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Mockus/Fajardo: fórmula que multiplica

  • Óscar Henao Mejía | Óscar Henao Mejía
    Óscar Henao Mejía | Óscar Henao Mejía
08 de abril de 2010
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Estaba finiquitando mi columna para este viernes, cuando me enteré de la grata noticia de la alianza Mockus/Fajardo. Quedó en espera mi escrito casi terminado.

Por primera vez se teje en el país una fórmula novedosa que promete alentadoras coordenadas para la gestión pública. Se abre una ventana que augura aire fresco y limpio con otros modos de entender la política. Por primera vez, también, vemos en la cuerda floja los modos tradicionales y desgastados de la gestión de lo público.

El entusiasmo que se percibe en el ambiente nacional tiene su fundamento: Mockus/Fajardo no es una apuesta por un ensayo que nos pudiera sugerir incertidumbre en sus efectos. Ambos tienen evidencias contundentes para mostrar, construidas desde sus gestiones en las alcaldías de Bogotá y Medellín. La fórmula que hoy nos ofrece un programa en verde para la presidencia mostró en aquellos escenarios lo que puede hacerse cuando se combinan transparencia, coherencia, autoridad moral, independencia y profundo compromiso ciudadano.

La gran mayoría de los colombianos crecimos con una idea distorsionada de la política. Por la percepción peyorativa de mañas, juegos ocultos de ajedrez y de intereses oscuros, terminamos apáticos a cualquier práctica que tuviera esos visos. Casi nos había ganado el sentimiento de impotencia y desesperanza. Cuando depositábamos el voto, sin mirar el color o la etiqueta de partido, lo hacíamos por quien veíamos más distante de esa idea turbia que nos habían formado.

Mockus/Fajardo es una fórmula de confianza, además, porque está acompañada por Garzón y Peñalosa, dos alcaldes que dejaron huellas reconocidas en la capital y dieron muestras de modos genuinos de gestionar la política; es una fórmula fiable porque fue gestada y madurada por dos equipos de alta formación humanista, conocedores de las fisuras y urgencias que hoy desdibujan el horizonte nacional.

Ambos, desde su postulación a la presidencia, han dado al país profundas lecciones de civilidad. En el tramo recorrido han demostrado gallardía con los contendores, no han sacado los trapos sucios que otros utilizan de manera oportunista para polarizar la opinión de los colombianos; por el contrario, han sorteado con respeto y altura las inevitables discrepancias surgidas en la contienda electoral. Coinciden en el reconocimiento al Presidente Uribe por sus logros en muchos campos de la vida nacional, pero no se pegan a su rueda, y prefieren ofertar una propuesta propia en asuntos vitales para la nación, que exponen, no con las frases trilladas que tradicionalmente han pescado los votos ingenuos de los colombianos, sino con un ejercicio de argumentación coherente y profunda.

En bandeja está la oportunidad para configurar el sueño, no de unos privilegiados, sino de Colombia entera, con sus recursos y su gente buena, que podría ser "la mejor esquina de América".

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