Un 1.º de mayo como este viernes, en el Día Internacional del Trabajo, hace exactamente 55 años, Guillermo Montoya Callejas inició su carrera en la radio deportiva siendo un muchacho universitario; una pasión que mantiene intacta y que, dice, “la seguiré ejerciendo hasta que el Altísimo me lo permita”.
Con voz diáfana y acento inconfundible, “Guillo” acompaña de lunes a viernes, desde las 6:00 a. m., el despertar de sus oyentes con el programa que creó hace 43 años, “Buenos Días Deporte”. Participa en los espacios especializados y las transmisiones de fútbol en la frecuencia 790 de Múnera Eastman, aferrado a esa radio pura y mágica que lo cautivó desde la infancia, cuando su mamá, Gabriela, escuchaba la novela de Kalimán en su casa del barrio Manrique de Medellín, donde nació (pues luego emigraría a La Floresta).
El “Gordo” Montoya, como cariñosamente llaman algunos colegas a este hombre de 1,83 metros de estatura, forjó un estilo que lo identifica como “la voz de los antioqueños”, frase del jingle de su programa. La defensa a ultranza de todo lo relacionado con la región y expresiones como “no hay raza como mi raza, ni tierra como la mía”, acompañadas de estrofas del himno antioqueño y “La Chaua”, cautivan a diario a sus audiencias.
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Más allá de su estilo, Guillermo se caracteriza por ser un periodista integral, conocedor de todos los deportes gracias a su formación en la Universidad de Antioquia, donde se graduó en Comunicación Social y Educación Física. Montoya Callejas practicó fútbol, baloncesto, béisbol, atletismo y otros deportes; fue árbitro, entrenador, dirigente y asegura que solo le faltó estudiar medicina. También fue docente en el alma máter y en diferentes colegios de la ciudad, otra profesión que lo enorgullece.
La radio le permitió cubrir Juegos Olímpicos, mundiales de fútbol y el Tour de Francia, entre otros grandes eventos, al lado de figuras históricas del micrófono en Colombia. Nunca, a pesar de las ofertas, quiso irse de Medellín; ahí sigue, firme, en el oficio que ama.
¿Cómo recuerda ese primero de mayo de 1971, el día que todo comenzó?
“Fue un inicio curioso y bendecido. Yo estudiaba Periodismo en la Universidad de Antioquia y era atleta; hacía salto alto. Un 30 de abril, RCN necesitaba un comentarista para una maratón del Sena porque no tenían a nadie. Por recomendación de un amigo cercano (Luis Carlos Montealegre) al gerente Augusto Castro, me citaron. Ese día conocí a Rubén Darío Arcila, ‘Rubencho’, quien también debutaba. Nos subimos al transmóvil y, gracias a que yo conocía a los atletas, me atreví a dar un favorito: Eduardo Castrillón. ¡Y ganó! Al día siguiente, el gerente nos felicitó y me ofreció cubrir vestuarios en el fútbol. Poco después, me enviaron a Bogotá a comentar un Suramericano de baloncesto. Al regresar, ya tenía contrato fijo. Cumplí el sueño de mi infancia: estar en esos carros de transmisión que veía pasar por el puente de Pandequeso cuando llegaban las competencias del ciclismo a Medellín. Yo no iba a ver a Cochise ni al Ñato Suárez; mi intención era ver los carros que pasaban con esos señores transmitiendo la competencia”.
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Usted tiene un “hijo” que ya es una institución: Buenos Días Deporte. ¿Cómo nació ese proyecto?
“El programa va a cumplir 44 años en agosto. Empezó en una emisora llamada Radio Visión a las seis de la mañana. Luego, cuando Caracol creó la cadena Radiodeportes, el programa se volvió nacional y se integraron figuras como Hernán Peláez, Javier Hernández Bonnet y Adolfo Pérez. Cuando esa cadena desapareció, el programa volvió a su origen local en Medellín, manteniendo su horario de dos horas. Hoy, muchos de mis compañeros actuales son jóvenes que crecieron escuchando el programa junto a sus padres”.
¿Montoya también cumple 55 años como docente?
“Empecé como docente de deportes en la U. de A. en marzo de 1971, dos meses antes que en la radio. No he parado desde entonces. He sido técnico de selecciones Antioquia y Colombia, y lo más gratificante ha sido ver el triunfo social: niñas que apenas tenían para comer y que, gracias al deporte, hoy son dueñas de negocios en Atlanta o tienen casas en Miami. Haber sido deportista, entrenador, dirigente y árbitro me permite hablarle al protagonista desde la experiencia, no desde un escritorio. Yo sé lo que siente un árbitro cuando lo golpean o lo que sufre un dirigente para conseguir recursos”.
En un mundo de inmediatez y redes sociales, ¿cómo ve la radio actual? ¿Le gusta que pongan cámaras en las cabinas?
“Lo confieso: no me gusta la imagen en la radio porque le quita la magia. La radio es imaginación. Antes, uno escuchaba a un personaje como Kalimán y se imaginaba a un gigante, aunque el actor fuera pequeño. Esa mística se pierde con la cámara. Soy un hombre de radio, quiero terminar haciendo radio y no me interesan las métricas de cuántos me ven o qué dicen en redes sociales. Me quedo con la voz”.
De tantos cubrimientos internacionales, ¿cuál lleva guardado en el corazón?
“Es difícil elegir. Los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 fueron increíbles por el Dream Team de baloncesto. También el empate de Colombia ante Alemania en Italia 90, con el gol de Freddy Rincón. En ciclismo, transmitir a Lucho Herrera ganando en Alpe d’Huez o a Martín Ramírez derrotando a Bernard Hinault en el Dauphiné Libéré fueron momentos cumbres. Incluso tengo una anécdota insólita: en una gira con el Medellín en Costa Rica, terminé jugando una práctica de fútbol porque faltaba gente. Metí dos goles y unos empresarios internacionales preguntaron por el ‘número 8’. ¡Casi termino fichado como futbolista profesional!”.
¿Por qué nunca aceptó las ofertas para trabajar fuera de Medellín?
“Tuve muchas ofertas de Bogotá y Cali, pero nunca quise irme. Yo soy de aquí, esta es mi raza y mi tierra. Defiendo la Antioquia autónoma, que podamos manejar nuestros propios recursos como comunidades autónomas, al estilo del País Vasco. Escucho el Himno Antioqueño y se me eriza la piel. Teniendo a Antioquia, no necesito nada más”.
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¿Qué mensaje le daría a los periodistas que hoy tienen canales de YouTube y medios propios?
“No doy consejos, solo cuento mi experiencia. Mi gran valor ha sido estar en el barro: haber sudado, haberme lesionado y haber dirigido. Una cosa es tener un móvil en la mano y otra es haber sentido el deporte en el cuerpo. A los jóvenes les digo que busquen las sensaciones reales. Yo estaré frente al micrófono hasta que el Altísimo decida que mi tiempo en este planeta terminó. Y si Dios me llama, espero que sea para dirigir un equipo allá arriba, aunque todavía prefiero seguir trabajando con los terrícolas”.