Para el encargado de dirigir las riendas del Banco Mundial, Jim Yong Kim, el problemas económico más apremiante que debe afrontar el planeta es el cambio climático, seguido de temas como racionalizar el gasto público por parte de los gobiernos para no volver a caer en crisis fiscales como la que resiente Estados Unidos y aún no supera Europa.
Nacido en Corea del Sur en 1959, pero criado en Estados Unidos desde los cinco años, casado con una pediatra, padre de dos hijos, aficionado al deporte y a la música hip-hop, fue la propuesta sorpresa de Barack Obama para presidir el Banco, tradicionalmente en manos estadounidenses, igual que la dirección del Fondo Monetario Internacional recae en manos europeas.
Fue este médico y antropólogo quien un año atrás le ganó el pulso al reconocido economista colombiano José Antonio Ocampo por la Presidencia de este organismo multilateral.
¿Qué hace un médico y antropólogo, al frente del Banco Mundial? ¿Cómo es posible que presida la vilipendiada -por tantos- institución financiera, la misma persona que hace 16 años participó en las movilizaciones para cerrarla?
"Yo luché contra el Banco, estuve en aquel movimiento de los años noventa que se llamó 50 Años es Suficiente y que quería cerrar el Banco en su medio siglo de aniversario. ‘¡Afortunadamente, perdimos aquella batalla…", contó a El País Semanal Yong Kim, durante su estadía en Lima, en el inicio de una gira por Perú, Bolivia y Chile.
Cuando tenía 28 años, el doctor Jim Yong Kim fundó la organización Partner in Health con cuatro compañeros. Querían abordar problemas graves de salud en comunidades pobres con tratamientos directos y baratos. El éxito inicial de Haití contra la tuberculosis se repitió en Perú.
La Organización Mundial de la Salud abrazó entonces el modelo, que se ha utilizado en casi medio centenar de países. Kim volvió el 29 de junio a Carabayllo, en los suburbios encaramados a los cerros que rodean Lima. Allí fue recibido como un héroe. "Claro que es muy especial para mí esta visita. Yo soy médico pero además soy antropólogo. Siempre he estado metido en proyectos que tratan de mejorar la salud de la gente. Hace años, las grandes organizaciones internacionales se resistían, decían que era imposible tratar a enfermos muy pobres".
Durante su gira por Latinoamérica, también reflexionó con El País acerca de lo que pasa con distintos fenómenos económicos del planeta y cómo se leen desde uno los cargos más relevantes del concierto mundial.
¿Qué Banco ha encontrado que ya no lo quiere cerrar?
"Lo más importante que me ha ocurrido este año es que he descubierto una institución completamente diferente de lo que imaginaba. Muchos la ven como un montón de banqueros y economistas haciendo declaraciones sobre el mundo; lo que he aprendido es que el Banco está lleno de gente increíblemente apasionada en luchar contra la pobreza".
Se fijó en el capital humano.
"Es lo mejor que nunca he encontrado, y he estado en unas cuantas instituciones de prestigio, como la Universidad de Harvard; hay calidad intelectual, diversidad, una enorme experiencia en la resolución de problemas... Nunca he visto nada igual. Y lo más importante no es su preparación, su capacidad: es esa pasión absoluta para combatir la pobreza que tienen todos los que me he cruzado, y que podrían estar en otros sitios ganando mucho más dinero".
¿Cómo ve la economía global? ¿Alguna nueva tormenta en el horizonte?
"Si algo hemos aprendido de la última crisis financiera es que somos pésimos a la hora de pronosticar. Lo importante es que tenemos que estar preparados"
¿A qué se refiere?
"Cuando llegué al Banco se oía que Grecia iba a abandonar la Unión Europea (UE) en meses, que el euro estaba en cuestión... Había gente muy inteligente pronosticando el fin del euro. Bueno, durante este año ha habido cosas positivas, hay datos que indican que se ha recuperado la confianza. Creo que hemos pasado lo peor, que hemos desarrollado formas de responder a las crisis muy diferentes de las de hace uno o dos años. Soy mucho más optimista. Dicho esto, hay un buen número de cosas con las que tenemos que ser muy cuidadosos.
¿Por ejemplo? ¿Cuál es su lista de lo alarmante, de lo urgente?
