En momentos en que se cumple la extradición a Estados Unidos de Margarita Pabón, uno de los cerebros de la extinguida DMG, las denuncias del Superintendente Financiero, Roberto Borrás, sobre la reactivación del negocio ilícito de las pirámides deberían generar una reacción social para evitar nuevos desfalcos y estafas de los más incautos.
La nefasta experiencia que vivió el país, de la que todavía no sale, con David Murcia Guzmán y su red de testaferrato captando dineros de los más pobres, no puede repetirse y las advertencias del Superfinanciero obligan a las autoridades a redoblar los controles y a los ciudadanos de bien a denunciar los ofrecimientos de plata con intereses de fantasía.
La cultura del dinero fácil es una de las causas de esta violencia que azota al país, pues está probado que nadie, en actividad lícita y decente, puede pagar intereses hasta de 300 por ciento sobre el capital recaudado. De eso tan bueno no dan tanto.
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