Para la mayoría de los adolescentes hoy es normal ver todo lo habido y por haber en internet así como compartir su vida social y su vida privada con conocidos y desconocidos a través de las redes sociales y del correo electrónico. Lo grave es que como en el espacio virtual todo se muestra abiertamente y circula por todo el mundo, los menores de edad se exponen, no solo a ver lo que no deben, sino también a mostrar lo que deben, como es el caso del “sexting”.
Se llama sexting al envío de fotos de sus genitales y partes íntimas, a través de mensajes de texto o del email. Lo hacen, con más frecuencia las niñas buscando ser más populares, para atraer a un joven que les interesa o como una prueba de amor que envían a su novio.
Hace un tiempo a esto se le llamaría una degeneración, pero hoy es simplemente una entretención que hace parte de las actividades con que se divierten las nuevas generaciones. Lo grave es que se trata de un tema que puede arruinar la reputación así como la vida personal de quien aparece en una imagen que puede circular, no sólo entre sus contactos sino también en los de todo el mundo. Y que, además, puede llevarlas al suicidio, como ya ha ocurrido con varias niñas que lo han hecho cuando se enteraron que su sexting fue difundido por internet.
A mi juicio, el sexting no es una diversión sino una forma de prostitución… de vender lo más íntimo y sagrado de sí mismo. Lo grave es que las niñas no se dan cuenta que lo que están feriando no es tan solo su intimidad sino su integridad personal y moral. Y tampoco tienen en cuenta que cualquier imagen que circule por el ciberespacio se difunde como el humo, sin que sea posible controlarla ni saber a qué manos llegará.
Es peligroso permitir que los hijos deambulen solos por el ciberespacio porque allí se pueden empapar con las cosas más fascinantes y maravillosas pero también con las más perversas, degeneradas y peligrosa que pueden corromperlos mucho. Por eso los padres debemos estar muy al tanto de qué hacen y con quién andan los hijos en internet porque todo lo que hagan en el mundo virtual puede tener graves consecuencias en el mundo real, incluyendo arruinarles su reputación… y su vida.