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LA AGRICULTURA Y LA AGENDA PÚBLICA

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23 de mayo de 2013
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La agricultura en Colombia tuvo, en el pasado, un desempeño importante y le hizo un aporte trascendental al desarrollo del país. Ello ocurrió porque las teorías en boga en esas épocas proclamaban que el progreso de una nación reposaba en el sector industrial y en el desarrollo y el impulso a las ciudades.

La agricultura tenía que proveer a los sectores urbanos, además de los alimentos y las materias primas, de mano de obra, divisas y transferencias. Como el paradigma del desarrollo estaba centrado en las ciudades, el Estado le dispensaba poca atención al desarrollo del campo y al mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes. Lo que interesaba era asegurar la producción agrícola.

Con el pasar del tiempo, la agricultura y el devenir del campo fueron perdiendo importancia en la economía. Esto hizo que salieran de la agenda pública y que la sociedad no les concediera mayor importancia. No obstante, el Estado ha mantenido activas un conjunto de políticas tendientes a fomentar la dinámica del sector agropecuario y a atender, de manera bastante limitada y precaria, las necesidades del sector rural.

Es por ello por lo que, a diferencia de otros países latinoamericanos, el avance de la agricultura en nuestro país no ha sido destacable. Los problemas estructurales del sector (como la baja productividad y la muy limitada transformación productiva) y los de los territorios rurales (como los altos niveles de pobreza e inequidad) no han recibido atención especial y menos aún una solución definitiva.

Una parte importante de los habitantes de las ciudades ya no tiene mayor relación con las actividades del campo o la misma se limita a la recreación o al descanso. Más aún, hay analistas que consideran que el futuro de los países está en los sectores urbanos y que, por tanto, no es necesario gastar mayores energías en las ‘bucólicas’ actividades agrícolas y rurales. También se ha llegado a pensar que al país le sería socialmente más rentable acelerar la migración del campo a la ciudad.

De cara al futuro, en el que muchos analistas y entidades internacionales, como la FAO y el Ifpri, prevén dificultades para asegurar la alimentación de la población mundial y la disponibilidad de agua para el consumo humano y la agricultura, el papel de este sector en el desarrollo se ha revalorizado.

Dicha revalorización es aún más importante en aquellos países que, como Colombia, disponen de tierra arable y para la producción agropecuaria; Colombia, además, es uno de los países más ricos del mundo en recurso hídrico.

Un asunto adicional, y que debería ser tenido muy en cuenta, es que en Colombia solo se utiliza el 25 por ciento de la tierra apta para las actividades agrícolas. Esto nos pone en una posición aún más favorable.

Todo esto debería servir de llamado para que el país les dispensara a la agricultura y al sector rural el valor y la importancia estratégica que estos tienen para el desarrollo y el bienestar de todos los colombianos. Esto implica darles un lugar prioritario en la agenda pública nacional.

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