La era de alias Timoleón Jiménez comenzó muy prolífica en intercambio epistolar y comunicados variopintos.
En uno de ellos, titulado "Así no es Santos, así no es", el nuevo jefe de las Farc se lanza al ruedo, dejando entrever un perfil polifacético y en esta primera de cambios, se observa un Timoleón que se jerarquiza como interlocutor principal frente al presidente Santos, y a la vez lanza amenazas retaliatorias y no menciona diálogo alguno de paz.
El mensaje permite variadas interpretaciones y se aparta un poco de la otrora retórica marxista-leninista, muestra a unas Farc redentoras, fieles a su principio fundacional e inmersas en una lucha de resistencia con esperanza de victoria. ¡Qué tal! En suma, se ratifica el carácter inercial de las Farc soportado en la utopía de la toma del poder por la vía armada.
Unas Farc que persisten en la lógica de la guerra sobre cualquier escenario de diálogo de paz o negociación, un pulso militar que está ahí, relevante y a la orden del día. Por eso, no podemos llamarnos a engaños ni es tiempo de apaciguamiento. Hay que someter a los violentos al imperio de la ley.
Por otra parte, la consolidación del liderazgo del nuevo jefe de las Farc, implica una pausa estratégica y tomará algún tiempo lograr este propósito.
Vendrá un reacomodamiento de poderes, fortalecimiento de la unidad y cohesión interna; se replanteará la estrategia de la confrontación armada, llegarán nuevos renaceres y lo único cierto es la falta de pragmatismo que les impide a las Farc aceptar la erosión de su voluntad de lucha y las lejanas posibilidades de victoria.
Con mucho bombo aseguran tener un proyecto revolucionario sólido, cuando en verdad este transita en forma inexorable hacia estadios de multicriminalidad.
Además, los comunicados no llegaron solos, sino acompañados de manifestaciones extremas de terrorismo, irracionalidad, paranoia, asesinatos, irrespeto a la dignidad humana y desprecio por la vida. Corrobora lo anterior, el reciente asesinato a sangre fría de miembros de la Fuerza Pública en cautiverio por más de una década. Las víctimas fueron ejecutadas con tiros de gracia y en completo estado de indefensión. ¡Qué valentía! ¡Qué osadía! ¡Qué coraje! ¡Así no es, señores de las Farc!
¿Qué nos resta frente a este panorama? Respaldo a los familiares de los secuestrados, repudio general del pueblo colombiano y la comunidad internacional a este delito de lesa humanidad, captura y castigo para los responsables, mucha solidaridad con el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas en su loable empeño de derrotar a los violentos.
Al colectivo de Colombianos y colombianas por la paz (CCP) , no ser idiotas útiles en la coyuntura actual. Creemos que el Gobierno Nacional debe mantener las premisas inalterables para aceptar un potencial diálogo de paz con las Farc.
La retórica masacre versus voluntad de paz ya está muy manida. Si en verdad quieren hacer gestos de paz, que las Farc comiencen por entregar a quienes ejecutaron a los cautivos. En verdad, es inaceptable que se pretenda camuflar este horrendo crimen como un hecho de guerra o como resultado de una degradación del conflicto. No puede haber transferencia de responsabilidades por este vil asesinato.
PAUSA UNO : Paz en la tumba de nuestros héroes, dignos representantes de familias humildes y honradas.
Su ejemplo y sacrificio supremo alienta el amor y compromiso por una Colombia libre, grande, justa y soberana.
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