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El Alma del país del nunca jamás

ALMA GUILLERMOPRIETO, LA periodista mexicana, estuvo en la Fiesta del Libro. Habló de su trabajo y de esa Latinoamérica que ha escrito por un poco más de 30 años.

  • El Alma del país del nunca jamás | Hernán Vanegas | La periodista mexicana señala que no sigue las redes sociales, pero que "la nueva plataforma de internet permite un periodismo maravilloso".
    El Alma del país del nunca jamás | Hernán Vanegas | La periodista mexicana señala que no sigue las redes sociales, pero que "la nueva plataforma de internet permite un periodismo maravilloso".
11 de septiembre de 2011
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Es una mujer delgada y alta, de pelo corto. Ya se le asoman unas cuantas canas y sonríe, a veces como si fuera tímida. No lo es tanto.

La gente la saluda, no toda, pero la que la reconoce quiere decirle algo, tomarse una foto. Entonces los escucha amablemente, aunque vaya de afán. A algunos se les ilumina la mirada y le dicen que si se acuerda de ellos, cuando el taller de hace tantos años y ella trata de hacer memoria, de no decirle que tiene prisa y el hombre insiste: ‘yo fui el que le llevé las galletitas a su casa, ¿se acuerda?’. Sonríe,  parece que sí. Le cuenta al fotógrafo que la espera (desde hace dos horas sin que ella lo sepa) que sólo tiene tiempo para una foto.

Posa disimuladamente, sin cartera, porque eso se veo feo con bolsas ahí colgando. Dice algo así.  Luego el de la cámara le señala que con libros, por lo de la Fiesta del Libro. En ese estand, escogido al azar, no encuentra nada que le guste. Tal vez por el letrero de cinco mil, que quizá no vio. Busca hasta que llega al libro de tango. Con ese sí se deja fotografiar. Lo mira varias veces, de afán todavía, porque la que se oyó por el teléfono le recordó que la estaban esperando casi al otro lado del Jardín. Explicó que estaba de almuerzo con el Alcalde. Le gustó el libro, quisiera verlo más, pero hay que irse. Hace un dejo de pesar, se acaba la foto y se va. Como cualquier parroquiana que recorre el Jardín.

Alma Guillermoprieto le ha dedicado sus letras a América Latina, al conflicto, sobre todo.  En una crónica, La llamada Sandinista, escribió: “El hecho de subirme a un avión con rumbo a un nuevo destino perdería hasta la más pequeña connotación de aventura, exotismo o glamour (y a cambio, me llegaría a sentir en todo un continente como en mi casa, llena en cualquier parte de amigos y recuerdos). He visto y contado tantas historias que tengo la impresión de haber olvidado las más importantes, mientras que hay otras que no me gusta repasar”.
Por ahora no quiere comprometerse con muchas cosas, porque este año lo dedicará a ser reportera, que es lo que le gusta. En la Fiesta del Libro vino de invitada a contar eso que ha hecho durante tanto tiempo. Habla suave y con pausas.  Tranquila, aunque le apura el tiempo. No deja de sonreír, habla de su nuevo libro, que le gusta porque es una retrospectiva de 30 años de trabajo , se extraña de que no se ha dicho mucho de él. También quiere recorrer la feria.

¿Desde el país del nunca jamás, su nuevo libro, le sirvió para recordar?
“Pues sí, yo en realidad tuve miedo de asomarme a ese pozo profundo del tiempo. Quise mantener una cierta distancia de ese recuerdo, porque para mí el libro más importante siempre es el que sigue. Me acabo de enterar de una teoría del señor Foucault, que para leer un libro hay que matar al autor, eso me lo dijeron los alumnos de un curso que tenía. Yo les dije, pues bueno, yo quiero matar el libro que acabo de escribir. Mi deseo es que los lectores, si les interesa, puedan recuperar un poco de la historia a la carrera que es el periodismo de América Latina. Para mí realmente lo que importa es lo que viene mañana”.

