De 100.000 gargantas salió ayer el dolor en calles y parques de Oslo, mientras en otras ciudades decenas de miles de personas también salieron a manifestar su solidaridad con los familiares de las víctimas del doble atentado del viernes, ocurrido en la capital noruega y la isla de Utoya.
Dicho crimen fue cometido por el ultraderechista Anders Behring Breivik, un hombre que aseguró ser el elegido por Dios para acabar con la "colonización islámica en Europa", en un manifiesto que colgó en internet y en el que reveló parte de su personalidad e ideología.
En cerca de 1.500 páginas y bajo el título "2083: una declaración de independencia europea", el psicópata plasmó paso a paso el modo en que ejecutó el crimen, que le costó la vida a 76 personas, cifra que fue revelada ayer por la Policía, lo que desmintió el número de víctimas oficial, que se ubicaba en 93.
Breivik, de 32 años, compareció ayer ante el juez Kim Heger, en un juzgado de distrito de Oslo, frente a quien asumió la autoría de los crímenes, pero se declaró "no culpable" y aseguró que su organización terrorista cuenta con "otras dos células".
El arrestado denominó su acto como un "castigo a la socialdemocracia", por traicionar al país "importando" musulmanes".
Sin remordimiento
El fiscal Christian Hatlo indicó que el terrorista se mostró "calmado" en todo momento, "totalmente impasible ante lo que ha sucedido" y que exigió constantemente el ingreso de los periodistas para difundir su ideología.
Héctor Gallo, psicoanalista de la Nueva Escuela Lacaniana, explicó que dicho comportamiento parece inscribirse dentro de la lógica de la "inocencia paranoica", en la que la persona siente que no está haciendo nada malo, sino que actúa en favor de la humanidad o el mundo.
"Es lógico que no experimente arrepentimiento, pues, según su lógica, él no mató a esos jóvenes sino al enemigo que ellos representaban para él, unos seres peligrosos de los que hay que limpiar el planeta", aseguró el experto.
Analistas coinciden en que el impacto que genera este tipo de terrorismo en la opinión pública puede ser mayor al ocasionado por actos motivados por la política o la religión, un fenómeno que explica Juan David Escobar, director del Centro de Pensamiento Estratégico de la universidad Eafit.
"Breivik no pertenece a movimientos consolidados, sino que sigue opciones personales, en un continente con fuerte presencia de racismo y que, por circunstancias históricas, necesita de los migrantes. Tenemos que acostumbrarnos a que esto va a seguir pasando", sentenció el catedrático.
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