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Los libros huaca

  • Arturo Guerrero | Arturo Guerrero
    Arturo Guerrero | Arturo Guerrero
24 de agosto de 2010
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Escriben los negros, escriben los indios. Siempre lo han hecho, así sus palabras no aparecieran en páginas sino en cantos, leyendas, piedras y mitos. Escriben en sus decenas de idiomas misteriosos, a manera de conversaciones con sus muertos o con los espantos de la niebla. Escriben para fundar sus mundos y para conmemorar sus combates por seguir viviendo.

Acaban de aparecer en libros, en muchos tomos con carátulas creadas por un pintor negro y otro indio. Se llaman " Biblioteca de literatura afrocolombiana ", con 19 volúmenes, y " Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia ", con 8. Para reunir estas colecciones, el Ministerio de Cultura dedicó los mil millones de pesos más decentemente invertidos del octenio pasado.

Varios estaban inéditos y dispersos en ríos, montañas y palenques, de donde conspicuos compiladores los trajeron a la luz de los blancos. Las dos bibliotecas son una noticia excepcional, que no ha recibido mucha acogida en los medios informativos de este país consagrado a los divos de la farándula. "En Colombia la calidad es clandestina", sigue recordando desde su tumba el escritor R. H. Moreno Durán.

Están los novelistas, cuentistas, dramaturgos, ensayistas, historiadores, mitógrafos y poetas, muchos poetas. Los negros, desde Candelario Obeso, pasando por Manuel Zapata Olivella y terminando en Lenito Robinson-Bent, cuentan sobre el principio filosófico africano del 'muntu', según el cual cuando se habla del hombre se incluyen en ese concepto los vivos y los muertos, los animales, los vegetales, las piedras y los minerales.

Los indígenas, desde los hacedores de mitos uitotos, hasta los jóvenes poetas Vito Apüshana, Fredy Chikangana y Hugo Jamioy, enseñan cómo en Colombia también se creó el universo de la nada, solo que sin culpa original. Cantan sus palabras mayores desde realidades invisibles, como las de los sueños, que son más verdaderas que la pálida realidad de los blancos.

En estas bibliotecas de los pueblos silenciosos y silenciados están las raíces antiguas y presentes de este país que no se reconoce en sí mismo, sino en Inglaterra, Estados Unidos o México. Están la danza como experiencia perpetua, la tierra como extensión del cuerpo de las personas, los animales y las plantas como otras gentes con las que se habla.

Las escrituras indias y negras llegan en este momento, como un estatuto de aquello que profundamente somos. Bienvenidos estos libros huaca, estos tomos tesoro.

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