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Miguel Bosé volvió a Medellín tras 9 años: un ritual de elegancia, música y escenario

A las nueve de la noche en punto, del sábado 14 de marzo, Miguel Bosé apareció en el escenario de La Macarena y quedó claro que, después de tantos años de carrera, hay algo que no ha cambiado: nació para estar ahí.

  • Miguel Bosé, en su presentación en Medellín, este sábado 14 de marzo. FOTO Claudia Arango Holguín
    Miguel Bosé, en su presentación en Medellín, este sábado 14 de marzo. FOTO Claudia Arango Holguín
  • Así se vio en Medellín la capa roja de cinco metros llenas de flores tejidas con la que cantó Olvídame tú y que permaneció extendida un par de canciones más. FOTO Claudia Arango Holguín
    Así se vio en Medellín la capa roja de cinco metros llenas de flores tejidas con la que cantó Olvídame tú y que permaneció extendida un par de canciones más. FOTO Claudia Arango Holguín
hace 5 horas
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Desde los primeros pasos en el escenario, Miguel Bosé –próximo a cumplir 70 años– se mueve con la seguridad de quien lo entiende como su territorio natural. Cada paso, cada gesto, cada silencio son tan naturales como precisos. Durante más de dos horas el artista español ofreció en Medellín un concierto que tuvo mucho de ritual escénico dentro de su Importante Tour que lo trajo a la ciudad tras nueve años de ausencia.

La noche comenzó con Mirarte y Duende, dos canciones que de inmediato conectaron con un público que llevaba tantos años esperando su regreso a la ciudad. Luego vendrían El hijo del Capitán Trueno, Nena, Aire soy y Bambú, en un recorrido que fue dejando ver las distintas etapas de su carrera.

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Bosé sabe perfectamente qué canciones tiene entre manos y cómo administrarlas. Este mundo va, Sereno, Solo si, Hacer por hacer y Como un lobo (que inevitablemente nos hicieron recordar a su sobrina ya fallecida Bimba Bosé) mantuvieron al público atento a cada movimiento en un escenario dominado por visuales elegantes, una iluminación precisa, una estudiada coreografía con todos sus músicos –que se movieron con soltura por todo el escenario– y ante todo el gran respeto de mostrar el trabajo a su público, su gente, esa que lo sigue desde hace tantos años.

“Buenas noches Medellín, bienvenidos todos a este retomar aquel discurso que dejamos suspendido hace quien sabe cuántos años”, fue el saludo inicial del artista quien añadió que esta noche “vamos a abrir la caja de los recuerdos imprescindibles porque cada canción va a despertar muchas emociones, sensaciones e imágenes”, sentenció.

Miguel Bosé y el poder del escenario

Si algo quedó claro durante la noche es que el escenario sigue siendo el lugar donde Miguel Bosé se mueve como pez en el agua. Su presencia es total. Incluso en los momentos más tranquilos mantiene el control de la sala, como cuando alguien gritaba histéricamente Miguel y el cantante respondió:

–Te he oído, pero ahora es mi momento.

La frase arrancó risas y aplausos. También dejó claro que el protagonista de la noche sabía exactamente dónde estaba el foco.

Un punto a destacar en este show es el fuerte componente visual cuyo principal núcleo es el vestuario del artista. Bosé se cambió tres veces de vestuario, cada uno pensado como parte de la narrativa del espectáculo.

Primero apareció con un blanco inmaculado –al igual que todos sus músicos que permanecieron así todo el show–, impecable, con un fitting perfecto. Luego, uno de los momentos más impactantes llegó con el rojo pasión, cuando el cantante salió con una imponente capa de cerca cinco metros tejida con rosas, una pieza que añadió una dimensión teatral y ritualismo al show. Finalmente, llegó un amarillo canario encendido que iluminó el escenario.

Todos los atuendos estaban acompañados por tenis a juego, con una confección muy pulida, una caída suave, se notaba que estaba fresco, pero ante todo muy elegantes.

Así se vio en Medellín la capa roja de cinco metros llenas de flores tejidas con la que cantó <i>Olvídame tú </i>y que permaneció extendida un par de canciones más. FOTO Claudia Arango Holguín
Así se vio en Medellín la capa roja de cinco metros llenas de flores tejidas con la que cantó Olvídame tú y que permaneció extendida un par de canciones más. FOTO Claudia Arango Holguín

Con el traje rojo Bosé interpretó Olvídame tú, y la escena adquirió una intensidad especial. De ahí siguieron Sevilla, Amiga, Partisano y Puede qué.

Algo que llamó mi atención fue cuando interpretó Sevilla, en ese rojo intenso, y cuya coreografía de Bosé y sus coristas simulaba el paso de los costaleros, los hombres que cargan los santos en la famosa y patrimonial Semana Santa sevillana. Un detalle bastante sentido para una ciudad que vive por y para la Semana Mayor en España.

Canciones que siguen intactas

El tramo final del concierto fue una sucesión de clásicos que el público cantó con entusiasmo: Morena mía, Si tú no vuelves, Amante bandido y Te amaré.

La despedida llegó con Don Diablo, cerrando un recorrido que repasó varias décadas de música.

Entre el público, al salir del recinto, se escuchaban comentarios similares: “todo era fotografiable”, “este hombre es un divo”, “que espectáculo tan increíble”, “me encantó la ropa”. Algunos pidieron canciones que no aparecieron en el repertorio –Linda o Morir de amor–, pero la sensación general era de satisfacción.

Durante los últimos años Bosé enfrentó problemas vocales que generaron incertidumbre entre sus seguidores. En Medellín quedó claro que esa etapa parece superada.

Al hablar todavía se percibe cierto esfuerzo, pero al cantar la voz se sostiene con solvencia. A sus 69 años, el artista mantiene una interpretación sólida, apoyado por tres coristas muy precisos –y atléticos–, aunque en muchos pasajes Bosé canta completamente solo.

Otro punto a destacar es la complicidad entre el artista y sus músicos, algunos de ellos caras muy conocidas en la ciudad porque lo han acompañado en giras anteriores como Carlos Izaga, en los coros, y Mikel Irazoki, bajista y director musical. Todos fueron presentados en uno de sus cambios de ropa con sus nombres en la pantalla mientras cada uno subía de nuevo al escenario. Esta es una banda que suena compacta, bastante elegante y fiel al espíritu de esa música que conocemos hace tantos años.

Al final de la noche quedó una conclusión evidente: Miguel Bosé nació para el escenario. Allí se mueve con naturalidad, con la confianza de quien sabe lo que representa para el público. Sus canciones, su estética, su manera de habitar el espacio: todo parece cobrar sentido cuando se encienden las luces.

Y durante dos horas largas en Medellín, volvió a demostrarlo.

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