"Ya lo he dicho en muchas ocasiones, y lo repito: el cambio climático. En Estados Unidos el ciclo de sequías e inundaciones es ahora muy diferente, y lo mismo pasa en todas partes. China ha asumido el problema de sus emisiones de carbono más seriamente; se han dado cuenta de lo terrible que fue la contaminación en Pekín el pasado invierno. La UE siempre ha sido líder, y creo que la canciller Ángela Merkel ha hecho un extraordinario servicio al desvincular el crecimiento de las emisiones de carbono, al decir: ‘Vamos a crecer, pero manteniendo bajas emisiones de carbono’. Ha sido muy estimulante el discurso del presidente Obama; queda mucho por hacer, pero ha tomado decisiones audaces. Dicho esto, no estamos afrontando el problema como deberíamos: es un peligro muy real que va a conducir a situación es de riesgo y de desastre".
¿Hay otras urgencias en la economía global?
"Todos los países van a tener retos similares y deben ordenar su política macroeconómica. Los gobernantes tienen que enviar señales, especialmente hacia la comunidad inversora, de que sus decisiones van a garantizar igualdad de condiciones y que sus Estados van a ser apuestas seguras para los inversores; en Europa, sobre todo, con el desempleo que existe, hay que tener muy claro qué hacer. Y lo segundo, que también afecta a todos: hay que racionalizar el gasto público. En Latinoamérica, tras las crisis de los ochenta y los noventa, muchos países tomaron las decisiones adecuadas, y eso lo agradecen ahora".
¿Cómo se hace eso?
"En sanidad, en educación, hemos estado viviendo en un mundo de fantasía en el que creemos que las cosas se hacen por sí solas. No hemos sido serios; no es así. Hablamos de ciencia porque hay que construir un enfoque científico que se ocupe de garantizar cómo se ejecutan los compromisos. ¿Hay lugares en los que se han creado sistemas de salud que consiguen grandes resultados con bajos costes? La respuesta es sí".
Hablaba antes con un cierto optimismo de Europa. Menos mal alguien lo hace...
"Aunque sé que aún domina el pesimismo, estamos en una situación mucho mejor. Ahora, los europeos tienen que sentarse y decir: ‘¿Qué hacemos? Necesitamos crear un clima político en el que la gente confíe, en el que se pueda invertir; compararnos con lo que ocurre en otros países’. No se trata de recortes, se trata de preguntarse: ‘¿Qué gastos públicos mantengo que realmente ayudan a los que lo necesitan? ¿Cuáles son los gastos que contribuyen a que crezca la economía?’. Los Gobiernos todavía tienen que adoptar decisiones drásticas sobre opciones políticamente difíciles, pero sabemos que son las adecuadas para el futuro, para las próximas generaciones. Son medidas difíciles que creo que hay que tomar durante la crisis, y me da la impresión de que se están aplazando un poco, porque las cosas van algo mejor y se piensa que quizá no haya que adoptarlas. Yo llegué literalmente a mi mesa de despacho pensando: ‘¿Cómo actuamos si el euro se derrumba?’. Imagínese qué situación se plantearía, qué efecto dominó... Estamos mucho mejor. ".
Volvamos a Brasil y, en general, a los países con protestas recientes.
"En Brasil, los esfuerzos de Lula (Luiz Inacio) y Dilma (Rousseff) para hacer políticas inclusivas han sido y son extraordinarios; allí y en casi toda Latinoamérica ha habido un excelente movimiento de la pobreza hacia la clase media. Pero vivimos una época absolutamente nueva en cuanto al poder de los ciudadanos. Ahora la persona más pobre del suburbio más pobre de Lima conoce exactamente cómo vive la gente acomodada en Lima, cómo vive la gente acomodada en Europa. No hay límites para saber qué es lo que significa vivir bien, qué es la riqueza, qué supone el acceso a las cosas... Vivimos tiempos apasionantes, porque ya no se trata solo de salir de la pobreza. En cuanto uno sale, dice: ‘¿Y ahora qué? ¿Qué hay después? Lo que hay es una mejor educación para mis hijos’. El gran asunto aquí, en Latinoamérica, va a ser el siguiente: ‘Si yo he nacido en una familia pobre, ¿mis hijos van a tener la oportunidad de llegar hasta los escalones más altos de la sociedad?"’ Y esta demanda ha llegado para quedarse va a estar ahí".
¿Qué puede pasar de aquí en adelante en la región?