Veinte años sin venir a Medellín. ¿Cómo lo encontró?
“Estoy con la boca abierta y eso que no he tenido oportunidad de ver nada. Hace veinte años era una ciudad que tenía vergüenza -aunque no me gusta utilizar la palabra, pero es un poco eso-, como que se escondía y hoy día es una ciudad que se quiere mostrar a todo el mundo. Y pues tienen razón, porque la ciudad está muy bonita y muy cambiada en sus conceptos.
Yo vine varias veces. Primero a esa masacre de Segovia, la segunda de Fidel Castaño, en realidad, porque él había cometido una más pequeña antes, y luego a trabajar mucho, con la ayuda de Alonso Salazar y Víctor Gaviria, el tema de la juventud, que es una juventud no moderna, sino casi posmoderna, que ahora también vemos en Centroamérica y en México. Una juventud, como dijo Víctor Gaviria, de no futuro y de no esperanza. Lo que me llama mucho la atención es que eso se puede revertir.
No quiero ser demasiado optimista, yo no he subido a las comunas esta vez, quizá allá sigue reproduciéndose ese mismo esquema de desesperanza, pero sí siento que hay una claridad sobre la naturaleza del problema y una voluntad de que sea diferente”.

A usted le ha gustado compartir conocimiento, sobre todo a través de talleres…
“A mí sí me ha gustado mucho, agradezco mucho a la Fundación Nuevo Periodismo la oportunidad de hacer talleres todos los años que me permitan estar en contacto con los jóvenes escritores y reporteros latinoamericanos. Me gusta mucho ese contacto con los jóvenes y con su experiencia, pero también trato de limitar ese trabajo. Porque yo soy reportera. Y entonces me la paso haciendo cosas que me le quitan el tiempo a la reportería. Trato de ser un poco más disciplinada en eso de lo que he sido los últimos años”.

Latinoamérica ha sido su único tema. ¿Por qué?
“En mi vida yo no he elegido nada. Todo me ha ocurrido. Todo me ha aplastado. Todo me ha encontrado. Yo no elegí trabajar en América Latina. Simplemente de un reportaje al siguiente, nunca dejó de fascinarme lo que ocurría. Si yo me hubiera cansado, si hubiera sentido que era un lugar aburrido, me hubiera ido, no sé, a Malasia o a París, pero nunca se me ocurrió porque nunca dejé de estar fascinada por la vegetación, la gente, los fenómenos sociales, las extravagancias, la parranda, por todo lo que es América Latina.”

¿Cuál es esa América Latina de Guillermoprieto, después de escribirla tanto?
“El libro se llama Desde el país de nunca jamás, porque América Latina es un país que nunca jamás acaba de ser sí misma. Nunca jamás acaba de consolidar sus logros. Avanza y retrocede, pero al mismo tiempo, como el país de nunca jamás, es el sueño al que aspiramos todos. Latinoamérica es una región de grandes sueños, de grandes ambiciones y de grandes metas”.

Latinoamérica somos todos estos países, pero ¿si nos parecemos tanto para unirnos en este término?
“Creo que en América Latina no nos hemos querido ver y por eso los libros son tan importantes. Los libros nos transportan y nos permiten vernos y entendernos sin necesidad de presencia física, quizá hasta mejor que con ella, no sé.
Yo me he pasado treinta años mirando hacia América Latina, en América Latina, no hacia… Pues es que somos idénticos. Estamos unidos por el idioma, obviamente; por una religión que nos forjó la identidad, por una historia colonial: todos somos hijos de España queramos o no, o hijos de Portugal que es un poquito lo mismo. Todos tenemos economías que no han acabado de salir de la dependencia. Todos padecemos la dependencia cultural (E.U. ahora). Todos lidiamos el problema del narcotráfico ahora, sin excepción. Todos concebimos la familia como el eje de las relaciones. Una buena parte somos cultura del maíz y del sancocho. No sé si iguales, pero yo diría que hay tanta diferencia entre un paisa y un costeño, que entre un paisa y un chilango de México”.

¿La has mirado siempre desde el conflicto, verdad?
“Eso me llegó también. Después de cuatro años en Centroamérica, eso formó mi mirada. Tienes toda la razón. También he escrito sobre comida, tuve una columna durante un par de años y hay un texto en el libro. He escrito mucho sobre creadores de cultura, pero sí, casi siempre en el contexto de la violencia”.

En estos países donde el conflicto está tan acentuado, uno siente que el periodismo se dedica a mirarlo, que se olvida de otros temas. ¿Eso le hace daño?
“No sé si le haga daño al periodismo, lo que sé es que la violencia daña terriblemente una sociedad. Le impide mirarse a sí misma con alegría y es un factor, es un obstáculo determinante para la modernidad”.

¿Cómo estamos en periodismo en América Latina?
“Creo que al periodismo le falta muchísimo. Le falta mucha democracia en la estructura de los periódicos: salarial, racial y de tema. Quienes están representados en los periódicos mayormente siguen siendo los del poder, los de la sociedad, y los pobres y la violencia como una categoría global”.

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