Caminar por El Campín significa dar un paseo para recordar que en este escenario el elenco antioqueño forjó gran parte de su prestigio internacional. Es cierto que de la historia no se vive, pero los jugadores verdes que buscarán esta noche la estrella 12 saben que no pueden ser inferiores a ese pasado.
"Es una gran responsabilidad saber que Nacional ganó la Libertadores en ese estadio. Los que jugamos en este equipo sabemos que estamos obligados a pelear todos los torneos que disputemos y aunque nosotros construimos un nuevo camino, debemos respetar el pasado de esta institución", manifestó Macnelly Torres esta semana respecto a las emociones que genera el último partido del semestre ante los cardenales.
Y es que esa energía no ha abandonado este templo del fútbol, a pesar de los cambios en la infraestructura del escenario, cuando uno mira a la cancha y fija su ojo en la portería norte, de inmediato aparece la figura de René Higuita tapando una y otra vez los penaltis del Olimpia paraguayo. Traslada la mirada al mediocampo y ve a un Alexis García, con la cinta de capitán, haciendo un pase de taquito.
Llega uno a la otra portería y observa al Palomo Usurriaga (q.p.d.e), levantándose a cabecear para igualar la serie ante los paraguayos. Por último, mira uno al banderín del tiro de esquina y la figura de Leonel Álvarez, corriendo hacia a ese sector para arrodillarse a celebrar con sus compañeros el título de Copa, se hace visible.
"Eso le da a uno escalofrío. Ojalá poder llegar algún día a ganar una Copa Libertadores con esta institución", dijo Alexis Henríquez que ya se llevó ese certamen con el Once Caldas.
El zaguero es consciente que para llegar a ese tipo de instancias, primero deberán salir campeones, esta noche en Bogotá: "va a ser un juego difícil, pero tenemos cómo sacarlo adelante", dijo el espigado jugador tras una de las prácticas de la semana.
En aquella gloriosa época, un joven "con colas", como se le definía a un corte de cabello, deslumbraba por su elegancia y seguridad. Era Andrés Escobar (q.p.d.e). Ese legado permanece hoy en un jugador de cabello rizado. Stefan Medina que, a principio del semestre recibió el número que siempre portó Andrés. Lucir el 2 en El Campin significa mucho para él.
"No me tocó verlo jugar pero todo el mundo me habla de Andrés. Sé lo que este número representa para la hinchada y lo que representaría también un nuevo título para nosotros", aseguró.
El Nacional de hoy, no sólo tiene la motivación de ir por el título sino la obligación de respetar su historia y que mejor escenario para hacerlo que El Campín.