"En Latinoamérica hay mucha gente que ha pasado de la pobreza a las clases medias, y el factor de quiénes son tus padres aún influye mucho a la hora de determinar lo lejos que vas a llegar. Esa es la cuestión con los resultados en los servicios: la educación en las comunidades necesitadas no es lo que debería ser, igual que el acceso a la enseñanza superior... Esto es la realidad del futuro, sencillamente: que con redes sociales con acceso a teléfonos móviles y a la información, las demandas de las clases medias van a seguir aumentando. Por eso nuestra tarea, aquello en lo que vamos a ser relevantes a través de la ciencia de obtener resultados, es ayudar a los Gobiernos a que no se duerman en los laureles, a que no se relajen. La próxima etapa es construir sistemas, de bajo coste y elevada eficacia, educativos, sanitarios y de protección social que estén a la altura de las demandas de los ciudadanos y al mismo tiempo, y esto es básico, también llevar a cabo las inversiones fundamentales en capital humano que van a ayudar a competir en el futuro. Esta es la mentalidad que nos gustaría que tuvieran los gobiernos ante las protestas. No solo tratar de aplacarlas, sino que piensen que se puede hacer más y mejores cosas a la hora de ofrecer esos servicios, y que haciéndolo sientan bases del crecimiento económico del futuro. Y esto es verdad en España, en Brasil, en Turquía y en cualquier parte".
Junto con el cambio climático, otra de sus grandes preocupaciones es lograr el objetivo de llegar a 2030 habiendo eliminado la pobreza en el mundo. ¿Qué se ha hecho, qué falta por hacer?
"El progreso extraordinario hecho entre 1990 y 2010 ha permitido reducir a la mitad la pobreza extrema, de forma que del 40 por ciento de la población mundial se ha pasado al 20 por ciento... Pero la mayor parte de eso ha sido por China, y no es muy probable que ningún otro país vaya a experimentar la rapidez de crecimiento que ha permitido a China esas magnitudes. Lo que hemos conseguido es coger la fruta que estaba en las ramas más bajas... Ahora queda la que está en las ramas más altas. Las zonas en las que tenemos que concentrarnos están en el sur de Asia; India, por ejemplo, con 400 millones de personas viviendo aún en la pobreza; muchas partes de África subsahariana, los Estados considerados como frágiles y conflictivos...
Queda mucho por hacer, pero los retos están bastante claros. India tiene un déficit de un billón de dólares para los próximos cinco años; tienen suficiente dinero público como para financiar la mitad de ese déficit, así que la cuestión es cómo lograr que el sector privado colabore con el público para desarrollar las infraestructuras necesarias para sacar a toda esa gente de la escasez.
Ya no podemos pensar como antes. ¡Si en India nonos rompemos la cabeza imaginando fórmulas que unan dinero público y dinero privado, Dios mío, nunca vamos a conseguir estos objetivos… Lo mismo pasa en África. África necesita energía, energía, energía. Mejorar su productividad agraria. Y también dejar claro al sector privado que está abierta a las inversiones, que África es una buena opción. Ese va a ser nuestro papel. Primero, conseguir fuentes de energía, y segundo, ayudarles a atraer financiación del sector privado, de forma que pueda haber crecimiento económico. Son los empleos los que van a sacar a la gente de la pobreza, y para eso hace falta energía, inversión privada, falta crear esos empleos".
Si se consigue todo esto, ¿a qué se va a dedicar el Banco? ¿Perdería su sentido?
"En absoluto. Volvemos de nuevo a lo que hablábamos sobre ejecutar los proyectos. Si 1.200 millones de personas salen de la pobreza, imagine: ¿qué es lo que van a pedir? ¿Más? Más. Van a pedir acceso a los diferentes servicios, y eso es en lo que nosotros podemos ayudar. Nuestra organización está llena de profesores, de economistas, de ingenieros, que además tienen muchísima experiencia práctica en obtener resultados. Lo que nosotros hacemos no es solo para combatir la pobreza. Creo que vamos a ser todavía más relevantes después de 2030, porque ayudamos a satisfacer las demandas que hay en los países. Y atención, repito: si no se satisfacen, lo que ha pasado en Brasil pasará en todas partes" n
"Si algo hemos aprendido de la última crisis financiera es que somos pésimos a la hora de pronosticar. Hay que prepararnos".
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