Recientemente regresé a la universidad. No, no a estudiar sino a asistir a un foro educativo y reunirme con jóvenes latinos matriculados en mi alma máter, la Universidad de California, en Los Ángeles.
Visitar UCLA después de 30 años me trajo algo de nostalgia. Recordé cuando caminaba por los mismos corredores como estudiante en 1983. Recién llegado de México, estaba tratando de pasar por clases de periodismo y producción de televisión. Recuerdo sentirme tan feliz en UCLA, y bastante liberado. La censura y los abusos políticos de México parecían tan lejanos.
Mientras caminaba por el campus recordando viejos tiempos, conocí a algunos estudiantes mexicanos. Estas jóvenes realmente son algo especial. Me dijeron que muchos de sus padres eran campesinos o trabajadores que lucharon por sobrevivir con el salario mínimo, y he aquí sus hijos, asistiendo a una universidad muy selectiva. "¿Cuántos son los primeros en su familia en asistir a la universidad?", les pregunté. La mayoría alzó la mano.
Estudiantes como estos, y millones de hispanos más, son pioneros. Están cambiando la percepción de la gente sobre nuestra comunidad, y están cambiando a los Estados Unidos. De hecho, si quiere ver el futuro, vaya a Los Ángeles. Siete de cada diez estudiantes matriculados en el distrito escolar unificado de Los Ángeles, el segundo distrito de colegio público más grande de la nación, son hispanos. Las proyecciones muestran que de aquí al año 2050 habrá 150 millones de hispanos viviendo en los Estados Unidos. Pero hoy en día sólo 13 de cada 100 hispanos tienen un título universitario, y eso es un gran problema. Nuestra comunidad tiene que darse cuenta de que nuestra influencia política y económica no está asegurada si más de nuestros estudiantes no se esfuerzan por conseguir un título y conseguir puestos altos en todas las industrias y áreas de la sociedad.
Pero ¿por qué tan pocos hispanos están terminando la universidad? Bueno, muchas veces hay presión financiera: después de graduarse como bachiller, muchos estudiantes deben trabajar para sostener a sus familias. También hay barreras culturales: muchas universidades no saben cómo atraer a más estudiantes hispanos. Puede haber presiones familiares, ya que no todos los padres de familia están convencidos de que la universidad es necesaria ni que realmente abrirá puertas para sus hijos. Y luego están los sueños de fortuna que tienen los muchachos: muchos artistas, deportistas y empresarios famosos no asistieron a la universidad, y muchos estudiantes quieren seguir sus pasos.
Este último es uno de los obstáculos más complicados en cuanto a promover la educación superior. El valor neto de algunos brillantes empresarios que se retiraron de sus estudios es descrestador: Bill Gates de Microsoft, $72 billones; Michael Dell, casi $16 billones; Liliane Bettencourt de L’Oreal, $30 billones. Titanes de la tecnología como Mark Zuckerberg y Steve Jobs también han recogido una enorme fortuna. En entretenimiento y deportes, nuestros jóvenes ven ejemplos similares. Artistas como Lady Gaga (80 millones) y Justin Bieber (58 millones). O oyen que Tiger Woods vale por lo menos 78 millones, o que Roger Federer ha ganado por lo menos 71 millones como tenista, ¿y con seguridad algo similar los espera?
No dudo de que más jóvenes hispanos estarán entre los ricos y famosos en el futuro, pero la dura verdad es que la mayoría no lo estará. Nuestros hijos tienen que entender que el éxito no está garantizado. Lo que sí sabemos es que los estudiantes que consiguen un título de educación superior ganarán alrededor de un millón de dólares más en sus vidas, en promedio, que aquellos sin título, según el Buró de Censos de los E.U.
No vengo de una familia rica. Tuve que pagar mi matrícula en la universidad, como mis hermanos. Pero nunca dudé que algún día tendría un título universitario, principalmente porque mis padres se aseguraron de que entendiéramos que hay muy pocas mejores opciones. Sabíamos que un título nos daría una red de seguridad. Sin un título, yo no habría podido aprovechar las oportunidades que se me presentaron, tanto en México como en los Estados Unidos, y estoy seguro de que muchas compañías no habrían considerado darme empleo. Una visita a mi pasado en UCLA me permitió darle un vistazo al futuro.
Confirmo mi creencia en la idea de que para tener éxito se necesitan dos cosas: pasión por lo que se hace y, en caso de que eso no sea suficiente, un título universitario para poder navegar por las sorpresas de la vida.
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