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Último día en el infierno

El rescate se cumplió más rápido de lo esperado. En 22 horas los 33 mineros salieron a la superficie y Chile estalló en felicidad.

  • Último día en el infierno | AP | Extraordinario rescate de mineros en Chile queda en la historia de la humanidad.
    Último día en el infierno | AP | Extraordinario rescate de mineros en Chile queda en la historia de la humanidad.
14 de octubre de 2010
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La cápsula había hecho ya el mismo recorrido 66 veces, mitad en bajada y mitad en subida, cuando el héroe de los 33 mineros, el topógrafo Luis Urzúa, cerró un capítulo de orgullo para el pueblo chileno.

Fue él, como se había planeado desde un principio, el último de los obreros en salir de la mina San José. Salió feliz, orgulloso, levantó sus manos y cerró con broche de oro y, en 22 horas, el rescate minero más increíble del que se tenga recuerdo.

Volvieron a sonar los aplausos, las banderas de Chile se ondearon una vez más con fuerza, y el último paso de la odisea del desierto de Atacama salió de manera impecable.

Urzúa se veía en perfecto estado. Abrazó a cada uno de los responsables de su salida y luego, en una pequeña pero reveladora conversación con el presidente chileno, Sebastián Piñera, contó como fue que una explosión le transformó la vida.

Fue un miedo profundo, dijo Urzúa. Mucho polvo, desazón por creer que habían quedado sepultados en vida y luego la inmensa alegría cuando la sonda que los buscaba los encontró 700 metros bajo tierra.

"Aquí le entrego el turno Presidente. Estoy orgulloso de vivir en Chile. Gracias a todo este país", dijo sonriente.
"Le recibo su turno jefe. Subió de último, como lo hace todo buen capitán", le replicó Piñera.

Última emotiva jornada
Después de una larga y fría jornada, cargada de lágrimas de felicidad, ayer el campamento Esperanza mantuvo una emocionante rutina en el que cada parto, cada salida de un minero, era una euforia que acercaba el fin del proceso.

Cada rescate generó tensión y expectativa. Familiares y reporteros no se despegaban de las pantallas acondicionadas para poder ver cada uno de los testimonios del milagro de Copiapó.

Para los que pudieron abrazar a sus seres queridos ha sido un renacer.

La mayoría de ellos ya dejó atrás la mina San José y acompañaron hasta el hospital de Copiapó a sus parientes para después ir a casa e intentar dejar atrás esta pesadilla.

Con los ojos encharcados y la persecución de los medios de comunicación, Alfonso Ávalos, padre de Florencio y Renán Ávalos, ambos rescatados del infierno, siguió las instrucciones de las autoridades para reencontrarse con sus hijos.

Al igual que Alfonso, todos los familiares entre lágrimas y sonrisas movían las manos por el temblor de la ansiedad. Al final siempre se mostraron satisfechos.

El miércoles en Atacama pasó rápido y el frío creció con las horas. Sin embargo, la alegría de los presentes en la zona hacía que el calor humano derrotara adversidades.

Los periodistas nos turnamos para dormir a lo largo del día. En el desierto, además del rescate, la angustia es el aprovisionamiento. Gasolina para las motobombas, comida y bebidas para sobrevivir al día y a la helada noche.

En recorridos de una hora y que valen 100 dólares por trayecto, muchos salieron a comprar lo necesario para estar presentes durante todo el histórico rescate. La mina está en el medio de la nada.

Un rescate rápido
De la sorpresa de los primeros mineros en la superficie se pasó a la rapidez. Los rescatistas ya habían mecanizado los movimientos de la operación, por lo que cada vez el tiempo para sacar el último de los mineros se acortó. De los 15 minutos en los que demoró el ascenso de Ávalos se pasó a 12 ó incluso 9 minutos en los siguientes. Al mediodía ya había salido casi la mitad de estos hombres que aguantaron 70 días en condiciones inhumanas para volver a ver la luz del sol.

El presidente Evo Morales se hizo presente en la mañana para recibir a su compatriota Carlos Mamani y ofrecerle un trabajo seguro en su país. Sin embargo, Mamani rechazó la oferta y por ahora continuará en Chile.

Por su parte, el presidente Piñera había pronosticado el rescate para las siete de la noche hora chilena, lo que alentó aún más a los familiares y renovó los ánimos periodísticos. Esa hora pronosticada se alargó un poco, pero finalmente el rescate se cumplió en menos de un día. Las diez de la noche, en Chile, ocho en Colombia, marcaron el punto final.

La pelea durante todo el día fue el sol picante. El desierto de Atacama era protagonista, pero no de primer orden, pues no le arrebataría el papel principal a los 33 valientes hombres.

Cada que uno de los obreros abandonaba su celda natural volvían los aplausos, algunos de los familiares hasta celebraban destapando botellas de champaña.

El infierno finalmente terminó. Todo el sacrificio familiar y periodístico, así como el de las autoridades por rescatar a estos hombres, se vio recompensado.

Ellos están libres y con sus familias. Chile dio un ejemplo de organización y emocionó hasta el llano al mundo entero.
La unión de países para estas labores demostró que sí se puede trabajar por un objetivo común, y la perseverancia de los 33 mineros nos dio una lección: renunciar nunca es la opción, siempre el hombre puede sobreponerse a las situaciones adversas con fe, valor, esperanza y, lo más importante, con el amor de sus seres queridos.

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