.
Solo dos ejemplos por logros recientes. Pero son muchos y cada vez cuentan con menos recursos.
En el país donde todos saben que la ciencia debe estar en primer orden, Colciencias redujo el apoyo a los doctorados en el exterior.
Y lo que prometía la ley de regalías tiende a quedarse en otra frustración: son los gobiernos departamentales los que definen los apoyos. En Valle del Cauca, por ejemplo, se presentaron más de 80 y solo 7 u 8 serán escogidos.
La tendencia en la selección es clara: tecnología y ciencia aplicada, también la innovación porque hace carrera la creencia de que es la panacea. Por eso la ciencia básica, fundamental por el aporte al conocimiento humano, quedaría por fuera de la competencia y más huérfana aún.
De ese modelo de repartición a la politiquería que tanto daño ha hecho, solo hay un paso pequeño.
Proyectos sobre genes que enferman nuestra población; las formas colombianas de bacterias y virus que hacen y deshacen; marcadores para determinadas condiciones; los bichos que enferman nuestros animales; la vida en otros planetas y el entendimiento del universo en que vivimos también deben tener su espacio.
Nada de eso da votos como tampoco calmar el hambre de niños en una escuela rural que, como me decía ayer una profesora rural, en el desayuno que les daba tenían su única o mejor comida del día.
Pero sí... educación y ciencia. Así saldremos adelante.
Maullido: consuela que hasta hoy haya habido menos desastres en este invierno.
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