Empecemos por la ciencia de la economía, o quién sabe si lo es, que viene desarrollándose desde no se sabe ya cuántos años, y hasta el momento no ha hecho sino enredar presupuestos, aranceles, medidas de salvación, préstamos y todo lo demás que se mueve en torno a esa locura planificada con cierta perversidad para que la gente crea que es verdad porque con tanta noticia y tanto escándalo la cosa tiene que estar funcionando.
Si usted arma una máquina inútil pero que hace mucho ruido, lanza humo por toneladas y gasta miles de millones en combustible, usted acaba por creer que algo se está haciendo con esa máquina infernal. Pero ocurre que no es sino ruido, declaraciones, manifiestos, reuniones, puntos de préstamos de unos a otros, grandes estafas, períodos de crisis de todos los colores y todos los tamaños.
Mientras eso ocurre usted y yo lo que podemos ver es el crecimiento de la pobreza, la falta de viviendas, la educación de mala calidad y la escasez de alimentos. Y encima de todo, países que se vienen abajo cubiertos por esa cantidad de fórmulas "sabias y salvadoras" que protegen la economía y olvidan una "cosa" que llamamos hombre. ¿Usted cree que una máquina que no sirve debe seguir operando sin reparaciones y cambios radicales en su funcionamiento? Si piensa así, puede seguir muriendo entre sus necesidades.
PAUSA. No hay agua en Marte, si hubiera ya las Empresas Públicas hubieran abierto oficinas.
GARDEAZÁBAL . Mi amigo de muchos años, y notable escritor de otros tantos, se ha vuelto un hombre peligroso cuando habla del fin del mundo, de las Sagradas Escrituras y de los volcanes.
He notado que cuando Gustavo hace mención, por ejemplo, de Tunguragua, al día siguiente aparece un montón de ceniza en el patio de mi casa. Y si habla de terremotos seguramente las paredes de su finca se mueven al ritmo de sus famosos piscos que ya han pasado a ser personajes de ese excelente programa que se llama La Luciérnaga.
"Isaías" Gardeazábal terminó en profeta, Isaías Álvarez Gardeazábal nos habla cada rato de un temblor de tierra de siete grados en la escala de Jacob y no la de Richter, porque nuestro escritor se mueve como pez en el agua en las páginas de los que predijeron miles de años antes lo que nos pasaría por estas calendas.
Espero que mi amigo Gustavo "Nostradamus" Gardeazábal no se moleste por esta nota que, más que nota, pretende ser un saludo muy apretado a quien no tengo el gusto de ver desde hace muchos años. Desde la explosión del Vesubio. O de la espantosa catástrofe del Santorini. Va mi abrazo de ocho grados, extendido a todos los de La Luciérnaga.
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