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16 de septiembre de 2013
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Muy hábil el presidente Juan Manuel Santos para comprar tiempo en la pelea con Nicaragua como resultado del fallo de La Haya. Muy hábil.

Con sus palabras Santos envió un mensaje duro, que cohesionó hasta a la oposición, sin generar un enfrentamiento directo e inmediato con el vecino país o la región.

Ahora bien, una lectura detenida de sus palabras demuestra que el Presidente no dijo que no vamos a aplicar el fallo de La Haya, sino que no vamos a hacerlo por ahora.

Una diferencia grande.

El gobierno estableció que la decisión es inaplicable mientras no se celebre un tratado que defienda los derechos nacionales, como dice la Constitución, con lo cual puso a pender un fallo internacional de un proceso nacional.

Basado en que la Carta Magna no deja cambiar los límites y fronteras nacionales sino por medio de tratados aprobados por el Congreso, el Presidente Santos pasó el balón al alegar una norma interna para incumplir una obligación externa.

No hay duda que para convertir el fallo de La Haya en norma interna, es decir, para aplicarlo, hay que hacer un tratado como dice la Constitución. Pero este es un tema de tiempo, no de la obligatoriedad de la decisión de la Corte.

En esa estrategia lo ideal sería negociar una salida conciliada con Nicaragua sobre este tema, pero de nuevo, hay poco que se pueda hacer para que, tarde o temprano, y seguramente más tarde que temprano, Colombia cumpla con lo establecido por el organismo internacional.

Sin embargo, desde el punto de vista político fue una jugada maestra. Pero no hay que mentirse desde lo jurídico. En el tema de las aguas que hoy son de Nicaragua, Colombia perdió y ese es un trago amargo que hay que tomarse.

Lo que está haciendo el gobierno con esta estrategia es comprando tiempo para endulzar la copa de ese trago, preparándose para tomárselo a pasitos, esperando a ver si se fermenta un poco más para no ser tan agrio para los colombianos, y rezando para no ser él, como Presidente, quien diga: salud.

Y eso lo demostraron las declaraciones de la canciller María Ángela Holguín al ratificar que Colombia no está desconociendo el fallo, ni desacatando a la Corte, sino haciendo cumplir una serie de requisitos locales.

En pocas palabras, como dijo Giovanni Boccaccio "haz lo que decimos y no hagas lo que hacemos". Por eso todos celebraron al oír lo que querían oír con el discurso de Santos.

Pero lo cierto es que el fallo no se aplica porque el país no está preparado ahora para hacerlo, pero no hay duda que se va a aplicar cuando lo esté. No se sabe cuando.

La estrategia será que pasen por lo menos unos seis años para que no le toque enfrentarlo a esta administración, ni siquiera en su segundo mandato.

De ahí la habilidad del mensaje del Presidente que, con su ambigüedad, unificó y cohesionó a toda la sociedad frente a este tema, haciéndole creer a la sociedad que no vamos a perder los 70.500 kilómetros de mar, pero la realidad es que esas aguas ya se encuentran perdidas. Lastimosamente es una cuestión de tiempo entregarlas.

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