Es imposible no dejarse atrapar por la espectacular vista de Medellín que se aprecia al entrar a esta casa ubicada en una urbanización en Las Palmas.
Enormes vidrieras permiten divisar toda la ciudad desde el salón y en el segundo piso, desde la habitación principal. Un espectáculo visual que encanta a los visitantes a este hogar y que se convierte en el gran orgullo de sus propietarios.
La construcción estuvo a cargo del arquitecto Iván Valencia y el ingeniero David Mejía. El diseño se le encargó a la firma de arquitectos Gómez Piedrahíta con la colaboración de Clara Salazar.
El terreno tiene una topografía difícil debido a la pendiente de la urbanización. Esto se manejó con un buen planteamiento arquitectónico. El acceso se dispuso a través de una curva. También se cuidaron los taludes y se tuvo en cuenta que las explanaciones no afectaran la montaña.
Los propietarios tenían muy claro que no querían sacrificar la vista a la ciudad, aunque esto implicara el poniente.
Sin embargo, los arquitectos pudieron matizar sus efectos girando ligeramente la terraza, el comedor y la cocina, cuya ubicación lateral apunta al paisaje de Itagüí.
Además, se usó un vidrio con un alto coeficiente de sombra que permite matizar la entrada del sol en el día, protegiendo los muebles y ayudando a conservar la casa cálida en las noches.
La fachada en revoque con pintura coraza es simple y da la sensación de solidez. En ella sobresale la chimenea, que se constituye en un volumen importante. Esta fue elaborada en piedra valdivia para un aspecto más natural.
El salón es sin duda el epicentro de la casa. Cómodo, amplio y acogedor.
En el primer piso se dispusieron las áreas sociales y de servicio y en el segundo, las habitaciones y un estudio.
Es precisamente este uno de los ambientes más importantes de la casa, que se integra a través de una escala, cuyo pasamanos hace las veces de escritorio en el segundo piso, convirtiéndose en el sitio preferido de los hijos para hacer las tareas. El estudio se muestra entonces en un área llena de vitalidad, vinculada a los principales acontecimientos de la casa.
Esto fue, para la arquitecta Beatriz Piedrahíta, uno de los mayores aciertos en el diseño del proyecto.
Otro aspecto que destaca es la practicidad. Esto es algo que se observa en los acabados, que requieren poco mantenimiento. El mármol predomina y aporta frialdad, evitando que suba la temperatura con el poniente.
Beatriz Piedrahíta resalta que el proyecto posee una arquitectura limpia, sin recovecos ni rebuscada. En la casa, además de la integralidad y los volúmenes planos, se procuró brindar una alta calidad de vida sin que esto implicara un alto costo en los materiales o los acabados.
"Creo que puede hablarse de una austeridad relativa. La premisa es que no haya que adornar para hacer arquitectura sino que esta sea tan buena que no necesite grandes acabados", afirma Piedrahíta.
Para el constructor Iván Valencia, es importante subrayar aspectos como el aprovechamiento de la vista de la ciudad y del lote, que no posee una gran extensión.
Los dueños quisieron tener una vista casi panorámica de Medellín en su habitación. Optaron entonces por una vidriera piso pared que les permitiera una visión casi total de la ciudad. En este sentido, afirma la arquitecta, fueron arriesgados y se permitieron "pequeñas locuras que les dan calidad de vida y felicidad".
En la fachada predominan el blanco y el verde, generando contraste. Estos materiales hacen que la construcción se integre al entorno [P]