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Mi humilde opinión del TLC

24 de octubre de 2011
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Mis estudios en economía me permiten entender las razones que defienden las economías abiertas y la liberación del comercio. Mi educación y vocación ambientalista, sumadas al tremendo amor que siento por mi tierra, mi gente y mis costumbres, se niegan a aceptarlas.

Me lleno de preguntas y de miedos cada que pienso en lo que se viene. No porque le tenga miedo a los retos; sé que son necesarios para crecer. Tengo miedo porque no siento que estemos preparados para afrontarlos. Las desventajas son absurdas. ¿Sostenibilidad? Para mí, un país importador no es un país sostenible.

Tengo miedo de que se pierda aún más el amor por lo propio, el respeto por lo local, sólo porque "el mercado", este ser magnánimo, omnipresente, omnipotente, y eso sí, "invisible", con su gran engaño (alias "precios") dicta lo que debe producirse y lo que debe consumirse.

No hay que preocuparse por explicarle a un productor colombiano por qué su producción no es considerada como una ventaja comparativa y que por esto su maíz o su pollo deben ser remplazados por corny chicken : el mercado solito lo hará. Bajo este esquema, hasta una arepa podría ser importada si los gringos fueran más eficientes en su producción. Qué triste es que un puñado de economistas, con su curvita de oferta y demanda, logren ocultar tantos perjuicios que los modelos neoliberales le causan a la cultura y a la naturaleza.

La inercia política y económica que lleva el mundo es muy difícil de frenar, pero que la mayoría esté girando hacia el mismo lado no quiere decir que este sea el correcto. No aprendemos de las crisis y sus terribles impactos y nos quedamos inmóviles ante las injusticias de un sistema que favorece al 1 por ciento de la población.

Yo no quiero un país donde la carne y las verduras estén sucias de malas prácticas, de malos tratos y de producción en masa, apoyada por modificaciones genéticas y fertilizantes químicos. No quiero un país como el que muestra el documental "Food Inc .". No quiero tener que buscar huevos de "gallinas felices" o buscar la etiquetica de "orgánico" para saber qué le puedo dar a mis hijos. Yo quiero un país limpio y autosuficiente, por lo menos en temas alimenticios. La plata y las máquinas no se comen.

Recuerdo hace poco haber visto a Sofía Vergara (tan famosa ahora en EE.UU.) alardeando en un talk show de que "en Colombia todo es orgánico". No por mucho, mi querida Toti. Aún cuando algunas especies de animales o vegetales se salven de ser remplazados por sus homónimos gringos, los impactos a la maquinaria, drogas y tecnología de procesos cambiarán la manera de hacer las cosas aquí. Todo en función de otro engaño: el crecimiento económico.

Nada cambiará en este mundo mientras los precios sean lo único que el consumidor ve. La economía es bastante cobarde como para incluir los verdaderos costos de las cosas, y es eso precisamente lo que el TLC logrará. Si vamos a importar algo, propongo que sean los grupos de "Indignados" que están protestando en las grandes ciudades. Porque aquí no hemos despertado.

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