Cuando estamos fuera de la casa nos toca aguantar situaciones que nos tensionan y ofuscan. Tráfico pesado, conductores que no respetan, calor, lluvia, una colaboracioncita, humo de mofle, pitos. El día entero pasa en medio de afanes, preocupaciones, urgencias, carreras, obligaciones.
Vivimos en un ambiente difícil de soportar y que nos hace permanecer eléctricos, malhumorados, con gastritis y con preinfarto. A lo anterior le agregamos la cantidad inverosímil de malas noticias económicas, políticas, sociales, nacionales, internacionales, corrupción galopante, atentados, mentiras, manipulaciones, insultos, secuestros, robos, desfalcos, quiebras.
Lo anterior y mucho más nos lleva a proponer que hagamos de nuestros hogares unas verdaderas y auténticas zonas de dis-tensión. Que cuando al final del día regresemos a casita inmediatamente sintamos que todo cambia. Ya no hay gritos, no hay sobresaltos, no hay sospechas, no hay inseguridad. Que exclamemos alegres: ¡Al fin en casa…
Que todo el que entra sea recibido con una sonrisa, un beso, con una expresión: ¡qué rico que llegaste…
Que adentro. Una vez quitados los zapatos que duelen, la ropa que aprieta y las preocupaciones que atormentan podamos disfrutar de una verdadera zona de distensión.
Que cante la radio que esté encendida, que los televisores sintonicen programas agradables, relajantes, simpáticos. Que en la noche todos los de la casa puedan sentarse a comer unidos como en una ceremonia de entendimiento, de unión. Que los niños cuenten su día, sus alegrías y aventuras. Que los mayores narren sus logros, sus sueños y esperanzas. Que todos compartan la dicha de estar unidos alrededor del mantel, casi como en una oración de paz. Vale la pena contar los chistes que se escucharon en el día, reír es una manera bella de convivir. En la mesa no hay televisor, ni radio, ni celular, los presentes son más importantes.
Es bueno tener dentro de la casa un lugar especialmente señalizado en el que no se puede alegar, menos pelear. La pieza de los papás, por ejemplo, es como un lugar de "queda". Los disgustos se desvanecen allí, allí se encuentran los perdones.
Ver televisión y conectarse al computador no deben dañar el ambiente. Vivamos intensamente las horas en las que los que nos queremos estamos juntos. En el hogar estamos los que no nos traicionan, los confiables, los que amamos y nos aman.
Qué bueno es estar en un sitio que se llama hogar. Cálido, agradable, tranquilo, compartido, positivo. En donde se saluda con cariño por la mañana y se dan besos en las noches. En donde se escuchan las tres Avemarías y la del Ángel de la Guarda, dulce compañía. Cuando hay discusiones no hay resentimientos, no hay rencores, se perdona siempre.
El hogar es el sitio ideal para el verdadero amor, ¡bendito sea…
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